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	<description>Noticias, tendencias y análisis deco internacional</description>
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		<title>Estilos característicos de 1914 a 1930</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubdate>Thu, 03 Sep 2026 07:07:00 +0000</pubdate>
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<p>&#8220;Cuando las clientas visitaban las casas de alta costura, eran recibidas por su dueña, la vendedora o la maniquí. La maniquí era una chica del taller, que, por ser alta y espigada, subía a la tienda y pasaba los modelos para la clienta, hasta que ésta efectuaba su elección. En las casas de alta costura había dos o tres chicas que hacían de maniquíes, turnándose dos horas por día y aunque no se les pagaba más por su trabajo, estaban encantadas de dejar el taller y vestir los modelos para las clientas. &#8220;Efectuada la venta, el importe se anotaba en un libro, y como en aquella época no había inflación, a las clientas sólo se les cobraba semestral o anualmente, según la cosecha. Pero lo importante era que el vestido ya había sido vendido. &#8220;En el taller entonces se trabajaba a toda velocidad, de un día para el otro y hasta cualquier hora, para entregarlo a tiempo. Allí teníamos los maniquíes con las medidas de las clientas que nos permitían evitar las pruebas que en alta costura son tres o cuatro, y dependen más del carácter de la clienta que de la mayor o menor armonía de su cuerpo. Cosíamos el vestido por partes: unas se encargaban de la bata, otras del ruedo, otras de las mangas, etc. Una vez entregado, la clienta lo estrenaba y luego lo devolvía para que le fueran arreglados los defectos.</p>



<p>&#8220;En los períodos en que quedábamos sin trabajo porque las dueñas de las casas de alta costura viajaban a París a traer los modelos (dos meses en invierno y tres meses en verano) íbamos a la casa James, frente a Harrods, donde su dueño el señor Delbosc nos daba trabajo. Allí cosíamos vestidos en serie y sin pruebas que se vendían en Mar del Plata, durante la temporada, con un sistema de venta que podría ser el antecesor del <em>prêtàporter.&#8221; </em>Otra de las casas de alta costura de esta época fue la de Margaine Cherruit, de Florida y Viamonte, que alcanzó su gran auge hacia fines de los años 20 y cerró sus puertas en 1945. También en Cerrito 1330, se instaló &#8220;Santina”, fundada en 1925 por Santina Scarpa que siguió funcionando hasta la década del 60. Moussion y Carrau, las más antiguas; Paquin, la más lujosa e importante, instalada frente al hotel Alvear; Saint Félix, Auguste, Mme. Suzanne, Jean et André, Campana, Santina, Margaine Cherruit, Henriette fueron todos nombres de alta costura que vistieron a las mujeres más alegantes y ricas de Buenos Aires para las fiestas y las veladas del Colón. Estas casas de alta costura se distinguían por los modelos que traían, su corte perfecto, su habilidad para desarrollar el oficio, el gusto, los géneros etc., ya que la alta costura es todo un arte que requiere mucho oficio. Con su febril actividad brindaron trabajo y crearon un refinamiento, a la par que enseñaron el oficio, que antes no existía en el país.</p>



<p>Durante los años de la preguerra, el brillante Paul Poiret fue el responsable de modificar totalmente la silueta femenina, introduciendo novedades como las túnicas de talle alto, las faldas pantalón y el uso de colores vivísimos. La Primera Guerra Mundial marcó profundamente este siglo e impulsó una nueva evolución en la vestimenta cuyos principales lineamientos continúan hasta nuestros días. Sin embargo, en este sector el más importante efecto se dio en la confección industrial para producir los uniformes de las fuerzas armadas, mejorando notablemente las maquinarias y los métodos de producción.</p>



<p>La mujer enfrentada a su nueva condición social se libera de la dictadura que hasta ese momento ejercían los grandes modistos masculinos; es entonces cuando la alta costura comienza a perder influencia sobre su clientela, produciéndose hacia 1919 una gran confusión. La casa de alta costura en Europa siente el impacto de esta nueva situación, aunque Madame Cherruit dice en París: “Las mujeres deben vestirse con guerra o sin ella”. Cierran las casas Doucet, Doeuillet,y Paul Poiret, después de hacer su último desfile en 1919,se retira. Con la pérdida de influencia de la alta burguesía, el lanzamiento de la moda que hasta ese momento había sido patrimonio solamente de la clase alta, se desplaza hacia el cine y el teatro. Sarah Bernhardt e Isadora Duncan marcan rumbos, mientras Teda Bara ya había perdido hacia 1918 toda su influencia.</p>



<p>Durante la Primera Guerra Mundial el mundo occidental se había acoplado a las tendencias irradiadas por París, que era el centro de la moda, aunque desde 1895, con la poderosa ayuda del cine la moda comienza a volverse internacional. Desmantelada la industria textil en Europa y ausentes los artesanos de la moda, pocos tenían una idea precisa sobre cómo satisfacer las nuevas necesidades de importantes grupos sociales que comenzaban a tener influencia. Se abría el camino para líneas juveniles tanto femeninas como masculinas que llevaba a una incipiente uniformidad. Ya durante la guerra un grupo de costureras se agrupó para una exhibición en la ciudad de San Francisco de los Estados Unidos, mostrando por primera vez cinturas naturales y amplias faldas un poco más cortas. Entre las modistas que supieron intuir que, llegada la paz, las mujeres serían prácticas y diferentes se impusieron dos revolucionarias: Coco Chanel, con su espíritu audaz y deportivo, y Madeleine Vionnet, con su línea de corte sesgado y su decisión de conseguir que las mujeres sintieran los vestidos como una segunda piel.</p>



