
Cualquiera que se haya pasado últimamente por la sección de lencería de unos grandes almacenes sabe que cuando las mujeres compran lencería la mayoría la prefieren blanca. Si eligen otro color, a menudo es por razones prácticas: evitar la aparición de un sostén o una combinación fantasmales bajo una blusa o un vestido semitransparente. Les gustan los encajes y los volantes, pero en cantidades moderadas: lo que quieren en su vida privada es parecer inocentes, naturales y guapas. Algunas deportistas prefieren la ropa interior que es blanca pero lisa y ajustada, libre de todo adorno. La implicación erótica de tal ropa interior (no se puede llamar lencería) es que el sexo es un deporte de contacto corporal, una buena forma de entrenarse. Si su ropa interior deportiva es llamativamente funcional (por ejemplo, ponerse un sostén sport para acudir a una cita amorosa) puede que vean el acto amoroso como una especie de actividad competitiva, una competición en la que, como nos han advertido Kinsey y sus discípulos, el hombre puede llegar el segundo. Como la lencería blanca de encaje es fácil de conseguir y evita el problema de combinar los colores, muchas mujeres suelen llevarla, añadiendo un camisón negro o un sostén rojo, o una enagua floreada de vez en cuando, a menudo porque se la ha regalado algún hombre. Si el hombre no les gusta mucho, la llevan con menor frecuencia. Constes además de tributos sexuales: indirectas de que podrían ser más experimentales, más agresivas o más recatadas en la cama. como la oscura parezca sonrosada, y es por consiguiente favorecedora a cualquier edad que se siente demasiado vieja o demasiado experta para llevarla blanca, y demasiado «fina» para llevarla negra o de cualquier color definido. A menudo le gusta sentirse cosmopolita, posiblemente parisina, pues las mujeres francesas tienen fama de llevar lencería de encaje de color tostado o marrón.
El rosa, con una buena cantidad de encaje, es el color favorito de las mujeres que ven el amor como un romance continuo y que se ven a sí mismas como heroínas románticas. El camino hacia sus partes más íntimas pasa por su corazón, y el hombre que no toma este camino, incluso mucho antes de la noche de bodas, se arriesga a ser recibido con miradas de dolor y con suspiros medio contenidos, cuando no rechazado con dolores de cabeza y con lágrimas. Cuando la mujer que rara vez lleva un camisón de color rosa se pone uno, puede estar pidiendo calladamente, o invocando mágicamente, una experiencia sentimental. La lencería de tonos rosas no se debería confundir con la que se suele llamar «de color melocotón» o «color carne», aunque no se parezca a ninguna fruta conocida ni a la piel humana. La ropa interior de este color es una mala señal a menos que la lleve una mujer de piel oscura, pues hace que un cutis claro parezca amarillento, estropeado y sucio. La mujer que la lleva o es daltoniana o visualmente es insensible. Por supuesto esto no es una contraindicación para hacer el amor, pero tampoco es ninguna recomendación, y se debería tomar en serio si se está pensando en establecer una relación de convivencia, incluso en una relación no sexual. La ropa interior negra, en la imaginación popular, siempre es erótica. No obstante, cuando es de corte discreto, puede indicar también un carácter práctico, pues el negro siempre parece aseado y en él no se nota la suciedad fácilmente. Esta ropa interior negra y así de sencilla la llevan a menudo las mujeres reflexivas e intelectuales que se toman el sexo muy en serio. Por otra parte, la lencería negra transparente de encaje es sofisticada, atrevida y en ocasiones tiene implicaciones perversas. Las pocas mujeres que llevan habitualmente sostén, bragas y pantis de color rojo tampoco dirán esto, aunque pueden ser diferentes en otros sentidos. Este tipo de mujer a menudo será apasionada, pero puede también tener genio, y puede que disfrute con las escenas de celos, y que prefiera el sonido de los portazos y de los platos al romperse a la música de Mozart. Aunque el blanco, el color tostado, el rosa, el negro y el rojo (y el insufrible color carne) son los colores más comunes para la lencería, frecuentemente se pueden encontrar otros. Sin embargo, se suelen comprar o usar para expresar un estado de ánimo (azul receptivo, violeta soñador, amarillo alegre, naranja llamativo) más que para dar información erótica. También existe la ropa interior estampada, por lo general con motivos florales, que, como ocurre con la ropa exterior, representan una feminidad delicada o exuberante según el tamaño de las flores de los diseños preferimos es El selvatico, que imita la piel del leo neto anuncia que quien lo lleva es un animal carnívoro salvaje. Aun dares de nailon son menos peligrosos de lo que parecen, y tratados adecuadamente pueden resultar gatitos.
