
Hoy los viejos y queridos carritos tienen sus parientes lejanos, especialmente en Estados Unidos, que se producen se pintan, se llenan de accesorios y elementos decorativos-para marcar tendencia. Ofrecen comida sobre ruedas y al paso, en porciones prácticas y transportables. Poco a poco, y de la mano de las ferias gourmet, empiezan a ganar un espacio también en nuestro país.
Como los camiones de helados que veíamos en las películas, aparecen mágicamente a la hora de las comidas, con la misma experiencia, distinta edad. Son los food trucks. Y ya no se trata de chicos en busca de golosinas, sino que quienes hacen fila ordenadamente cada mediodía son mayormente oficinistas, personas que aprovechan al máximo su hora de almuerzo en busca de algo diferente.
Alimentos que los saquen de su rutina del día de trabajo (de lunes a viernes, más de tres sándwiches o ensaladas de paquete aburren) y satisfagan su apetito, pero también aporten una experiencia distinta. Y, como siempre que se trata de comida, cuando mucha gente se auto convoca y espera ante un mismo puesto gastronómico, entonces sin dudas es bueno. Además, es rico, accesible, saludable y rápido…Conclusión: ¡una buena combinación!
ESTACIONE AQUI. Los food trucks no son nuevos, sino que se reinventaron. Mantienen una movida que nació en Nueva York a principios del siglo XX con los carritos ambulantes que proveían de comida a los trabajadores y que aún hoy se mantienen, pero con una nueva infraestructura e imagen, más grande y elaborada. Comida al paso que resuelva el almuerzo sin grandes estamentos: nada de manteles ni cuchillos y una cuchara y/o tenedor como única ayuda. Los gustos evolucionan y ya no se trata ni de panchos ni de hamburguesas convencionales. Mucho menos, de comida chatarra y de dudosa calidad. ¿Qué se come? De todo y con un toque gourmet: tacos (con un twist), ramen japonés, empanadas, yogur helado… Hoy cada barrio neoyorquino (Little Italy, Chinatown) aporta su toque particular y étnico.
Americana, griega, india, belga, filipina, japonesa, hay opciones de comida para todos. Y hoy, los grandes chefs le levantaron el pulgar. El célebre cocinero español, José Andrés, abrió su Pepe Food Truck en Washington, Estados Unidos, especializado en queso manchego y jamón serrano; el rocker Marky Ramone sacó a la calle su Cruisin Kitchen, de albóndigas; y el capítulo dedicado a este tipo de comida-móvil es uno de los más esperados por los participantes del reality show Top Chef para medir fuerzas en ingenio y destreza (porque cocinar y armar un plato completo en muy pocos metros no es tarea sencilla).
Allí, idear un concepto (desde el menú al atractivo diseño del camión) es clave, ya que, a la hora de salir, comida y estética van de la mano y atraer a la gente en la calle es primordial. Otra de las características de estos sitios gourmet justamente es la lealtad de sus clientes, algo que el fenómeno 2.0 potenció: se pueden ver reseñas online en sitios como Yelp, tentadoras fotos posteadas en Instagram o Foodspotting y también existen Apps específicas para ubicar los “restaurantes ambulantes” que se suman a Twitter o Foursquare, por donde avisan en qué lugar estacionan cada día. Y si hace un par de años el sueño de muchos restaurants era tener un lugar ‘real’, con ladrillos, hoy muchos mutaron a la idea de su food truck propio’, más accesibles y sin ataduras. Una tendencia que tuvo eco mundial, y que hizo que los camiones tomarán la calle en esquinas, terrenos baldíos, parques o debajo de autopistas.
El fenómeno se replicó en la Costa Oeste estadounidense (sólo San Francisco tiene más de 150 puestos y organiza grandes festivales), también en la meca culinaria, Chicago, en Miami, y se trasladó a Montreal, Canadá y a otros continentes, en ciudades como Londres, Tokio y Sydney.
PUNTO DE LARGADA. En tráilers, casas rodantes, camiones, carritos, lo cierto es que esta tendencia ya llegó a nuestro país. Los food trucks probaron armas en la última feria gastronómica Masticar, donde los móviles de Nómade (de Ernesto Lanusse, hijo de Dolli Irigoyen) y de Paraje Arévalo fueron suceso.” Me gusta decirle ‘camioncito’, ‘cocina móvil, por una cuestión de identidad local”, explica Matías Kyriazis, cocinero propietario de Paraje Arévalo y de Local, quien ya hace deleitar con sus platos en eventos privados y empresariales. Móvil (con su plateado) como menú se adaptan a la ocasión ofreciendo “desde choripán y bondiola a cosas dulces”. “Lo veo como una herramienta más, señala Kyriazis, miembro de la asociación GAJO, Gastronomía Argentina. Es una cocina con movilidad y la estética del carro invita a comer”.
