Desde hace más de tres cuartos de siglo es imposible hablar de elegancia sin citar a Chanel. Pureza de líneas, elección de los géneros y una extraordinaria simplicidad son lo que mejor se adapta para definir su estilo. La silueta de la mujer moderna nació 1914 y fue Coco Chanel quien más colaboró para crearla. Como a Poiret, a Chanel le molestaban los corsets, las ballenas y todos los artificios que quitaban movimiento y naturalidad al cuerpo femenino.

A partir de los años veinte entró en la leyenda y se convirtió para siempre en Mademoiselle, personaje a la vez secreto y espectacular. A los veintisiete, ya todos la llaman Coco. 

En Coco Chanel, todo siempre fue racional y adaptado a la nueva época que debían vivir las mujeres. En 1920 impuso el pelo corto y los pantalones, siguiendo el espíritu de las mujeres que participaban en la Guerra. En 1921 creó el perfume que más se vendería en el mundo.

En 1922 se atrevió a ponerse al sol, dando origen a la moda del bronceado. En 1924 lanzó el clásico vestido negro (la petite robe noire), simple y austero, perfecto para todo momento, sinónimo de elegancia suprema. Para liberar las manos, en 1930 lanzó la cartera en bandolera, simultáneamente con el twinset.

Su gusto por la perfección y el detalle justo la llevó a diseñar, al mismo tiempo, ropa y accesorios, fenómeno desconocido hasta entonces y que dio origen al “total look”, expresión creada por los norteamericanos de los años treinta para definir el universo Chanel.

Intelectuales, artistas (Jean Cocteau, Picasso, Dalí, Stravinsky, Serge Lifar…), políticos y aristócratas (los duques de Windsor, Churchill) y muchos más se reunían en su lujoso petit hotel del 31 de la rue Cambon, en París.

Esa sucesión de resonantes éxitos se interrumpió en 1945, con la Segunda Guerra Mundial. Hasta 1954, la Maison Chanel mantuvo sus puertas cerradas. Cuando reanudó su actividad, ella tenía setenta y un años. Pero durante ese largo eclipse, su sensibilidad, buen gusto y espíritu de vanguardia habían permanecido intactos.

En 1956 presentó su famoso tailleur, sin solapas, en tweed ribeteado, forrado de seda. Con cadena dorada cosida en la base de la chaqueta, se convirtió para siempre en un clásico indiscutido de la moda femenina de ese siglo. Un año después, en 1957, lanzó una nueva versión de su clásica cartera en bandolera, y su célebre sandalia beige con puntera negra trabajando el cuero matelassé. 

Murió el 10 de enero de 1971, en su suite del hotel Ritz. Su última colección, presentada pocos días después, fue calificada como una de las más deslumbrantes de la moda contemporánea.

En 1983, Karl Lagerfeld se hizo cargo de la alta costura de Casa Chanel. Nacido en 1938, culto, mundano y trabajador infatigable, Lagerfeld es hoy tan conocido por su pelo atado en coleta, como por su colección de abanicos o sus suntuosos castillos. Pero más por su talento mundialmente reconocido como modisto, y últimamente también por sus fotografías. Está probada su capacidad para anticiparse a la evolución del gusto y las preferencias de las mujeres en la moda. Su amor por el refinamiento y el lujo lo consagró como el perfecto sucesor de Mademoiselle.

No obstante, para Lagerfeld, el respeto por la tradición no significó fe ciega ni dirigida. Por el contrario, en los últimos años es innegable su toque personal en el estilo Chanel. A veces demasiado exagerado y distante de la famosa discreción pregonada por ella.

Sin embargo, Lagerfeld sigue acaparando una clientela de famosos y exigentes, entre los cuales se encuentran las mujeres más poderosas y notables de este siglo.

Hoy, la casa Chanel se ha convertido en un poderoso grupo industrial cuyas actividades comprenden prêt-à-porter, perfumes, cosméticos, bijouterie, marroquinería, relojes…