{"id":1057,"date":"2026-01-13T07:07:00","date_gmt":"2026-01-13T07:07:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1057"},"modified":"2026-01-12T14:10:22","modified_gmt":"2026-01-12T14:10:22","slug":"el-hombre-victoriano-y-su-barba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/el-hombre-victoriano-y-su-barba\/","title":{"rendered":"EL HOMBRE VICTORIANO Y SU BARBA"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rich-man-with-beard-thinking-about-business-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1058\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rich-man-with-beard-thinking-about-business-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rich-man-with-beard-thinking-about-business-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rich-man-with-beard-thinking-about-business-768x512.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rich-man-with-beard-thinking-about-business-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rich-man-with-beard-thinking-about-business-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/rich-man-with-beard-thinking-about-business-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Conforme pasaron los a\u00f1os, los estilos para ambos sexos fueron madurando gradualmente, siendo los hombres quienes en un primer momento llevaron la delantera de forma considerable. Ya hacia mediados de siglo hab\u00edan comenzado a abandonar sus coloridos pa\u00f1uelos de cuello, sus elegantes abrigos ajustados al cuerpo, sus ce\u00f1idos pantalones y sus escarpines planos. Durante la \u00faltima parte del siglo no era ninguna desgracia ser gordo, y la frase \u00abun hombre de elegante figura\u00bb implicaba dimensiones que hoy en d\u00eda sugerir\u00edan una tendencia a ser indulgente con uno mismo y un inminente ataque al coraz\u00f3n. Tambi\u00e9n empezaron a imponerse los colores m\u00e1s oscuros, y a mediados de siglo el negro era el \u00fanico color respetable para un traje de noche respetable. En p\u00fablico el hombre elegante sol\u00eda llevar un bast\u00f3n o un paraguas como signo de su poder masculino y su autoridad. Cuando hac\u00eda fr\u00edo se pon\u00eda un pesado abrigo que a menudo pesaba a\u00fan m\u00e1s de lo normal porque se le a\u00f1ad\u00edan una o m\u00e1s esclavinas; a veces esta indumentaria era tan larga y tan amplia que recordaba a la t\u00fanica tradicionalmente asociada con la vejez y la autoridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los barbudos eran tan raros que en 1794 para una dama de Filadelfia era tan asombroso ver por las calles de aquella ciudad un elefante como dos hombres con barba juntos. La barba abundante, especialmente la barba sin arreglar, era un signo de extrema vejez y\/o de descuido y excentricidad; posiblemente incluso de locura, como la espesa barba blanca que llev\u00f3 el rey Jorge III durante los \u00faltimos a\u00f1os de su vida. En la historia de Washington Irving, la barba gris hasta los pies de Rip Van Winkle es lo primero que llama la atenci\u00f3n a sus antiguos vecinos cuando despierta de su largo sue\u00f1o: Todos lo miraron con iguales muestras de sorpresa y, siempre que apartaban la vista de \u00e9l, invariablemente se acariciaban la barbilla. Y cuando regresa al pueblo: Una cuadrilla de extra\u00f1os ni\u00f1os le segu\u00eda de cerca, abuche\u00e1ndole a sus espaldas y se\u00f1alando su barba gris. Los perros, tambi\u00e9n, le ladraban al pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>El ostracismo o penas a\u00fan peores sol\u00edan ser el destino que aguardaba a cualquiera que se empecinase en no afeitarse. En 1830, por ejempla cuando un hombre con barba de nombre Joseph Palmer se trals.Ia palabra. Le rompieron los cristales y los ni\u00f1os le tiraban piedras cuando guir llevando su barba le neg\u00f3 la comuni\u00f3n. Finalmente, Palmer fe ron la espalda e intentaron afeitarlo por la fuerza; \u00e9l sac\u00f3 un cuchillo y repeli\u00f3 el ataque. Como resultado, Palmer (no sus asaltantes) fue arrestado y enviado a prisi\u00f3n por un a\u00f1o. Pero mientras Joseph Palmer se consum\u00eda en la c\u00e1rcel (a\u00fan testarudamente barbado), se produjeron algunos signos de que el clima empezaba a cambiar. Ya en la d\u00e9cada de 1800 unos pocos hombres se hab\u00edan dejado crecer unas discretas patillas, y hacia las d\u00e9cadas de 1820 y1830algunas de estas patillas, como las del novelista ingl\u00e9s Edward Bulwer. Lytton y las de su amigo el conde Alfred d&#8217;Orsay, hab\u00edan comenzado a deslizarse poco a poco la una al encuentro de la otra para encontrarse furtivamente debajo de la barbilla. En 1852 la revista <em>Tait&#8217;s Edinburgh<\/em> <em>Magazine<\/em> vaticin\u00f3 el retorno de las barbas, y durante los a\u00f1os siguientes las publicaciones brit\u00e1nicas y norteamericanas comenzaron a recomendarlas, se\u00f1alando que no s\u00f3lo la Biblia sino tambi\u00e9n la \u300aNaturaleza\u00bb y la \u00abSalud\u00bb las recomendaban.