EL CAMUFLAJE RURAL Y LA PASTORA SIN OVEJAS

El vestido rural británico también está basado en el principio de alpestre: marrones, castaños, azules y verdes, particularmente los temer tonos de lavanda y brezo, especialmente en las regiones donde esa a estar hecha con tejidos fuertes, como la piedra pulida y el asfalto de ilesos. El tweed, la lana y la tela tejida en casa reproducen la textura de la hierba, de la corteza y de las hojas, mientras que la pana, el tejido rural tradicional, imita no sólo el tacto del musgo sino el aspecto de un campo arado. Con estos tejidos se hacen prendas holgadas, arruga das y redondeadas que remedan las formas redondeadas e irregulares del paisaje: del arbusto, del árbol y de la colina. Durante siglos, éstas han sido las ropas que ha llevado el campesino, y a menudo la campesina. Existe también, sin embargo, lo que podríamos llamar ropa de campo «teatral»: prendas que pretenden sugerir asociaciones rurales pero que no son apropiadas para la vida rural. En este momento el ejemplo más llamativo es el traje de pastora inglesa, también conocido como el look «Laura Ashley». Este estilo imita no las ropas que lleva una auténtica pastora de una época o un lugar históricos reales, sino las que lleva Little BoPeep en los libros infantiles. Presenta algodones estampados en colores pastel y blanco, adornados con volantes, lazos y ribetes de encaje del tipo que haría imposible la labor en el campo; camisones victorianos blancos de algodón, chales de ganchillo y encaje, y zapatos planos de suela fina o ligeras sandalias que se destrozarían en cinco minutos en cualquier corral. 

Esta fragilidad no es, por supuesto, ningún error de diseño, sino parte esencial de la indumentaria de pastora con la que se pretende sugerir valores y placeres rurales sin ningún indicio del arduo trabajo rural, ciertamente para proclamar que quien la lleva tiene lo mismo de criadora de ovejas que María Antonieta de lechera. Ropas como éstas exigen continuos lavados y planchados, tanto si se tes que se pueden ver en Londres en un día de primavera lluvioso son En realidad, no valen más que para una vida ociosa en ciertas urbanizaciones de pulido césped. Además de pretender ser ropa de campo, estas vestimentas están asociadas con la inocencia, la juventud y la feminidad remilgada, e implican un interés por las tareas domésticas anticuadas y creativas: jardinería, tejido a mano, elaboración de mermeladas, costura y bordado. Cuando se llevan en la ciudad, el mensaje es «Éste no es mi sitio, detrás de esta mesa o en este piso; el lugar que me corresponde está en el jardín o en una casa de campo muy grande». 

Con los años la indumentaria de pastora ha ido adquiriendo gradualmente un significado más conservador; o quizá la historia la ha pasado por alto. Originariamente asociada con los partidos políticos y las escuelas progresistas de Hempstead, ahora sugiere una tendencia conservadora, o incluso tory, y lo que se llama «valores anticuados». Parece apelar al instinto conservador y protector de los varones. «Yo me pondría ese tipo de indumentaria”, dijo una secretaria de Londres que proclamaba que ni muerta se vestiría así, «si quisiera que algún hombre mayor de la oficina se fijara en mí, algún tipo que quiera una dulce mujercita. El traje típico genuino aún sobrevive aquí y allá en las islas británicas, aunque debido a los esfuerzos de los organismos encargados del fomento del turismo y los fabricantes de postales, en la actualidad tiene un aspecto bastante teatral. El sombrero negro con hebillas, el chal con mayor frecuencia en actores, bailarines folclóricos y camarería glesas, escocesas e irlandesas, que en mujeres galesas normales. En Escocia, aunque los trajes vellosos de tweed son la prenda masculina preferida, los auténticos escoceses a veces usan el kilt. No obstante, a menos que estén en las Fuerzas Armadas, estos hombres son casi siempre deportistas, intelectuales o miembros de la alta burguesía y la aristocracia. A los visitantes se les debería advertir que el uso del kilt (nunca de un kilt) por parte de los turistas se considera ridículo e incluso vergonzoso.