La moda victoriana para el luto puso de negro a muchos británicos y estadounidenses durante años, y ayudó a hacer de éste el color más respetable para la ropa de mujer entre las personas de más de sesenta años. En los Estados Unidos se esperaba que la gente vistiese de luto durante un año tras la muerte de los padres o los hijos, y seis meses en el caso de abuelos o hermanos; hasta a los niños más pequeños se les ponían trajes negros. Se suponía que una viuda o un viudo tenía que llorar visiblemente la muerte de sus cónyuges durante dos años, y podía optar por hacerlo permanentemente, como la reina Victoria. Para los hombres, cuya ropa de diario era de colores oscuros, la indumentaria de luto no exigía una gran alteración del guardarropa, pero para las mujeres suponía un ajuste complejo y caro. Como las familias victorianas eran grandes y la tasa de mortalidad alta, a veces se debió de considerar que no merecía la pena tomarse la molestia de encargar o hacerse ropa de color, especialmente dado que había muchos estilos y grados de luto posibles: podía ser monótono y melancólico, elegante y dramático, o incluso sexualmente excitante. Hoy en día el luto formal sólo se observa en los jefes de Estado, y muy pocos hombres visten de blanco y negro, excepto en las bodas y en los bailes de sociedad. El traje de etiqueta masculino se ha convertido en gran medida en la indumentaria de oficiales y funcionarios.

NEGRO DE NEGOCIOS, BOHEMIO Y NEGRO MARLON BRANDO

Para hombres, el equivalente contemporáneo del blanco y negro del siglo XIX es el traje gris muy oscuro, la camisa blanca lisa y la corbata negra estrecha, una indumentaria que, como su predecesora, puede ser monótona o elegante, pero que hoy en día raramente es «dramáticas. Sugiere por el contrario seriedad, equilibrio, formalidad y dominio de sí mismo. Las empresarias o profesionales también llevan a veces un traje negro y una blusa blanca. Los asesores de vestuario sugieren esta combinación para crear un efecto de autoridad y dominio; se desaconseja rotundamente para generar confianza o afecto. Aún se puede ver el elegante «vestido negro» que se hizo popular por primera vez en los años cincuenta, especialmente en mujeres de ciudad ricas de más de treinta años. Se suele llevar con accesorios de mucho colorido y con una o dos piezas de joyería caras, y es el equivalente contemporáneo del respetable satén negro o la popelina de la matrona victoriana. El negro «dramático》 también se puede ver en la actualidad. En ocasiones aparece en un contexto convencional, como cuando una adolescente burla o intimida a sus padres para que le dejen ponerse un vestido negro muy ceñido y provocativo para ir a un baile, arrebatando el protagonismo a sus compañeras de clase. Pero los ejemplos más significativos del siglo se han producido fuera de la sociedad burguesa. De ellos uno de un jersey negro de cuello vuelto. Con frecuencia se lleva con el pelo más largo de lo que está de moda y a menudo llevan barba. 

En cuanto a las mujeres bohemias modernas, es habitual el pelo largo lacio, aunque no es esencial; lo que importa, no obstante, es que no haya signos de visitas al peluquero. El negro bohemio moderno tuvo su origen en París tras la segunda guerra mundial y enseguida se convirtió en la indumentaria estándar de los intelectuales, artistas y estudiantes beatnik. Con la adición de los pantalones vaqueros, aún se usa actualmente. Relacionado con el negro bohemio está el estilo que Anne Hollander llama «negro bailarín», que se caracteriza por los leotardos, las zapatillas de ballet y (para las mujeres) las faldas de baile negras. Como señala esta autora, lo popularizó en los Estados Unidos Martha Graham. En la actualidad parece que lo usan bailarines profesionales y aficionados de muchas escuelas (ballet, baile moderno, étnico, claqué y comedia musical), en ocasiones con la sustitución de prendas de color por las negras (se prefieren los tonos oscuros y subidos de rojo, azul y verde). Esta indumentaria parece indicar un concepto sensible y serio de la vida y una devoción irresistible hacia el propio arte, y a veces lo llevan, además de las bailarinas, las actrices, músicos, pintoras y poetas que desean transmitir el mismo mensaje. Una versión modificada del negro bohemio o de bailarina, que combina el jersey y las mallas negras con una falda amplia hecha de Mahón rayado, la introdujo ya en 1943 la brillante diseñadora estadounidense Claire Mc Cardell. Con variaciones en el color y la longitud de la falda, esta indumentaria la han llevado mujeres intelectuales y del mundo del arte durante casi cuarenta años.

Un tipo más amenazador de conjunto completamente negro, que también data de los años cuarenta, es lo que se podría llamar «negro motorista». ¡Este look, favorito de los adolescentes de clase obrera (en Gran Bretaña se los conoció como rockers) y popularizado por una de las primeras películas de Marlon Brando, Salvaje! (The Wild One,1954), estaba muy inspirado en los estilos de los fascistas italianos y los SS nazis, aunque esta conexión rara vez se reconocía públicamente. Incluía cazadora y botas de cuero negro, pantalones negros, camisetas o jerseys negros y grandes gafas oscuras. Las cazadoras y los pantalones solían adornarse con brillantes cremalleras, broches a presión y pasadores, y a menudo también con insignias impresas en colores fluorescentes. El pecto de un insecto gigante sacado de una película de ciencia ficción, un efecto que se incrementa enormemente en la actualidad con el uso obligatorio de cascos de plástico que parecen cabezas de hormigas monstruosas.