{"id":1002,"date":"2025-12-09T06:15:00","date_gmt":"2025-12-09T06:15:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1002"},"modified":"2025-12-26T18:16:45","modified_gmt":"2025-12-26T18:16:45","slug":"mentiras-y-disfraces","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/mentiras-y-disfraces\/","title":{"rendered":"MENTIRAS Y DISFRACES"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"672\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/halloween-tricks-1024x672.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1003\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/halloween-tricks-1024x672.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/halloween-tricks-300x197.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/halloween-tricks-768x504.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/halloween-tricks-1536x1007.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/halloween-tricks-2048x1343.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/halloween-tricks-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En nuestra cultura el inocente intercambio de ropas es m\u00e1s habitual entre las adolescentes, que de esta forma afirman no s\u00f3lo su amistad sino tambi\u00e9n su identidad, igual que lo hacen usando el mismo argot y expresando las mismas ideas. La costumbre puede persistir en la vida adulta, y tambi\u00e9n ocurre entre amantes y entre esposos, aunque en este \u00faltimo caso el pr\u00e9stamo es por lo com\u00fan unidireccional. Compartir la ropa es siempre una firme expresi\u00f3n de gustos, opiniones e incluso personalidades compartidas. La pr\u00f3xima vez que est\u00e9 usted en una gran fiesta, en una reuni\u00f3n o en un acto p\u00fablico, eche un vistazo al local y preg\u00fantese si hay alguien presente cuyas ropas le gustar\u00eda a usted llevar en esa ocasi\u00f3n. La ropa sea el hecho de que cualquier lengua que sea capaz de transmitir, puede mentir en el lenguaje de la moda igual que podemos hacer en lo general no se nos puede acusar de que sea deliberado. La ropa que tiene veintinueve a\u00f1os e ingresos superiores a las seis cifras, no se puede contradecir ni refutar directamente. Una mentira respecto al vestir puede ser piadosa, como los trajes de baile de la Cenicienta; puede ser de distintos tonos de gris, o puede ser completamente negra, como en el caso del disfraz de<em> hippie<\/em> radical del informante del FBI o el uniforme militar robado del esp\u00eda. La mentira puede ser voluntaria o involuntaria. Puede incluso ser inconsciente, como pasa con el hombre que inocentemente se pone un chaleco y unas botas de cuero para ir a un bar frecuentado por homosexuales, o la se\u00f1ora norteamericana de viaje por Escocia vestida con una falda escocesa que en la tienda le pareci\u00f3 maravillosa, pero sobre la cual no tiene ning\u00fan derecho hereditario (v\u00e9ase nota referente al tart\u00e1n en el prefacio). Si alguna vez se es-cribe una gram\u00e1tica completa del vestido tendr\u00e1 que ocuparse no s\u00f3lo de estas formas de fraude, sino de otras muchas a las que se enfrentan ling\u00fcistas y especialistas en semi\u00f3tica: la ambig\u00fcedad, el error, el autoenga\u00f1o, la malinterpretaci\u00f3n, la iron\u00eda y la maquinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El vestuario teatral, o el disfraz en el sentido coloquial, es un caso especial de fraude en el vestir, un fraude en el que el p\u00fablico coopera voluntariamente. A veces, no obstante, lo que para un actor no es m\u00e1s que un disfraz provisional acaba formando parte del guardarropa cotidiano de algunos miembros del p\u00fablico. La cultura popular, que tanto ha hecho por dar homogeneidad a nuestra vida, al mismo tiempo ha contribuido, casi parad\u00f3jicamente, a preservare incluso a inventar una vestimenta caracter\u00edstica por medio de una especie de proceso de