Paradójica y exuberante, la cultura de los argentinos se construye a partir de la coexistencia de una abrumadora cotidianeidad y de inamovibles mitos, en una dialéctica que asocia la figura de Eva Perón con la popularidad mundial del tango, la leyenda de Diego Maradona en el fútbol con la literatura de Borges. En medio de estos extremos, en el campo de las artes visuales, los artistas pacientemente edifican una poética nacional, abordada desde situaciones y preocupaciones estéticas de una fecunda diversidad. Con sus altos y bajos, la producción artística local tiene artistas de excelencia y de extremada creatividad.

Sin embargo, los artistas argentinos se encuentran escasamente reseñados en las publicaciones internacionales de arte. Pero esta no es enteramente una falla local; se relaciona con un juego de fuerzas aplicable a otras esferas de la cultura, la política, la economía. A nivel del mercado internacional, la inserción argentina también es modesta. Los precios de los argentinos, Pettoruti, Berni, Xul Solar, están muy por debajo de los mexicanos Rivera, Kahlo, Tamayo; del cubano Wifredo Lam; del chileno Matta; del colombiano Botero; del uruguayo Torres García. Sin ir tan atrás, en general tampoco los artistas argentinos actuales tienen los precios de, por ejemplo, sus colegas brasileños. Es que las presencias y los precios se construyen con apoyo político y económico. Los sostenes suelen empezar por casa.

¿Quién, si no un argentino, para darle el empuje inicial a un artista de igual nacionalidad?

El arte está entrando en un período de globalización sin igual y, en muchos puntos del mundo, el arte está de moda. Tanto los intelectuales como los aficionados, las celebridades y personalidades de la televisión, actrices, cantantes, directores de cine, cantantes de ópera, diseñadores y los exitosos dirigentes de empresas se vuelcan a los museos, ferias de arte, galerías y talleres de artistas, a la búsqueda de apreciar obras que los conmueven.

Pero la oportunidad para la difusión y comprensión del arte local, y no únicamente desde el punto de vista del mercado, no es posible si los propios no conocen y acompañan —concurriendo a exposiciones en los museos, en las galerías comerciales— el desarrollo artístico en la Argentina. Por supuesto, también se trata de hacerlo circular. Así como la cantante Madonna subió con sus adquisiciones el precio de la de por sí cotizada artista mexicana Frida Kahlo, el empresario de la publicidad Charles Saatchi le otorgó visibilidad a toda una generación de artistas británicos que cultivan el arte conceptual. Nadie está pensando en un coleccionismo capaz de cambiar el curso del arte local (ahora Saatchi se ha volcado a coleccionar y a exhibir pintura-pintura). Pero aquí es posible constatar que el curioso contexto cultural argentino produce más artistas interesantes que espectadores y coleccionistas. Claro, siempre hay excepciones, y de las buenas. En la Argentina existen personas con espíritu refinado y coleccionistas exquisitos, pero no son suficientes.

Quizás, en el futuro cercano, un mayor número de personas se aproximen al espíritu de algunos jóvenes artistas poseedores de una gran independencia creativa, generada por la distancia geográfica y la marginación del circuito global. La frescura de los resultados artísticos debería tener como contrapartida a unos espectadores y coleccionistas también curiosos y desprejuiciados.

Un lugar en el mundo

Con la apertura de arteBA 2005 el próximo 20 de mayo en La Rural, la Feria de Arte Contemporáneo no sólo cumple su edición número 14 sino que se afianza en la dura arena de las ferias internacionales. El campo de este tipo de encuentros se halla superpoblado: las ferias brotan como hongos después de la lluvia y arteBA busca ser incluida en la agenda de los grandes jugadores y coleccionistas de arte del mundo. Pero, antes que nada, los integrantes de la Fundación arteBA buscan instalar este encuentro comercial, que tiene una fuerte connotación cultural, entre el público local. Por supuesto, aspiran al éxito comercial, pero también desean que los visitantes entren en contacto con el arte actual, que amplíen sus horizontes visuales y que la pasen bien.

La feria arteBA 2005, al igual que el año pasado, se despliega en los 10.000 metros cuadrados del Pabellón A (Azul) de La Rural. En su afán por afinar la puntería, los directivos de la Feria han trabajado con un comité de admisión para confirmar a las galerías presentes en esta ocasión. Es que esta es una feria de galerías que intenta subrayar la confianza entre el que vende y el que compra obras de arte para vivir, para lucir, para ser feliz. Son 56 galerías de arte contemporáneo: Ruth Benzacar, Palatina, Praxis, Rubbers, Del Infinito, Braga Menéndez, Torrejón y Dabahh, Arte x Arte, La Ruche Jorge Mara, Sylvia Vesco, Principium, Daniel Maman, Isabel Anchorena, Sur, Del Paseo, Thomas Cohn, Cecilia de Torres, Elsi del Río, Teresa Anchorena, Laura Haber, Sara García Uriburu, Vermeer, Van Riel, Niko Gulland, y seis artdealers (Debbie Frydman, Jacques Martínez, Luisa Ugarte, entre otros) que pertenecen a la Argentina, Brasil, Ecuador, España, Estados Unidos, México, Uruguay y Venezuela.

Entre las actividades especiales, arteBA presenta el “Barrio Joven”, un espacio de 400 m2 dedicado al arte emergente de Buenos Aires y las provincias; concursos de arte auspiciados por empresas líderes (Alto Paraná, Chandon, Petrobras); instituciones (Universidad del Salvador, Universidad Nacional de Misiones, Malba); muestras especiales con la participación de fundaciones y museos (Proa, Banco Provincia, Museo Castagnino de Rosario, Museo Caraffa de Córdoba).