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	<title>barba &#8211; thedecolife.com &#8211; Picky Cova</title>
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	<description>Noticias, tendencias y análisis deco internacional</description>
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		<title>LA BARBA Y EL BIGOTE, DE LA VIRTUD A LA VILLANÍA </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubdate>Thu, 09 Apr 2026 07:31:00 +0000</pubdate>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/04/young-man-with-long-beard-wearing-hat-glasses-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-1363" srcset="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/04/young-man-with-long-beard-wearing-hat-glasses-1024x683.jpg 1024w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/04/young-man-with-long-beard-wearing-hat-glasses-300x200.jpg 300w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/04/young-man-with-long-beard-wearing-hat-glasses-768x512.jpg 768w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/04/young-man-with-long-beard-wearing-hat-glasses-1536x1024.jpg 1536w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/04/young-man-with-long-beard-wearing-hat-glasses-2048x1365.jpg 2048w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/04/young-man-with-long-beard-wearing-hat-glasses-18x12.jpg 18w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Lo que distinguía al<em> preppie</em> look de los modelos de club de campo de los años cincuenta era la identidad de sus usuarios. Estas prendas informales las llevaban ahora no sólo los adolescentes de internados y de ciertos centros educativos, sino también personas en torno a los treinta o cuarenta años, muchas de las cuales no habrían sentido el más mínimo interés por este tipo de ropa sólo unos años antes. Por otra parte, el<em> preppie</em> look ya se podía ver en lugares y en ocasiones que en los años cincuenta habrían exigido una vestimenta más formal. Un efecto secundario de esta acumulación de capas de ropa fue que se desdibujó la imagen corporal e incluso las diferencias sexuales, de tal forma que, excepto por la longitud del cabello, con frecuencia no se podía distinguir a un joven preppie de una joven<em> preppie.</em> Cuando proyectaban algún tipo de aureola sexual, ésta era de sano atletismo o de zalamería pre pubescente: una especie de calor de oso de felpa. La otra característica sobresaliente de la moda preppie era el uso que hacía de botonaduras innecesarias. Los zapatos iban adornados con lazos, corchetes y pasadores sin función alguna; los pliegues de las faldas se sujetaban con imperdibles o con hebillas; tiras de cuero o de tela aseguraban innecesariamente los puños de los guantes, las pretinas de faldas y pantalones y los hombros de los impermeables; hasta los picos de los cuellos de las camisas se abotonaban para que no pudieran escaparse.&nbsp;</p>



<p>A lo largo de los siglos el pelo facial masculino ha proporcionado grandes oportunidades para la expresión de la opinión. La barba corrida, por ejemplo, ha significado según las épocas autoridad paterna, inspiración espiritual, violencia radical y genio artístico, quedando determinado su significado particular por otros detalles de la indumentaria y el aspecto físico, y por si en un momento dado las barbas se consideraban o no respetables. El pelo facial también ha sido a menudo una guía sobre la profesión de las personas. Se podría escribir un pequeño tratado sobre el significado de los diversos tipos de barbas y patillas de finales del siglo XIX. Tal obra incluiría las barbas bíblicas del líder religioso; las barbas rectangulares de ingenieros y científicos como Charles Darwin; las espesas pero bien arregladas barbas de los oficiales del ejército y la marina; la barba puntiaguda estilo Vandyke popular entre artistas como Whistler; las patillas largas o<em> dundrearies </em>&nbsp;asociadas con nobles y estadistas ingleses como Gladstone (y, de forma más sutil, con los clérigos); y las barbas largas y desgreñadas de poetas como Whitman, Longfellow y Tennyson. Los representantes imaginarios de las naciones también usaban estilos típicos: a John Bull se lo podía reconocer por sus patillas rizadas y ondulantes, y al Tío Sam por sus dispersas barbas de chivo blancas.</p>