realimentaci\u00f3n. Imaginemos que un dise\u00f1ador de vestuario le asigna a un actor que est\u00e9 interpretando el papel de un robusto y atractivo mec\u00e1nico un determinado traje parecido a uno que ha visto en un bar de la localidad. Los mec\u00e1nicos aut\u00e9nticos, al ver este programa y otros por el estilo, aceptan inconscientemente este vestuario como caracter\u00edstico, y a \u00e9stos los imitan otros que ni siquiera han visto el programa. Finalmente, la vestimenta se hace habitual y por tanto genuina. A medio camino entre el vestuario teatral y el uniforme se encuentra la ropa ritual, la vestimenta especial que adoptamos para las ceremonias importantes de nuestra vida: nacimiento (la mantilla de bautismo), bodas, funerales y otras ocasiones trascendentales que tambi\u00e9n suelen llevar aparejado un discurso ritual.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">VESTIDOS PARA EL EXITO<\/h2>\n\n\n\n<p>Hay libros y revistas que durante m\u00e1s de cien a\u00f1os se han ocupado en traducir el lenguaje correcto de la moda, diciendo a hombres y mujeres. Las publicaciones dirigidas a quien sol\u00eda denominarse \u00abla mujer de carrera\u00bb le daban consejos sobre c\u00f3mo atraer al \u00abtipo correcto de hombre\u00bb: triunfador, dispuesto a casarse. Con independencia de la moda del momento, siempre se recomendaba una discreta feminidad: tejidos y colores suaves, flores y volantes en modesta profusi\u00f3n, el pelo ligeramente m\u00e1s largo. El vestuario no ha de ser ni demasiado actual (lo que al futuro marido le sugiere gastos) ni estar demasiado pasado (lo que sugiere aburrimiento). Sobre todo, se debe imprimir un delicado equilibrio entre lo recatado y lo seductor, un concepto tendente a no atraer a los hombres y el otro a atraer al tipo de hombre que no conviene. Los tiempos han cambiado algo, y ahora las p\u00e1ginas de moda de revistas como <em>Cosmopolitan<\/em> parecen haberse especializado en decirle a la mujer de carrera lo que ha de ponerse para encandilar al tipo equivocado de hombre que lee Playboy, mientras que desde los art\u00edculos se le explica c\u00f3mo hacer frente al da\u00f1o ps\u00edquico resultante. Dos libritos recientes, <em>Dress for Success y The Woman&#8217;s Dress for Suc<\/em>cess Book, de John T. Molloy, instruyen a hombres y mujeres de negocios sobre c\u00f3mo han de elegir la ropa para dar una impresi\u00f3n de eficacia, autoridad y fiabilidad aun cuando sean incompetentes, d\u00e9biles y falsos. Molloy, que en modo alguno es tonto, sostiene que su \u00abingenie r\u00eda de vestuario\u300b se basa en investigaciones cient\u00edficas y en encuestas de opini\u00f3n. Al autor, apart\u00e1ndose de la tradici\u00f3n, tambi\u00e9n le inter\u00e9s explicar a las mujeres c\u00f3mo promocionarse, no c\u00f3mo casarse. El secreto, al parecer, es llevar un \u00abtraje-chaqueta\u00bb caro pero convencional, de lana, en un tono medio de gris o azul marino y con una blusa decentemente escotada. Nada de jerseys, ni pantalones, ni colores demasiado claros, ni escotes, ni el pelo largo o excesivamente rizado. Cualquiera que est\u00e9 interesado en la variedad esc\u00e9nica deber\u00eda desear que Molloy estuviese equivocado; pero mi propia encuesta de opini\u00f3n, desgraciadamente, le da la raz\u00f3n. Una ejecutiva en r\u00e1pido ascenso en un banco local me dice de mala gana-que \u00ablos trajes ayudan a distinguir a las mujeres de las muchachas; siempre que las mujeres est\u00e9n dispuestas a tolerar tal distinci\u00f3n, que \u00e9se es otro tema\u00bb.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En nuestra cultura el inocente intercambio de ropas es m\u00e1s habitual entre las adolescentes, que de esta forma afirman no s\u00f3lo su amistad sino tambi\u00e9n su identidad, igual que lo hacen usando el mismo argot y expresando las mismas ideas. 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