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, de repente, a ambos lados del Atl\u00e1ntico, hombres de todas las edades y profesiones empezaron a dejarse crecer el pelo facial; hacia 1860 cualquier reuni\u00f3n p\u00fablica pod\u00eda mostrar una floreciente cosecha de barbas, mostachos y patillas (que m\u00e1s tarde se conocieron con el nombre de <em>sideburns<\/em> en honor del general Ambrose Burnside, el h\u00e9roe de la guerra civil, que las luc\u00eda muy exuberantes). Unos autores lo han atribuido a la influencia de la guerra de Crimea y\/o de la guerra civil norteamericana, cuando a los soldados les resultaba dif\u00edcil afeitarse regularmente en el campo de batalla. Aunque esto quiz\u00e1 pudo contribuir a alentar la nueva moda, hay que se\u00f1alar que el barbas no se hicieron populares durante otras guerras anteriores, en las que afeitarse deb\u00eda de resultar igual de dif\u00edcil. Tambi\u00e9n se ha sugerido que los norteamericanos estaban imitando al presidente Lincoln; sin embargo, Lincoln no se dej\u00f3 la barba hasta 1860, momento en que muchos de sus contempor\u00e1neos ya la llevaban. Sea cual fuere su causa inmediata, la barba ven\u00eda bien a la imagen hab\u00eda sido reemplazado por la s\u00f3lida prosperidad victoriana, y la misma Victoria no era ya una delgada jovencita sino una matrona gordezuela. A muchas autoridades les pareci\u00f3 que estos pr\u00f3speros patriarcas necesitaban y merec\u00edan las barbas. Seg\u00fan la <em>Westminster Review<\/em> de 1854,la barba siempre se hab\u00eda \u00abidentificado con la severidad, la dignidad y la fuerza\u00bb (todas ellas cualidades positivas en esos momentos) y era el \u00ab\u00fanico complemento favorecedor de la aut\u00e9ntica masculinidad\u00bb. Una gu\u00eda norteamericana de la etiqueta,<em> The Illustrated Book <\/em>of<em> Manners,<\/em> a\u00fan lo dec\u00eda m\u00e1s rotundamente: &#8230;la barba corrida es lo m\u00e1s natural, m\u00e1s c\u00f3modo, m\u00e1s saludable, m\u00e1s expresivo, dignificado y hermoso&#8230; La naturaleza dio al hombre una barba para su uso y su belleza&#8230; Los dioses y los h\u00e9roes llevaban barba&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Hist\u00f3ricamente, el reinado universal de la barba fue breve. A principios de la d\u00e9cada de 1880 comenz\u00f3 a desaparecer, o m\u00e1s bien a encogerse. Como por obra de un lento proceso de deforestaci\u00f3n, el bosque qued\u00f3 reducido a simples parcelas de matorrales: patillas y especialmente mostachos, algunos de ellos verdaderamente exuberantes. Desde alrededor de 1890 hasta 1920, a la mayor\u00eda de los hombres norteamericanos y brit\u00e1nicos les sali\u00f3 pelo solamente sobre el labio superior. Las razones para este cambio est\u00e1n poco claras. El bigote, como la barba, tiende a envejecer, aunque no demasiado. Tambi\u00e9n sugiere dignidad y autoridad; sin embargo, no parece tener relaci\u00f3n con las ideas de patriarcado, sabidur\u00eda o fe religiosa. Quiz\u00e1, conforme menguaba la estabilidad y el tama\u00f1o de la familia victoriana, con el descenso del \u00edndice de natalidad y la creciente participaci\u00f3n de las mujeres en la fuerza de trabajo, ya casi no hab\u00eda hombres que quisieran parecer. El Padre de Todos Nosotros.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conforme pasaron los a\u00f1os, los estilos para ambos sexos fueron madurando gradualmente, siendo los hombres quienes en un primer momento llevaron la delantera de forma considerable. Ya hacia mediados de siglo hab\u00edan comenzado a abandonar sus coloridos pa\u00f1uelos de cuello, sus elegantes abrigos ajustados al cuerpo, sus ce\u00f1idos pantalones y sus escarpines planos. 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