
Sacó un montón de camisas y empezó a tirarlas, una tras otra, delante de nosotros, camisas de hilo fino y de seda gruesa y fina franela, que dela en multicolor desaliño. Mientras nosotros las admirábamos, él trajo más y el suave y rico montón se elevó aún más: camisas a rayas y a cuadros, del color del coral y en verde manzana, color de lavanda y naranja pálido, con monogramas de azul indio. De repente, con un sonido forzado, Daisy amagó la cabeza sobre las camisas y comenzó a llorar agitadamente. El tipo concreto de Consumo Ostentoso que consiste en la multiplicación de prendas similares es mucho más común entre las mujeres. En los hombres es más raro, y suele ir asociado al dandismo o a la adquisición súbita de grandes riquezas, como en el caso del contrabandista de licores Gatsby. Un hombre que consigue un aumento de sueldo o que obtiene unas ganancias inesperadas suele comprar más calidad que cantidad, y no tiene necesidad de ponerse un traje diferente cada día. De hecho, si se lo viese variar su indumentaria con tanta frecuencia como lo hacen sus colegas femeninas se consideraría que es presumido y caprichoso, quizás hasta inestable. La monotonía en el vestir no pasa de ser una falta menor, aunque a un hombre que se pusiese clemente se lo consideraría un tipo insulso.
los hombres, que no saben de esto, se les perdonan estos comenta con casi noventa años, aún le gustaba ponerse un conjunto distinto que trabajan en una oficina, para las que el hecho de que una compañera llegue al trabajo el martes con el mismo conjunto que llevaba el lunes es prueba evidente de que la noche anterior la pasó inesperadamente en el piso de alguien. El uso constante de prendas de vestir nuevas y diferentes es más efectivo cuando aquellas personas a las que se desea impresionar te ven también constantemente, a ser posible todos los días. También es más efectivo si estas personas te son relativamente extrañas. Si vives y trabajas en una aldea solitaria en medio del campo, casi todas las personas que conozcas ya tendrán una idea bastante precisa de tu clase y tus ingresos y no les impresionará mucho que cambies continuamente de ropa. Sin embargo, si vives en una ciudad o cerca de ella y trabajas en una gran empresa, te verá muy a menudo la misma gente, pero la mayoría de ellos sabrán muy poco de ti. Tener un vocabulario indumentario amplio y actualizado pasa a ser en estos casos una cuestión de primera importancia, especialmente si todavía no te has establecido social o profesionalmente. Por esta razón, no es de extrañar que quienes mis activamente mantienen la industria de la moda sean ciudades como Londres y Nueva York. Sin embargo, lo sorprendente es hasta qué punto puede llegar estar la mayor parte de su sueldo en ropa. «Si una chica vive en casa con sus padres ése será su gasto principal. Si vive por su cuenta, aunque comparta un piso, es mucho más difícil. Siempre tengo deudas por la ropa; cuando quiero algo, voy y lo pago con la tarjeta de crédito. Pero, bueno, mira estas botas. Me costaron ochenta y nueve libras, pero eran tan preciosas que tenían que ser mías, y hacen que me sienta fenomenal, como una adolescente o una estrella de cine. A todas mis amigas les pasa igual. 》
MATERIALES OSTENTOSOS: PIEL Y CUERO
A lo largo de los siglos, la forma más popular de Consumo Ostentoso ha sido el uso de tejidos caros. Durante mucho tiempo esto significó pesados satenes adamascados, brocados estampados y terciopelos que se tejían a mano con un tremendo coste de tiempo y mano de obra. Hoy, cuando el tejido a máquina de este tipo de telas es relativamente abaratando en producción; hoy en día poliéster es una palabra maldita crisis cirio actual de la naturaleza, sino porque cuestan más que los pide alternativos fabricados por el hombre. El uso de pieles y pellejos de animales para indicar riqueza tiene unos animales menos comunes conferían prestigio. Quienes se habían enriquecido por su rapacidad en la guerra o en el comercio podían cubrir sus suelos o sus camas con alfombras y mantas hechas con las pieles de los animales más grandes y más peligrosos, como el tigre y el oso, o podían llevar en las ocasiones formales vestimentas adornadas o forradas con las pieles de animales exóticos. Los mercaderes llevaban túnicas adornadas con piel de castor, los nobles preferían la marta cibelina; los reyes (como todavía hacen en los actos ceremoniales) se engalanaban con armiño. Pero las pieles y los cueros comunes eran el vestido de la gente común. Un jubón de piel identificaba a un campesino, una chaqueta de badana a un pastor; las pieles de los animales salvajes más comunes como el zorro y el conejo estaban asociadas con los cazadores y los proscritos.
Sin embargo, en el siglo XIX, a medida que la vida salvaje se iba haciendo más rara, empezaron a aparecer los cuellos y los puños de piel en la indumentaria de calle, y se popularizaron los manguitos y las esclavinas de este mismo material. En la década de 1880 de pronto se puso de moda adornar los vestidos y complementos de mujer con animales, aves e insectos auténticos o de imitación, y se usaban pequeñas esclavinas de zarigüeya, mapache y marta. Hacia la década de 1890 los abrigos hechos enteros de piel o forrados con ella habían comenzado a sugerir una gran cuenta bancaria más que una gran familiaridad con la vida en las selvas profundas. Los primeros abrigos de piel los llevaron normalmente los hombres, y no fue hasta finales de siglo cuando se empezaron a ver de forma generalizada en mujeres. Durante un tiempo la moda fue unisex; una pareja que vistiese a la moda, por ejemplo, podía aparecer en público idénticos. En los años sesenta y setenta, cuando se vio que muchas especies popularidad. Muchas mujeres se negaron a comprarlos y escondieron buen vendiendo abrigos hechos con pieles de bestias salvajes exóticas, disposición ligeramente asesina. Por otra parte, llevar lanas de oveja o pieles de ganado se considera coherente con las actitudes humanitarias y aún es aceptable, excepto para los vegetarianos.
