Moda argentina y europea

 “Los argentinos siempre tuvieron puestos los ojos en Europa, lo que venía de allá era mejor… resultaba más fácil entonces copiar. “Los comisionistas, como la casa Nolin de géneros, o Giménez y Elvira de la calle Charcas, hacían las colecciones para las modistas; en el primer piso vendían los géneros y en el sótano estaban las grandes mesas de corte. Ellos tenían los modelos originales y los géneros, luego las modistas que querían copiar mandaban a las oficialas para que sacaran los moldes, ya que éstos no podían salir de la casa salvo que se pagara una suma sideral para comprarlos en exclusividad (para una sola clienta). A veces un molde se compraba entre dos casas de modas, siendo totalmente indistinto que se compraran también los géneros para confeccionarlos.

“En cambio en París se veían las colecciones que hacían para la modistería durante tres meses. Para acceder a ellas era necesario tener la carte d’acbeteur. Cuando yo fui con mamá en 1949, después de obtener nuestra carte d’acbeteur fuimos a Dior. Esta carta era gratuita y la pedíamos por tener una casa de modas en Buenos Aires. Pero al entrar en Dior había que depositar cien mil francos, que era el valor de un molde; lo podíamos comprar o no, pero el dinero no lo devolvían. El molde estaba hecho en liencillo con cuello picado, hombreras y un molde de papel que era perfecto, además lo entregaban con una hoja de papel que decía: el género es de tal casa, los botones de tal otra. Así se hacía en Fath y en Dior.

“Cuando se cortó la importación igualmente las casas de modas seguían trayendo los vestidos de Europa por contrabando. Sin embargo, las transformaciones económicas y sociales acabaron con esta época de esplendor de la alta costura; antes las mujeres competían con la ropa y las alhajas, ahora la competencia pasa por otros lados.” Otra de las casas importantes instaladas en la época fue la de Madame Laure, en Carlos Pellegrini 942, que tuvo su momento de mayor auge hacia fines de la década del 30. En 1943 las hermanas Raquel y Mercedes Pérez abrieron la casa de modas Mercedes Pérez en la calle Cerrito 1247. Esta casa, con su estilo especial, se convirtió en el lugar elegido por la clase alta argentina hasta 1970, año en que cerró junto con la mayoría de las casas de alta costura.

Hacia 1941 abrió su casa, primero en Florida y luego en Marcelo T. de Alvear 837, Fridl Loos, que viajaba especialmente todos los años a Austria y Alemania desde donde traía las ideas que luego recreaba y aplicaba en Buenos Aires. Famosa por ser vanguardista de la moda y después de marcar rumbos en la década del 60, cerró su casa, que se especializaba en ropa sport y trajes de noche, en 1973. Otra casa pionera de dueños austríacos fue Drecoll, en Florida al 900. Fue la primera casa en Buenos Aires que hizo ropa prêt-à-porter por talles (hasta el talle 46), dedicándose en especial a un sport arreglado. Su momento de mayor auge fue desde 1940 hasta 1960.

Sin olvidar a De Rohne, conocida casa de alta costura de la década del 40, recordamos a la tradicional sastrería femenina Herse, de la calle Florida 961, dirigida por Marta Fouquet. Durante sus primeros años se llamó Hermès, como la casa de París, pero luego, al convertirse la señora de Fouquet en delegada de Hermès de París, le cambian el nombre por Herse, que mantiene hasta la actualidad. Si bien hasta ese momento la mayoría de las casas de alta costura eran en general grandes copistas, podemos decir que desde la aparición de Paco Jaumandreu hay un antes y un después en la silueta de la mujer argentina. Él ayudó a delinear esta silueta, aunque su discutida personalidad le hiciera transitar por carriles diferentes a los de la mayoría de las casas de alta costura de las décadas del 40 y 50. Las clientas habituales de las grandes casas de modas no le respondían, considerando su estilo como “demasiado vedettesco.”

“Lo que yo hago dice Jaumandreu puede ser lindo o feo, no hablo de condiciones, hablo de creación. La moda que nació conmigo fue consecuencia de haberme educado desde los 7 a los 14 años alternando dos ambientes completamente dispares: seis meses al año en España junto a mi abuela paterna, que pertenecía a la aristocracia, y seis meses en la Argentina con la influencia de una abuela materna de la clase media de provincia. El cambio continuo de colegio, vestimenta y lenguaje me marginó y me hizo un solitario”. Paco Jaumandreu se acercó al mundo de la moda a través de sus dibujos de diseño de modas, dibujos que ya le habían valido un reto en primer grado cuando la maestra, después de pedir un dibujo libre y esperando encontrar un árbol o una casa con sol, se encontró con una mujer que vestía un espléndido cuello de piel. Tiempo más tarde dibuja imaginando diseños para sus ocho tías, adjudicándole a cada una la artista de cine de la época que más se le parecía: Joan Crawford, Rosalind Russell, Marlene Dietrich, Greta Garbo. Era natural, entonces, su triunfo fulminante a su llegada a Buenos Aires (fines del año 1943) pues toda comunicación con los proveedores habituales estaba cortada.