Mundialización de tendencias

Paris, Milán, Nueva York y Londres siguen siendo las capitales mundiales de la moda, al promediar el fin de siglo, si bien la industria francesa no es la más dominante, al menos en cuanto a recursos humanos se refiere. Las grandes casas de costura incorporaron estilistas y diseñadores de todos los rincones del mundo, aun de los más insospechados. Aunque la alta costura es, como en el siglo XIX, un referente cultural inmediato, las reglas del juego a la que está sometida reflejan vaivenes socioeconómicos y avances tecnológicos que nunca hubieran soñado Poiret, Fortuny o Vionnet, en los umbrales del siglo XX. De ninguna manera conocieron el vértigo y la velocidad que imponen la televisión e Internet, en lo que respecta a la transmisión de tendencias y cambios, otros progresos revolucionarios en el campo de los textiles han condicionado el cambio constante de colores, texturas y formas, que enriquecieron las posibilidades de hacer moda. Por ejemplo, las materias híbridas livianas, combinadas con fibras naturales, o con vidrio, metal y dióxido de carbono. Hoy en día, las terminaciones de la ropa se hacen con laser, y los detalles de revestimiento, con estratificados holográficos. Asimismo, se utilizan fibras cerámicas que recogen la energía solar, pero también microfibras con cualidades antibacterianas que se auto limpian o emiten perfumes.

La moda pasó de moda?

Para casi todas las marcas de creation y los creadores que aparecieron a fines de siglo XX y comienzos del XXI, los factores financieros y de marketing aparecen como los más importantes, al contrario de los años setenta, cuando la creation era primordial y no interesaba cómo se mostraba sino lo que se mostraba. Desde que lo económico prima sobre el talento, muchos jóvenes diseñadores han visto restringidas sus posibilidades, y muchos, también, han desaparecido perdiendo hasta su nombre marca. El negocio no sólo absorbió el campo expresivo de la moda, sino también licuó su estatus de arte donde lo habían ubicado diseñadores como Schiaparelli, Balenciaga, Alexander Mc Queen, Vivian Westwood. Hay, sin embargo, una esperanza: que, entre los vaivenes de las nuevas guerras, las luchas sociales, los problemas ecológicos, aparezca una nueva camada de creadores, salidos del arte, del diseño industrial, de las escuelas de moda. Acaso hijos de Margiela, Kawakubo, Victor and Rolf, encuentren una grieta para enfrentar la tiranía de los inversionistas.

Vanguardias Fin de siglo

La recesión mundial de comienzos de los noventa borró la ostentación y redujo el consumo de la década precedente. Como en los años sesenta, la ropa comenzó a reflejar un costado ecologista y espiritual. Muchos diseñadores enfocaron sus colecciones hacia culturas y subculturas, a través de toques étnicos ajenos a la usanza occidental. La consigna fue buscar la autenticidad y nuevas formas de consumo. Los noventa tomaron referencias eclécticas, y la vanguardia nació en los laboratorios de estilo, la moda experimental, o directamente en el vestir espontáneo de las tribus urbanas.

Pluralismo y nostalgia 

La moda del fin del siglo XX se caracterizó por el pluralismo y la nostalgia. A comienzos de los noventa, la ropa se inspiró en los sesenta y algo de los setenta. Pero hacia la mitad de la década muchos diseñadores retomaron algunos toques de la moda de los ochenta, notoriamente en hombros más anchos. Aun cuando la moda fuese pluralista, el corte, los colores y la ornamentación, sin olvidar las texturas en constante búsqueda tecnológica, fueron transmitidos por la prensa como un manual de tendencia predominantes. En los años 1998-1999, tres eran las claves: cortes precisos y minimalistas; modernistas y esculturales, realizados en tonos neutros; y para desobedecer esta tendencia, estilos muy libres y coloridos, en materias fluidas y transparentes. Esas tres tendencias tuvieron en común el uso de texturas naturales, muy costosas y refinadas. El cuero y la gamuza de primera calidad souple y fina, la cachemira, las pieles verdaderas o falsas, la lana con procesos artesanales terminados a mano (lana hervida o cepillada), por ejemplo. La cachemira, por su parte, fue la elegida tanto para ropa interior de lujo, hecha por Donna Karan en los Estados Unidos, como para los largos abrigos de Michael Kors, hasta un mínimo string, alarde de desnudez, firmado por Ralph Lauren.