Un instante, una foto

Lejos de los astronómicos montos logrados por las fotografías de Edward Steichen o de Edward Curtis subastadas recientemente en los Estados Unidos, cada vez más la fotografía en la Argentina está siendo equiparada con otras expresiones artísticas, gracias a la excelencia tanto de los pioneros como de los fotógrafos contemporáneos. Era hora porque, desde su nacimiento hace más de 150 años, este arte maravilla con su capacidad de inmortalizar rostros y paisajes, emociones y momentos tanto públicos como privados. Además, a partir de los años setenta, el popular. accesible y democrático lenguaje fotográfico se convirtió en “el sistema circulatorio de las ideas en el arte”. Inicialmente la fotografía fue utilizada sólo como documento y testimonio, como puede verificarse en las imágenes de principios de siglo XX del Estudio Witcomb exhibidas ahora en el Museo Nacional de Bellas Artes cuya colección impulsa y dirige Sara Facio. Artista por derecho propio, la fotógrafa es autora de sutiles y recordados retratos. Algunos artistas manipulan la imagen digitalmente como RES. Flavia Da Rin o Marcos López, que sobresale por la exageración y la ironía que destilan sus magníficas fotos pobladas de una galería de estereotipos. Desde el grabado. notables artistas deslizaron naturalmente su obra hacia la fotografía, como Liliana Porter. Graciela Sacco o Matilde Marín con su espléndida serie “de las manos”. Con distintos abordajes técnicos y discursos teóricos otros fabrican existencias. Dino Bruzzone parte de maque tas de construcciones y objetos de rara perfección y compone escenas posibles, que fotografía y presenta al espectador como reales, mientras que Augusto Zancla engaña al ojo y desafía la percepción interviniendo primero el espacio donde toma las fotos, armando geometrías. Las historias que cuentan los artistas que trabajan actualmente con la fotografía a menudo se vinculan con lo biográfico y lo cotidiano. Directas, pero no objetivas las fotos de Alejandro Kuropatwa exhiben una inusual profundidad narrativa.

ALGUNOS ARTISTAS MANIPULAN LA IMAGEN DIGITALMENTE.CON DISTINTOS ABORDAJES TÉCNICOS Y DISCURSOS TEÓRICOS, OTROS FABRICAN EXISTENCIAS.

Guillermo Ueno estudian muy bien la luz y parecen ocuparse de lo pequeño y lo corriente. El potente paisaje, la maravillosa naturaleza del país.es objeto de múltiples miradas. Algunas fotografías tienen la capacidad de extraer plenamente su objetiva belleza como la reflejada en las imágenes de Aldo Sessa. Lucio Boschi, Marcos Zimmermann -confirmada en los amorosos detalles de plantas en su flamante libro investigación. Por su parte, las vistas de Ignacio Ias parra, Laura Glusman, Esteban Pastorino, entre decenas más, estiran los límites de lo verosímil. En cuanto al paisaje urbano las perspectivas son igualmente variadas, comenzando con las del maestro Horacio Coppola, cuyos perfiles de Buenos Aires muestran la capital de un país que se soñó grande. Transgresora o melodramática, sincera o tramposa, la fotografía es parte imprescindible del mundo actual. Esta arbitraria selección representa apenas una fracción de las obras de los incontables artistas que desbordan, circulan y hacer crecer las imágenes en la Argentina. AJill Mulleady (1980). las imágenes le vienen de los sueños. Así fue la primera vez que pintó un cuadro y así continúa siendo, ahora que la pintura es lo que hace de su vida. Porque no siempre fue así. Cuando terminó el colegio (que cursó en el Liceo Francés), estudió Diseño Industrial durante dos años, luego Cine casi otros dos, y Teatro. Las artes escénicas la envolvieron en sus redes, y la chica introvertida que siempre había sido terminó subida a las tablas, convencida de que sobre ellas encontraría su destino. Un día aceptó una oferta de trabajo como actriz solo que el puesto, quedaba en Estrasburgo. Nada es lejano cuando uno se sabe ciudadano del mundo y ella uruguaya de nacimiento, mitad suiza de origen argentino de crianza y europea de formación-así se sabía. Allí, a esa ciudad que destila mística desde el nombre y que queda en la frontera entre Alemania y Francia partió ella, con su pelo largo y casi negro, su figura etérea y su voz aniñada. Luego viró hacia París, donde continuó estudiando Teatro y trabajando como actriz durante un par de años más. Y fue cuando preparaba una obra de Shakespeare con una compañía de extranjeros, que tuvo el sueño que tuvo, y ahí estamos nuevamente en el principio del cuento. Jill sintió que debía pintar ese sueño, y ya nunca más dejó los pinceles. Lo que sí abandonó fue a Shakespeare, en pleno. Pero por una buena causa.

En Buenos Aires, el lugar que eligió para continuar al acecho de sus sueños, la esperaba una casa gloriosa en un típico edificio de San Telmo. Aunque tiene tres plantas y un sin fin de ambientes agradables, ella está replegada en el último piso, abierto a una terraza, a las cúpulas de la ciudad vieja y a toda la luz que alguien podría desear para trabajar. Y en realidad, lo que le gusta del barrio, es lo que fue. O mejor, lo que queda de lo que fue que es precisamente el tema de su obra. Bajo la forma de una ciudad como la de “Marienbad”, el cuadro que expuso en Galería Ruth Benzacar, de una escenografía dramática como las de “Tragedia en cinco actos” o de un paisaje de explícito onirismo pongamos por caso “Paraíso”, pero podría ser cualquiera de los lienzos presentados en “Doble Fantasía”, Jill se interesa por “la estela de lo que pasó: el halo. Y busca “poder denotar que en determinado lugar pasó algo grande, pero que ya fue”. Afirman las leyes de la Semiótica que los signos están en reemplazo de otra cosa, el objeto. Que la presencia del signo implica la ausencia del objeto.