<p>En la década de 1880 las barbas y las patillas comenzaron a encoger, dejando a menudo un rastrojo de pelo encima del labio superior. También en esto había muchos mensajes y muchos estilos posibles. Un bigote podía ser ancho o estrecho, corto o largo, poblado o ralo, recto o forzado a adoptar sofisticadas formas. El gran mostacho cuela sopas o bigote de morsa era el preferido de los oficiales del ejército y colonizadores del Salvaje Oeste y, en una versión ligeramente abreviada, del antiguo oficial del ejército y supuesto colonizador Theodore Roosevelt. El bigote tipo manillar con su caída barroca y sus puntas encrespadas se asociaba con los barberos y por tanto (como todavía ocurre hoy) con los cuartetos de barbería. El bigote fino retorcido era con frecuencia el preferido de artistas y músicos, algunos de los cuales también conservaban la barba larga, estrecha y afilada, o barba imperial. Según el<em> Chronicle</em> de Chicago de 1903, en el bigote se podía leer el carácter y también la profesión. Las puntas hacia arriba indicaban vanidad y dandismo; un bigote de pelo grueso y duro, que parecía reforzar el tradicionalmente rígido labio superior, indicaba estoicismo. La sensibilidad y los gustos artísticos se manifestaban con un bigote suave y sedoso, con las puntas caídas. El egoísta testarudo llevaba patillas largas y estrechas, mientras que las del caballero refinado o erudito eran tupidas y recortadas.</p>



<p>A la lista se podrían añadir ciertamente los largos bigotes negros de los villanos de la ficción y más tarde de la escena y la pantalla. Acomete la ruina total de la heroína de Hardy. Por desgracia para novelistas, diseñadores escénicos y estudiosos del carácter masculino, hacia los años veinte la mayoría de los bigotes se habían quedado en un mero vestigio o habían desaparecido por completo, y las pocas barbas que sobrevivieron pertenecían a hombres de edad, a artistas o a excéntricos. Durante los treinta años posteriores casi todos los hombres iban perfectamente rasurados o usaban pequeños bigotes. Algunos de estos estilos se asociaban con determinados rangos o especialidades de la carrera militar. Tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña los bigotes más grandes y más sofisticados se consideraban extraños e indeseables. Dependiendo de su forma, sugerían la suavidad latina y la pasión ilícita, el dandismo francés, el bandolerismo mexicano o siciliano, el estoicismo y la melancolía escandinava, la inescrutabilidad china, la melancolía rusa y el bolchevismo y(tras la ascensión de Hitler al poder) la paranoia teutónica. Para el hombre normal un bigote como éstos en personas de origen anglosajón era como la aparición de una hierba extraña y peligrosa en su jardín. La barba, al menos que la llevase un sabio reputado como Shaw o Freud, se consideraba un amaneramiento bastante desagradable que probablemente se adoptaba para ocultar una barbilla pequeña.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>LA BARBA, HOY</title>
		<link>https://thedecolife.com/en/la-barba-hoy/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubdate>Wed, 11 Mar 2026 07:03:00 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[barba]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="678" src="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/03/midsection-man-beard-1024x678.jpg" alt="" class="wp-image-1304" srcset="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/03/midsection-man-beard-1024x678.jpg 1024w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/03/midsection-man-beard-300x199.jpg 300w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/03/midsection-man-beard-768x509.jpg 768w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/03/midsection-man-beard-1536x1017.jpg 1536w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/03/midsection-man-beard-2048x1356.jpg 2048w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/03/midsection-man-beard-18x12.jpg 18w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En los veinte años últimos, sin embargo, el paisaje ha cambiado. A proyecto de reforestación. Han surgido nuevos tipos de barbas y bigotes con nuevos significados, y se han recuperado algunos de los viejos estilos. Hoy raramente se ven las barbas largas corridas excepto en imágenes de Santa Claus, de Dios y de los patriarcas y profetas bíblicos. A los hombres que las llevan, sean cuales fueren sus motivos originales, se los puede llegar a considerar figuras paternas excéntricas. Por otra parte, la barba afilada Vandyke se asocia ahora con una autoridad menos benévola. Al diablo se lo representa popularmente con ese tipo de barba, y hoy en día ésta ya no designa al artista; sugiere por contra alguien que quiere o tiene que aparentar que posee las características que en la mente popular se asocian con Satanás: es orgulloso, elegante, cortés, aparentemente encantador, rico, meticuloso, siniestro y de gustos y hábitos extranjeros.</p>



