
Algunas personas que llevan mucho tiempo viviendo en California y en las otras regiones de los Estados Unidos que tienen una idiosincrasia indumentaria definida se niegan a vestirse con los estilos característicos de esa área. En este caso el mensaje es claro: estas personas son desgraciadas en ese lugar y/o no quieren que nadie les atribuya los rasgos asociados con él. Estas personas, si están deprimidas, pueden adoptar una forma de vestir imprecisa y anónima; si están de buen humor puede que usen la indumentaria de alguna otra región para proclamar así su simpatía hacia ella. En términos lingüísticos, lo que tenemos entonces no es un acento regional, sino la adopción consciente de un dialecto por parte de un forastero.
En los centros urbanos del oeste y el Lejano Oeste los banqueros y los expertos financieros de ambos sexos a veces adoptan una forma de hablar más propia del este y un aspecto físico de Wall Street para dar la impresión de seriedad y tradición. Y actualmente hay profesores universitarios en California del Sur que hablan con acento bostoniano, se pasan la vida entre las estanterías de las bibliotecas, evitan la playa y se visten con ropas que no suscitarían ningún comentario en Harvard. Quienes llegan por primera vez a esta zona a veces toman a estos hombres y mujeres por profesores visitantes procedentes del este de los Estados Unidos, y se sorprenden al descubrir que llevan treinta o cuarenta años viviendo en California del Sur o que han nacido allí incluso. La popularidad de los diversos estilos regionales de la indumentaria estadounidense, como la de los diversos estilos nacionales, está relacionada también con factores económicos y políticos. Hace unos años las modas a menudo se originaban en el Lejano Oeste y la palabra «California» en una prenda se consideraba un atractivo. Hoy, cuando el poder y el crecimiento demográfico se están desplazando a los Estados productores de petróleo del suroeste, los estilos del Salvaje Oeste particularmente los de Texas-están en boga.
Esta moda, por supuesto, no es nueva. Durante muchos años hombres que nunca han estado más cerca de una vaca que en el steakbouse de su barrio se han puesto la indumentaria del oeste para significar que son independientes, duros y de confianza. En una historia de Flannery O’ Connor, por ejemplo, al siniestro viajante se lo describe vestido con «un rígido sombrero gris de ala ancha como los que usan los empresarios que quisieran parecer vaqueros» pero que, como se da a entender, rara vez lo consiguientico con el alejamiento de las modas extranjeras que ha acompañado al reciente giro a la derecha de la política estadounidense. En todos los países, las épocas de aislacionismo y de indiferencia y beligerancia hacia el resto del mundo se han reflejado normalmente en un rechazo de las modas internacionales en favor de los estilos nacionales, a menudo los del pasado. Hoy en día en los Estados Unidos está muy de moda el look de vaquero, y hasta en la ciudad de Nueva York las calles están llenas de diversos tipos del Salvaje Oeste. Unos se visten con ropas del oeste anticuadas y muy gastadas; otros con las prendas más nuevas, impecables y de colores más vivos de los rancheros modernos, mientras que unos pocos llevan trajes de Electric Cowboy y Electric Cowgirl de color neón y adornados con lentejuelas, como los que llevan casi siempre los músicos texanos de country-rock.
