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	<description>Noticias, tendencias y análisis deco internacional</description>
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		<title>CONSUMO Y ENTRETENIMIENTO: EL TRIUNFO DE LA EXTRAVAGANCIA</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubdate>Thu, 19 Feb 2026 06:40:00 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
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<p>En los últimos tiempos los escaparates más ostentosos del consumo han sido el cine y la televisión. El derroche a gran escala es una de las características de la industria cinematográfica: derroche de talento, derroche de energía, derroche de materiales, derroche de dinero y derroche de tiempo, como sabe cualquiera que haya pasado, aunque sólo sea un par de horas en un plató cinematográfico. ¿Desde el punto de vista de las teorías de Veblen, qué podría haber más atractivo y que genera se mayor prestigio? La extravagancia teatral, por supuesto, tiene una dilatada historia, pero se ha visto sobrepasada por la extravagancia de la industria cinematográfica. El vestuario del teatro, por artístico que sea, está hecho para utilizarse muchas veces: si una obra tiene éxito cada prenda puede soportar más horas de enérgico uso de las que soportaría en la vida pueden gastar en algo que sólo se va a usar unos pocos minutos. El gers en<em> Una mujer </em>en<em> </em>la penumbra (Lady in the Dark, 1944) diseñado de lentejuelas en rojo y oro y llevaba adornos de visón, y costa 35.000dólares.&nbsp;</p>



<p>De acuerdo, los principios del vestuario teatral no se podían transferir directamente al cine ni a la televisión. La ropa para el escenario ha de estar diseñada para que tenga un efecto a gran escala: la sastrería fina y los estampados suaves son invisibles más allá de la segunda fila, y todo se ha de exagerar para que se pueda ver desde el fondo de la sala. Además, en una película una cinta de un par de centímetros puede parecer que mida tres metros, pudiéndose ver cada puntada. Pero la importancia que Hollywood dio al vestuario, casi desde los inicios, fue mucho más allá de las necesidades del medio. Quizá no sea coincidencia que la mayoría de los primeros magnates del cine empezasen en el negocio de la moda. Antes de irse a Hollywood, Harry Warner hacía zapatos, Samuel Goldwyn guantes y Adolph Zukor era peletero, y los tres se llevaron consigo a la industria cinematográfica a amigos y colegas del gremio textil.</p>



<p>Debido a la convención dramática y a la distancia visual entre el actor y el espectador, el vestuario teatral ha conseguido dar mis énfasis Barthes en altas enfermedades del vestido, se apoya en el poder imago nativo del espectador, que es capaz de transformar el rayón en seda y las mentiras en ilusión», en lugar de intentar confundir su incredulidad con detalles históricos auténticos, belleza formal o dispendio evidente. Hasta en Stratford on Avon las joyas son falsas y el armiño y la cibelina de los mantos de los reyes son piel de conejo teñida o más a menudo piel sintética, que no sólo cuesta menos, sino que es más ligera para llevar sobre el escenario. Sin embargo, a los productores de Hollywood no les bastaban las apariencias; exigían el uso de los materiales más caros aun cuando un sustituto más barato consiguiera engañar a la cámara. Adolph Zukor, por ejemplo, insistía en que los adornos de todos los trajes de sus películas fuesen de piel auténtica, afirmando que ello era «bueno para el negocio». En algunas de las fantasías cinematográficas de los años treinta y cuarenta, hasta los extras iban vestidos como reyes y reinas. Para Ma<em>ría Antonieta</em> (1938) Adrián diseñó cuatro mil lujosos trajes auténticos, usando sedas, terciopelos, encaje y bordados genuinos del siglo XVIII. Norma Shearer, la protagonista del filme, se cambiaba de vestuario treinta y cuatro veces y dieciocho de peluca, una de ellas con diamantes de verdad. Con estos atavíos su movilidad, como la de María Antonieta, estaba severamente limitada; esto no era una novedad en los filmes de época de Hollywood, donde a menudo las faldas eran tan anchas que resultaba imposible entrar o salir de un camerino con ellas puestas. O, en el extremo opuesto, eran tan ceñidas e iban tan acorazadas de abalorios y bordados que el actor o la actriz no se podían sentar y ni siquiera caminar con naturalidad. La ropa como ésta, con sus rebuscados adornos, su fantástico coste, su incomodidad física y lo infrecuente de su uso, recuerda no tanto el vestuario teatral como los atavíos tan extravagantemente adornados y enjoyados de la religión, asumidos sólo unos momentos calificados como de importancia sobrenatural.&nbsp;</p>