<p>La sotabarba corta, que en el siglo XIX era típica de los marinos, hoy se ve más a menudo en artistas comerciales y en decoradores, que gustan del aspecto arcaico de este tipo de barba; en una versión modificada, en la que se dejan crecer las patillas hasta por encima de la línea de la barbilla, está relacionada con Abraham Lincoln y por tanto, al menos en los Estados Unidos, con la sabiduría y la integridad de los pioneros; aún se puede ver en ocasiones en hombres que tienen una imagen de sí mismos con la cual encaja este tipo de barba o se puede ver favorecida por ella. Sin embargo, en la actualidad estos estilos idiosincrásicos de barba son relativamente infrecuentes. Hoy en día las barbas bien arregladas de mediana longitud y sin una forma particular son bastante frecuentes, aunque no tanto como hace diez años. Se asociaban entonces, como ha ocurrido durante más de un siglo, con la actividad creativa, y las llevaban por tanto algunos pintores, escritores, músicos e inventores; ahora también se ven, aunque con menor frecuencia, en editores, críticos, arquitectos y gente del teatro. El mensaje de la barba moderna estándar depende en gran medida de la longitud del cabello de que se acompaña. Con el cabello largo, implica gustos e intereses bohemios y/o una profesión relacionada con las artes. Con el pelo de mediana longitud la barba se hace más respetable y sugiere madurez y una originalidad interesante, pero ni antisocial ni agitadora. Muchos profesores universitarios llevan la barba y el cabello de esta manera. Es imposible parecer infantil o completamente tonto llevando barba, y de ahí posiblemente su popularidad en el mundo académico, especialmente entre los miembros más jóvenes del claustro, preocupados de que no se los confunda con sus alumnos.</p>



<p>Cuando la barba estándar se combina con un cabello más corto de lo normal sugiere seriedad, un saber especializado y a menudo una ligera inflexibilidad de ideas. Esta combinación se suele apreciar en científicos investigadores, médicos e ingenieros, y es casi estándar en los expertos» cuando presentan sus descubrimientos en público, ya sean científicos auténticos, ya actores que aparecen en la televisión disfrazados de científicos. Por alguna razón, cuanto menos familiar y tranquilizadores son estos descubrimientos, más probable es que procedan de detrás de una emboscadura facial. De lo que estamos hablando aquí, sin lugar a dudas, es del viejo estereotipo del alquimista o del mago barbado, sabio pero muy posiblemente peligroso. En ciertos círculos, incluso hoy, cualquier tipo de barba es sospechoso. Empresarios, políticos y miembros de las profesiones más convencionales suelen estar en contra de ellas, quizá en parte por su asociación con los movimientos radicales de los sesenta. Como señala Wiliam Thourlby:</p>



