VERDE, PROSCRITOS, HADAS E IRLANDESES

El verde es, por supuesto, el color de la hierba, los árboles y todos los cultivos, del campo y no de la ciudad. Una luz roja hace que nos paremos y nos avisa de un peligro, o, en ciertas áreas urbanas, de un tipo de práctica sexual peligrosa. El verde nos lanza a la libertad de la jungla y del bosque. Lo llevan, más característicamente, el proscrito Robín Hood (originariamente, según algunos estudiosos, Robín Wood) y su banda. Al ser el color de la vegetación, el verde tiene antiguas y fuertes con-notaciones con la fertilidad y el crecimiento. Es el color que tradicionalmente se asocia con la magia y lo sobrenatural. Las hadas de Gran Bretaña suelen vestir de verde y a veces tienen los ojos verdes, el pelo verde y hasta la piel verde, como el Hombre Verde del folclore y el Caballero Verde de la leyenda medieval, que pueden derivar de dioses naturales paganos. Vestir de verde a menudo implica una conexión con los poderes de la naturaleza o con la fuerza vital. En la obra de Virginia Woolf Al faro, la señora Ramsey, a la que se presenta como una especie de diosa secular de la naturaleza, lleva un chal verde con el que cubre el cráneo de jabalí que en el libro simboliza la muerte. Durante la época de auge de la magia y de la libertad, el verde fue casi tan popular como el azul entre los radicales; las verdes olivas (que mezclaba el verde con un marrón terroso «natural). signos que los contradigan, se pueden tomar como sugerencia de amor Pos naturales, las fuentes de energía alternativas, la acción ecológica y el excursionismo. La otra asociación importante del verde para los anglosajones es con el origen o la nacionalidad hibernesa, a menudo con simpatías republicanas o antibritánicas. Hubo un tiempo en que exhibir en Irlanda siquiera un trozo de tela verde era un acto político grave, incluso fatídico, pues las autoridades estaban, como dice la vieja canción, «colgando a hombres y mujeres por vestir de verde». Hoy perduran algunas de estas asociaciones. En Irlanda del Norte, la preferencia por el verde de los partidarios de la independencia se puede notar en la televisión. Al sur de la frontera, también la compra y la exhibición de corbatas, bufandas y jersey de color verde vivo -y de trajes de un tweed sutilmente verdoso-es en cierto sentido una afirmación política, que no pierde su fuerza cuando el hombre o la mujer irlandeses viajan o viven en el extranjero. Para las personas de ascendencia irlandesa, más que de nacionalidad irlandesa, el uso del verde es menos serio; sin embargo, es costumbre suya vestirse con alguna prenda verde el día de San Patricio. Como son muy pocas las personas que compran ropa que sólo se pueda usar una vez al año, cualquiera que posea un vestido, una camisa o un jersey de un color verde particularmente vivo es muy probable que tenga nombre irlandés o algún antepasado irlandés.
GRIS, MODESTIA Y MISTERIO
El gris, que no es ni negro ni blanco, sino una combinación de estos dos contrarios, es un color ambiguo e indefinido. Sugiere niebla, bruma, humo y crepúsculo, condiciones que desdibujan las formas y los colores. Una indumentaria completamente gris puede ser indicio de que quien lo lleva es un individuo discreto y retraído, alguien que prefiere pasar inadvertido o alguien que, lo quiera se confunde con el paisaje, como ocurre con Lily Briscoe, en la obra de Virginia Woolf Al faro (To the Lighthouse), cuando una muchacha más vital y bonita entra en la habitación. «Se desvaneció…》, cuenta el narrador, «se volvió más discreta que nunca con su vestidito completamente gris» La ropa gris también sugiere que quien la lleva es una persona misteriosa, ambigua, enigmática. Tras morir la señora Ramsey, Lily Briscoe, tratando de recordarla, ve su imagen en gris, como fantasmal y silenciosa. Esto es acertado, pues los fantasmas, cuando no aparecen con sábanas o mortajas, a menudo llevan una versión completamente gris de sus ropas anteriores (Esta moda de la ropa sobrenatural puede que le deba algo al hecho de que, durante muchos años las fotografías, por medio de las cuales solemos ver a los muertos, se imprimían en blanco y negro, o bien, más a menudo, en tonos de gris.) Entre los vivos, esto depende en gran medida del tono de gris que se use. Un gris muy claro sugiere que la inocencia del usuario está impregnada de conocimiento del mundo, posiblemente de tristeza o pesar. En Middlemarch, de George Eliot, cuando Dorothea visita Roma durante su luna de miel, su creciente desilusión con su marido, así como su inocencia y su virtud esenciales, se expresan de esta forma. Cuando Will Ladislaw se la encuentra en el Vaticano la describe de la siguiente forma: vestida con los ropajes grises de los cuáqueros, su larga capa, abrochada al cuello, iba echada hacia atrás desde los brazos, y una preciosa mano sin guantes servía de almohada a la mejilla, desplazando un poco hacia atrás la blanca toca de castor que le enmarcaba la cara en una especie de aureola. De gris y blanco, con una aureola blanca, Dorothea es como una vestiría de monja. En la Inglaterra victoriana, el gris y el blanco eran tanto pérdida como castidad.
