El arduo tiempo del tallado lo ayuda a descubrir y trasladar sus ideas a la piedra.

Ahora, granito y más granito, pero también mármoles. en la obra de este escultor autodidacta que se formó visualmente haciendo fotografía y que también realizó piezas en maderas duras. Larreta que en 1990 inauguró los jardines de la que fuera la casa de su abuelo, el Museo Larreta explora los conceptos de espacio y tiempo, realizando monumentales esculturas de hasta 23 mil kilos tanto como piezas que puede mover con la mano. En su vigorosa escultura abstracta existen también huellas de algunas formas de la naturaleza, talladas directamente sobre las piedras que se transforman a medida que Larreta las corta y esculpe. Le gusta la aventura y acepta el riesgo de equivocarse mientras convierte sus deseos y conceptos en tangibles imágenes. No todo es acción en su taller de La Boca: el escultor se hace un tiempo para el silencio de la escritura y para el sonido de la música, que ejecuta en un piano.

Madera y más madera en la faceta de escultor del artista que también pinta y hace collage.

A primera vista, todo el trabajo de Mariano Cornejo (Salta,1962) aparece conectado de una u otra manera con lo telúrico. Con la naturaleza: pero en realidad es una invitación a ver más allá de lo evidente. El artista sostiene que su obra nace de “la arqueología de la naturaleza, de la arqueología de lo divino”. Corneje siempre ha dicho que su trabajo “es un tren que tiene cien vagones y mucha gente se queda viendo uno sólo. Una obra es una puerta: el que se anima a entrar, entra”. Una antigua casa de la calle Paraná alberga su taller, refugio y dominio de sus ficciones. Rastros de algunas de sus sucesivas series en las distintas habitaciones, con maderas, talladas o encontradas, clavos, arandelas, alambres, y más en trabajos en el espacio o en papel. Allí están las tempranas abstracciones de las maderas trabajadas con clavos, algunos de los “bichos”(animales de madera policromada), esculturas muebles en madera, grandes papeles con superficies de rica textura algunos antiguos juguetes que realizara para sus hijos. En su última muestra de “muebles y papeles” en la galería Palatina. Cornejo desarrolló un texto profundizando en la idea del árbol como anclaje, pero también como plataforma para mirar y sentir hacia delante. Para él, las raíces que no se ven son tan importantes como las ramas del árbol que buscan el cielo. Estas ideas no son nuevas y se ajustan bien a la totalidad de su obra que, precisamente, aborda estas cuestiones.

Con el arte como desafío, la artista construye sorprendentes geometrías de delicada pureza.

La multipremiada escultora María Juana Heras Velasco arma combinaciones que crean nuevos e inesperados espacios. Dueña de una extensa trayectoria, dedica años a la docencia y se interesa sobre todo por “las formas que dan los vacíos”. A partir de la década del sesenta, trabaja con sorprendentes geometrías que parecen reflejar firmeza y una delicada pureza. Es discípula de Emilio Pettoruti y de Lucio Fontana; de ellos aprende a respetar el oficio y a asumir riesgos en su trabajo. “El arte es desafío” le dice Fontana. El dictamen le queda grabado para siempre a la artista, a tal punto que abandona la figuración para sumergirse en líneas y planos paralelos, formas y colores. Nacida en Santa Fe, suele encarar su trabajo con gran humor. “Yo hago chapa y pintura”, dice. Es que el proceso con el que protege las planchas, barras de construcción y varillas de hierro el principal material con el que trabaja, además de aluminio y acero tiene por lo menos diez pasos, entre las aplicaciones de distintos líquidos y lijaduras, incluidas las manos de pinturas. Una de sus series emblemáticas es “Transposeñas” o “Transposiciones de señales” (Museo Nacional de Bellas Artes, Museo Sívori). piezas que juegan y desarticulan los signos viales y que desde los años setenta contribuyen a la renovación de la escultura en la Argentina. 

Muchachas inquietantes en una galería de personajes que celebran el erotismo femenino.

Antes de dedicarse a la escultura, Martín Di Girolamo (Buenos Aires, 1965) ya había dirigido su mirada hacia las mujeres, dibujándolas y pintándolas desnudas, estereotipadas, con la estética de afiches vulgares y siempre atractivos. Fascinado con esas visiones, luego dirige sus esfuerzos a la escultura y trabaja con distintas técnicas y materiales hasta lograr deslumbrar con su destreza. Al principio. el conjunto de personajes femeninos de este artista de Ruth Benzacar, formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, conforma una galería paradigmática de un tiempo sin héroes. Las representaciones refieren a chicas de tapa y estrellas del cine porno que se encuentran por Internet. Más adelante también incluye a reconocidas modelos locales (Dolores y Nicole). Ahora como en la muestra exhibida en Baro Cruz de San Pablo trabaja con imágenes de mujeres que él conoce y que adoptan también otras poses y actitudes. Di Girolamo utiliza masilla epoxy y no ahorra detalles al des cubrir los rostros y los cuerpos con sus redondeces y cavida des pintadas hasta el último detalle. Desnudas o vestidas. Sugieren una provocativa atmósfera erótica que a algunos les resulta irresistible; a él en primer lugar. Antes que ironizar o explotar la agresiva y franca belleza contemporánea. Di Girolamo parece celebrarla.