<p>El cambio de las modas es una forma distinta y muy efectiva de Derroche Ostentoso. Aunque no creo que cambien a capricho de diseñadores y fabricantes-de ser así lo harían mucho más a menudo es verdad que cuando los cambios sociales y culturales imponen un cambio en nuestro aspecto la industria de la moda se apresura a aprovecharse de ello, y a sugerir en la publicidad que el vestido del año pasado no le hará ningún bien a nuestra reputación. Cuando los nuevos estilos no consiguen calar se intentan otras estratagemas. Una reciente es anunciar con poco sincero entusiasmo respecto a que la moda ha muerto, que en lugar de la tiranía del «look de este año» ahora tenemos una serie de <em>looks</em> individuales, a los que se dan nombres como clásico, femenino, deportivo, sofisticado o ingenuo. La labor de la mujer liberada y bien vestida, sugieren los anuncios, es elegir el<em> look</em> -o, mucho mejor y que muestra mayor liberación todavía, los looks que van con su «estilo de vida». Se la anima, por ejemplo, a ser elegante y refinada en el trabajo, entusiasta y activa en el tiempo libre, dulcemente hogareña en el hogar con sus hijos e irresistiblemente sexy en presencia de lo que un departamento de mi universidad ha dado en llamar su «cónyuge equivalente».&nbsp;</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>CONSUMO VICARIO</title>
		<link>https://thedecolife.com/en/consumo-vicario/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubdate>Tue, 17 Feb 2026 07:57:00 +0000</pubdate>
				<category><![CDATA[Moda]]></category>
		<category><![CDATA[consumo]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="683" height="1024" src="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-1198" srcset="https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-683x1024.jpg 683w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-200x300.jpg 200w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-768x1152.jpg 768w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-1024x1536.jpg 1024w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-1365x2048.jpg 1365w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-8x12.jpg 8w, https://thedecolife.com/wp-content/uploads/2026/02/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-scaled.jpg 1707w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>



<p>En el siglo XIX, como señaló Veblen en <em>The Theory </em>of<em> the</em> Leisure Class, los hombres se vieron aliviados de la necesidad de exhibir su riqueza por medio de ropa cara, derrochadora e incómoda; lo que hacían era delegar esta tarea en sus esposas e hijas. Las mujeres se convirtieron en los vehículos de lo que Veblen llamó Ostentación Vicaria, y cuanto más rico era un hombre más lujosas e incómodas serían las ropas de sus parientes de sexo femenino, y posiblemente de su amante. La mujer victoriana y educarían rica era un objeto rebuscado y caro. Rígidamente encorsetada y con hasta diez enaguas debajo de su larga falda, necesitaba altura y fuerza muscular para llevar una indumentaria que con frecuencia pesaba más de cinco kilos, sin contar un sombrero lleno de flora y de fauna, un manguito, un bolso y un parasol con volantes. Desde alrededor de 1880, sobre un cuello alto y ceñido elevaba la barbilla en un ángulo que sugería orgullo cuando no desprecio, y hacía que le resultase más difícil dirigir la mirada a los mortales inferiores; también contribuía a ocultar la papada que a menudo acompañaba a la rellena silueta de finales de la época victoriana. Hoy muchas mujeres especialmente las que carecen de empleo remunerado aún sirven de vehículos para la Ostentación Vicaria, como les exhortan a hacer los intereses comerciales en anuncios que animan a sus lectoras a «hacer que él se sienta orgulloso de «orgulloso de que lo vean contigo». Se han hecho ciertas concesiones a la emancipación femenina, y se suelen evitar los extremos de la incomodidad. Pero que anuncia la riqueza de su marido es más pesado y más difícil de madera oro y diamantes son una constante invitación al asalto y el asesinato. El Consumo Vicario por parte de los varones es mucho más raro, pues se suele pensar que rebaja el status de quienes lo practican. Sin embargo, en ocasiones se puede ver en ciertos lugares a un apuesto joven cuyo elegante traje realza la riqueza de alguna mujer no tan atractiva, o más a menudo de un hombre, que lo acompañan. Como señala Veblen, el Consumo Vicario nunca se ha limitado a los seres queridos oficiales y no oficiales de un individuo de alta posición social. Desde muy antiguo, los ricos y la realeza han delegado la tarea de exhibir la riqueza en sus sirvientes además de en sus parientes.</p>