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		<title>Estilos característicos de 1870-1914</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubdate>Tue, 09 Jun 2026 07:25:00 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Estilos y tendencias]]></category>
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<p>Durante este largo período de 45 años, tuvo lugar un profundo proceso de cambio: la demolición de los últimos vestigios de la &#8220;gran aldea&#8221; hacia una sociedad rioplatense de mayor complejidad, lo que fue empujado sin duda alguna por el fenómeno inmigratorio y sus consecuencias. En el comienzo de esta etapa, el censo realizado en 1869 contaba 1.836.590 habitantes; en 1914, el número había crecido a 7.885.237. A este considerable crecimiento de la población, es necesario sumarle un aumento de casi diez veces del intercambio comercial, lo que provocó, además, un efectivo incremento de la renta nacional. Además, el ingreso per cápita, que en 1870 era de $7,8, en 1910 era de $19,7 oro. Julián Martel lo deja entrever a través de uno de los personajes de <em>La</em> Bolsa: “El dinero abunda hoy que es un gusto, tanto que la gente no busca sino ocasión de gastarlo&#8221; Y la ocasión de gastarlo se encontraba en las excesivamente iluminadas vidrieras de las calles de Buenos Aires, iluminación pagada por el mismo comercio, que demostraba de esa manera su importancia; se destacaba en especial la espléndida iluminación de la calle Florida, inaugurada en 1888.</p>



<p>Sin embargo, esta etapa tan brillante y especial comenzó de manera muy diferente: la fiebre amarilla había asolado la ciudad. Deambulaban por las calles de Buenos Aires las figuras de numerosas mujeres vestidas de luto. Aunque en julio de 1871 la epidemia había cedido, la población de Buenos Aires se vio diezmada: de 200.000 habitantes quedaron alrededor de 60.000 sobrevivientes. El viajero Henry Armaignac relata al respecto: &#8220;como prueba palpable de la temible crisis, era curioso ver la enorme cantidad de personas que andaban vestidas de luto por la calle o en las reuniones&#8221;. El tiempo del uso obligatorio del luto era tan extenso que incluía necesariamente a los trajes de novia, de negro opaco y riguroso en caso de la muerte cercana de un familiar. A medida que la ceremonia de la casa miento se alejaba de la fecha, el luto en el traje de novia era atenuado con adornos de azahares, tanto en el vestido como en el tocado, al que se le agregaba un largo tul blanco. Esta moda se extendió hasta después de la Primera Guerra Mundial, aunque unos pocos años antes solo se llevaba en el traje del casamiento civil.</p>



<p>¿Qué modas se mostraban entonces? El estilo en general, después de hacer un gran cambio alrededor de 1870, se mantiene bastante estable durante todo el período hasta la Primera Guerra Mundial. Solo se presentan modificaciones que no alteran la línea básica, manteniéndose las formas anchas con una importante sobrecarga de adornos y una gran variedad de tejidos diferentes. Los importantes vestidos, apoyados sobre amplios miriñaques, que habían estado de moda en París hasta 1865 y que llevaban hasta 14 metros de género en su hechura, cambiaron por completo. Desaparecidos los miriñaques, el vuelo se lleva hacia atrás y, para darle más gracia al conjunto, se le coloca el &#8220;polisón”, un ahuecador confeccionado con ballenas, independiente del vestido, por lo general. También reaparece la &#8220;polonesa&#8221;, vestido de encima que “separa por delante la falda de abajo y forma hacia atrás una cola más o menos larga, orillada con volantes plisados, bandas de encaje plegados o pasamanería&#8221;. Este estilo tan cargado y poco práctico, al que se le llamaba &#8220;tapicero&#8221; por la acumulación de tejidos, desapareció en 1890, cuando empieza a perfilarse el nuevo tipo de vida, más ágil y dinámico. El inglés Redfems, atento a estos nuevos aires, introduce hacia 1887 el traje sastre. En la colección de fotos que el arquitecto José María Peña, director de estilo más usado en el Río de la Plata: es un vestido encintado en raso.</p>



<p>La bata, sumamente entallada, se abotona por delante, y presenta una pechera en forma de peto redondeado ribeteado en raso, terminada en dos picos que se apoyan sobre la sobrefalda. Esta recoge el vuelo hacia atrás, quedando como un delantal que termina en pequeño festón. La falda termina a 40 cm del suelo, en un <em>ruche</em> de raso, desde donde parten hacia el ruedo profundas tablas de 30 cm de alto, que esconden completamente el pie. Las mangas muy angostas se abren en los puños en forma de pétalos forrados en blanco. El vestido se lleva sobre una blusa que cierra el cuello con un moño. El peinado recogido como se usaba en esa época (el álbum de fotos abarca la década 18701880), forma pequeños rulos en la frente. El conjunto se completa con una larga cadena con reloj de oro que se engancha en la cintura y aros pendientes muy largos. Esta moda de pendientes muy largos ya se había usado durante toda la década de 1860, de modo tal que en una crónica aparecida en el<em> </em>Correo <em>del Domingo</em> del 8 de enero de 1865 dice: “La elegancia consiste ahora en imitar a las hijas del desierto, que a fe que no se ciñen a los figurines de París, ellas (las indias pampas) siempre llevan pendientes grandes&#8221;.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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