<p>Las barbas son como las gafas de sol. Mientras las lleves sobre la cara nadie conseguirá conocerte de verdad ni llegará a fiarse de ti. Las personas creativas, los artistas, los directores artísticos y los escritores son las exhonradez y su futuro no tienen importancia cuando evalúas sus hombres Irán a escuelas inadecuadas, no se puede confiar en ellas y por lo general acabarán mal. te de declive. Hace unos años fue muy popular El estilo preferido era la que implicaba energía, dominio y poder masculino. Cuanto más largo las proporciones del bandido mexicano tipo Pancho Villa. Este bigote de <em>macho</em> se hizo popular entre los<em> desperadoes</em> de Madison Avenue y Mayfair; también lo llevaban muchos hombres de clase obrera, especialmente los de origen no anglosajón. Pero el propio éxito del bigote de <em>macho</em> como signo puede que fuera su perdición. A finales de los años setenta se empezó a poner de moda entre los homosexuales, y al terminar la década se había convertido en un indicador gay en lugares como Nueva York y San Francisco. Los hombres de estas ciudades a los que no les gustaba que personas de su mismo sexo fuesen tras ellos y les hiciesen proposiciones deshonestas comenzaron entonces a afeitarse el bigote. El hecho de que esta tendencia se extienda a sectores sin una cultura gay significativa, o el que una moda homosexual, siempre inconstante, vuelva a cambiar, permitiendo que el bigote de <em>macho</em> sobreviva, aún está por ver.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>EL HOMBRE VICTORIANO Y SU BARBA</title>
		<link>https://thedecolife.com/en/el-hombre-victoriano-y-su-barba/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubdate>Tue, 13 Jan 2026 07:07:00 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Diseño]]></category>
		<category><![CDATA[barba]]></category>
		<category><![CDATA[el hombre victoriano]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/01/rich-man-with-beard-thinking-about-business-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-1058" srcset="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/01/rich-man-with-beard-thinking-about-business-1024x683.jpg 1024w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/01/rich-man-with-beard-thinking-about-business-300x200.jpg 300w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/01/rich-man-with-beard-thinking-about-business-768x512.jpg 768w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/01/rich-man-with-beard-thinking-about-business-1536x1024.jpg 1536w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/01/rich-man-with-beard-thinking-about-business-2048x1365.jpg 2048w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/01/rich-man-with-beard-thinking-about-business-18x12.jpg 18w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Conforme pasaron los años, los estilos para ambos sexos fueron madurando gradualmente, siendo los hombres quienes en un primer momento llevaron la delantera de forma considerable. Ya hacia mediados de siglo habían comenzado a abandonar sus coloridos pañuelos de cuello, sus elegantes abrigos ajustados al cuerpo, sus ceñidos pantalones y sus escarpines planos. Durante la última parte del siglo no era ninguna desgracia ser gordo, y la frase «un hombre de elegante figura» implicaba dimensiones que hoy en día sugerirían una tendencia a ser indulgente con uno mismo y un inminente ataque al corazón. También empezaron a imponerse los colores más oscuros, y a mediados de siglo el negro era el único color respetable para un traje de noche respetable. En público el hombre elegante solía llevar un bastón o un paraguas como signo de su poder masculino y su autoridad. Cuando hacía frío se ponía un pesado abrigo que a menudo pesaba aún más de lo normal porque se le añadían una o más esclavinas; a veces esta indumentaria era tan larga y tan amplia que recordaba a la túnica tradicionalmente asociada con la vejez y la autoridad.</p>



<p>Los barbudos eran tan raros que en 1794 para una dama de Filadelfia era tan asombroso ver por las calles de aquella ciudad un elefante como dos hombres con barba juntos. La barba abundante, especialmente la barba sin arreglar, era un signo de extrema vejez y/o de descuido y excentricidad; posiblemente incluso de locura, como la espesa barba blanca que llevó el rey Jorge III durante los últimos años de su vida. En la historia de Washington Irving, la barba gris hasta los pies de Rip Van Winkle es lo primero que llama la atención a sus antiguos vecinos cuando despierta de su largo sueño: Todos lo miraron con iguales muestras de sorpresa y, siempre que apartaban la vista de él, invariablemente se acariciaban la barbilla. Y cuando regresa al pueblo: Una cuadrilla de extraños niños le seguía de cerca, abucheándole a sus espaldas y señalando su barba gris. Los perros, también, le ladraban al pasar.</p>