<h2 class="wp-block-heading">AFRENTA OSTENTOSA</h2>



<p>Quentin Bell, cuyo fascinante estudio <em>On Human Finery</em> da la razón a Veblen al designar la competición económica como la principal fuerza que opera tras las vicisitudes de la moda, ha sugerido que a las categorías de Consumo, Derroche y Ocio Ostentosos habría que añadir la Afrenta Ostentosa, o el uso deliberado de ropa que no se ajusta a las normas del «buen gusto». Su eficacia obedece a la regla que sostiene que cuanto más importante es un acto para los participantes, más cuidadoso y formal será su vestido. En las entrevistas de selección de personal, por ejemplo, el futuro jefe puede, si así lo desea, aparecer vestido con pantalones sport y un jersey; los candidatos, aunque sean de una posición social superior, han de ir con traje o vestido. A veces la importancia relativa de un acto para los diferentes participantes es más ritual que económica, como por ejemplo en una boda, donde las vestimentas van desde las sofisticadas indumentarias de los contrayentes hasta las menos formales de los parientes lejanos o los simples conocidos. El amigo que, crítico con este enlace o con el matrimonio en general, acude a la ceremonia con unos vaqueros descoloridos y una camisa vieja de franela está practicando la Afrenta Ostentosa. La misma regla hace que acudamos a fiestas dadas por personas que consideramos inferiores se lleva a un punto en que nuestro desprecio hacia el acontecimiento tosa. Una estratagema similar la adoptan también frecuentemente y consumo, el derroche y el ocio. No es un insulto directo lo que aquí se pretende, sino una simple evasión de los «cánones pecuniarios del gusto”.&nbsp;</p>



<p>Las personas que deciden practicar la Afrenta Ostentosa tienen que estar seguras, por supuesto, de que se las va a reconocer al instante en el acontecimiento en cuestión. Si no es así, corren el riesgo de que los expulsen bruscamente de la fiesta quienes piensen que se han colado en ella para beber gratis. Una vez vi cómo casi le pasó esto a una estrella del rock con barba de dos días y una camiseta llena de manchas que, por razones de amistad adolescente mezcladas, todo hay que decirlo, con un desprecio total por el asunto, acudió a la fiesta de un sofisticado autor. Su error fue asumir que su cara sería tan conocida en el mundo literario como en el de la industria musical. El uso de la ropa afrentosa con el fin principal de atraer la atención negativa para molestar y ofender también puede ser en algún sentido una reivindicación de status. El punk adolescente, con su camiseta rasgada y mugrienta, y su equivalente formal, el<em> punk</em> <em>rocker</em> con su camiseta con rasgaduras artificiales y serigrafiada con una representación simbólica de la suciedad en forma de palabrotas, pueden ser admirados por sus iguales y quizá por nosotros mismos. Además, quienes usan tales ropas son con frecuencia personas de bajo status y de poco poder, para quienes el hecho de que se fijen en ellos ya es una mejora.</p>]]></content:encoded>
					
		
		
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