Si bien Kyriazis prefiere el ámbito privado, no son pocos los que nacieron con la idea de ganar la calle. Emprendimientos como The Food Truck Company (que, desde 2011, llevan adelante cuatro veinteañeros: Azul Sielecki, Federico Homps, Marcos Ahuad y Federico Mana) tienen ganas de instaurar en el país lo que vieron en el exterior: “Todos tuvimos la oportunidad de viajar, de conocerlos, y teníamos la idea de ponerlos en marcha acá”, cuenta Mana. El concepto culinario estaba: un plan de comida casera (sándwiches, ensaladas, postres) que dejara de lado la chatarra.
Quedaba resolver la parte técnica y legal que, como sucede con casi todo lo nuevo, no fue fácil: “Empezamos a ver cómo reglamentar el carro, a averiguar la normativa. Vimos que no había opción, que en Buenos Aires los carritos que había eran los de la Costanera y que ya no teníamos cupo para sumarnos (al menos hasta dentro de unos años) por lo que, al no poder salir a la calle, la alternativa fue volcarnos hacia eventos privados”, explica. Un Personal Fest, eventos del TC 2000 y en Tigre sirvieron de testeo y “la reacción de la gente fue increíble”, relata entusiasmado Mana, miembro de The Food Truck Company.
Lo mismo pasó con Santiago Sabaté (25), Alejo Pérez Zarlenga (26) de Hollywood Dogs que en mayo estrenaron sus hot dogs americanos de carne vacuna y sus chilli dogs sobre ruedas. “Los dos vivimos en Estados Unidos y vivimos el inicio del auge allí. Lugar donde desembarcó, la idea pegó: Asia, Europa… ¡hay un food truck crepería a metro de la Torre Eiffel que es un clásico! Ya los vimos en Santiago de Chile y en Asunción del Paraguay, sólo faltamos nosotros”. Alejo explica que puertas adentro todo funciona a electricidad. “Al principio, pensamos en importar el carro, pero fue imposible.
Tuvimos la suerte de contactar a alguien que se dedicaba a carrocerías para camiones y así que lo armamos de cero. Hoy ya vamos por el tercero”, detalla. Hace cinco meses los Hollywood Dogs convocaron a sus colegas y así se creó la primera Asociación Argentina de Food Trucks.”
Hasta ahí todos empujamos cada uno por su lado para lanzar esto y circular por la vía pública, pero es mejor hacerlo juntos. Tenemos estilos diferentes, pagamos los impuestos y queremos ver la posibilidad de dar una experiencia de calidad. Celebrar al aire libre y recuperar el espíritu del espacio público. Un ideal sería una plaza con cinco o seis food trucks y después del hit que fue Masticar, ya comenzamos a charlar con el Gobierno de la Ciudad”.
En los Estados Unidos la regularización está en marcha. En San Francisco, funcionan con permisos desde 2011 y, como en otras ciudades, desde entonces lidian una batalla silenciosa con los restaurantes convencionales. Hoy estos competidores sobre ruedas no pueden estacionarse a menos de 20 metros de sus puertas, pero sí tienen permitido quedarse en el lugar tres días por semana con la opción de tener además otro espacio asignado en la ciudad. Por su propuesta gourmet diferencial y saludable, van ganando terreno y también fueron aceptados en campus de universidades y de hospitales, tienen permitido instalarse a 150 metros de colegios y desmintieron los prejuicios de la “comida al paso” identificada con la idea de “comida chatarra”. No son pocos los que comienzan a ver que hay mercado para todos. “Cada vez hay más ferias y más opciones gastronómicas (como los restaurantes a puertas cerradas), cosas que dan sustento a mucha gente y eso está bueno. Un día vas a un restaurante, otro día irás al otro -señala Kyriazis-.
Está bueno que la comida callejera esté buena. Los food trucks bien podrían ir en espacios públicos donde haya reglamentación y propuestas. Serían espacios que ayudarían a fomentar la identidad gastronómica y algo que nos haría crecer a todos”.