<p>El ostracismo o penas aún peores solían ser el destino que aguardaba a cualquiera que se empecinase en no afeitarse. En 1830, por ejempla cuando un hombre con barba de nombre Joseph Palmer se trals.Ia palabra. Le rompieron los cristales y los niños le tiraban piedras cuando guir llevando su barba le negó la comunión. Finalmente, Palmer fe ron la espalda e intentaron afeitarlo por la fuerza; él sacó un cuchillo y repelió el ataque. Como resultado, Palmer (no sus asaltantes) fue arrestado y enviado a prisión por un año. Pero mientras Joseph Palmer se consumía en la cárcel (aún testarudamente barbado), se produjeron algunos signos de que el clima empezaba a cambiar. Ya en la década de 1800 unos pocos hombres se habían dejado crecer unas discretas patillas, y hacia las décadas de 1820 y1830algunas de estas patillas, como las del novelista inglés Edward Bulwer. Lytton y las de su amigo el conde Alfred d&#8217;Orsay, habían comenzado a deslizarse poco a poco la una al encuentro de la otra para encontrarse furtivamente debajo de la barbilla. En 1852 la revista <em>Tait&#8217;s Edinburgh</em> <em>Magazine</em> vaticinó el retorno de las barbas, y durante los años siguientes las publicaciones británicas y norteamericanas comenzaron a recomendarlas, señalando que no sólo la Biblia sino también la 《Naturaleza» y la «Salud» las recomendaban.</p>



<p>Entonces, de repente, a ambos lados del Atlántico, hombres de todas las edades y profesiones empezaron a dejarse crecer el pelo facial; hacia 1860 cualquier reunión pública podía mostrar una floreciente cosecha de barbas, mostachos y patillas (que más tarde se conocieron con el nombre de <em>sideburns</em> en honor del general Ambrose Burnside, el héroe de la guerra civil, que las lucía muy exuberantes). Unos autores lo han atribuido a la influencia de la guerra de Crimea y/o de la guerra civil norteamericana, cuando a los soldados les resultaba difícil afeitarse regularmente en el campo de batalla. Aunque esto quizá pudo contribuir a alentar la nueva moda, hay que señalar que el barbas no se hicieron populares durante otras guerras anteriores, en las que afeitarse debía de resultar igual de difícil. También se ha sugerido que los norteamericanos estaban imitando al presidente Lincoln; sin embargo, Lincoln no se dejó la barba hasta 1860, momento en que muchos de sus contemporáneos ya la llevaban. Sea cual fuere su causa inmediata, la barba venía bien a la imagen había sido reemplazado por la sólida prosperidad victoriana, y la misma Victoria no era ya una delgada jovencita sino una matrona gordezuela. A muchas autoridades les pareció que estos prósperos patriarcas necesitaban y merecían las barbas. Según la <em>Westminster Review</em> de 1854,la barba siempre se había «identificado con la severidad, la dignidad y la fuerza» (todas ellas cualidades positivas en esos momentos) y era el «único complemento favorecedor de la auténtica masculinidad». Una guía norteamericana de la etiqueta,<em> The Illustrated Book </em>of<em> Manners,</em> aún lo decía más rotundamente: &#8230;la barba corrida es lo más natural, más cómodo, más saludable, más expresivo, dignificado y hermoso&#8230; La naturaleza dio al hombre una barba para su uso y su belleza&#8230; Los dioses y los héroes llevaban barba&#8230;</p>



<p>Históricamente, el reinado universal de la barba fue breve. A principios de la década de 1880 comenzó a desaparecer, o más bien a encogerse. Como por obra de un lento proceso de deforestación, el bosque quedó reducido a simples parcelas de matorrales: patillas y especialmente mostachos, algunos de ellos verdaderamente exuberantes. Desde alrededor de 1890 hasta 1920, a la mayoría de los hombres norteamericanos y británicos les salió pelo solamente sobre el labio superior. Las razones para este cambio están poco claras. El bigote, como la barba, tiende a envejecer, aunque no demasiado. También sugiere dignidad y autoridad; sin embargo, no parece tener relación con las ideas de patriarcado, sabiduría o fe religiosa. Quizá, conforme menguaba la estabilidad y el tamaño de la familia victoriana, con el descenso del índice de natalidad y la creciente participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, ya casi no había hombres que quisieran parecer. El Padre de Todos Nosotros.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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