{"id":1197,"date":"2026-02-17T07:57:00","date_gmt":"2026-02-17T07:57:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1197"},"modified":"2026-02-14T00:58:38","modified_gmt":"2026-02-14T00:58:38","slug":"consumo-vicario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/consumo-vicario\/","title":{"rendered":"CONSUMO VICARIO"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"683\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-683x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1198\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-683x1024.jpg 683w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-200x300.jpg 200w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-768x1152.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-1024x1536.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-1365x2048.jpg 1365w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-8x12.jpg 8w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/back-view-woman-carrying-eco-bag-with-organic-products-scaled.jpg 1707w\" sizes=\"(max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En el siglo XIX, como se\u00f1al\u00f3 Veblen en <em>The Theory <\/em>of<em> the<\/em> Leisure Class, los hombres se vieron aliviados de la necesidad de exhibir su riqueza por medio de ropa cara, derrochadora e inc\u00f3moda; lo que hac\u00edan era delegar esta tarea en sus esposas e hijas. Las mujeres se convirtieron en los veh\u00edculos de lo que Veblen llam\u00f3 Ostentaci\u00f3n Vicaria, y cuanto m\u00e1s rico era un hombre m\u00e1s lujosas e inc\u00f3modas ser\u00edan las ropas de sus parientes de sexo femenino, y posiblemente de su amante. La mujer victoriana y educar\u00edan rica era un objeto rebuscado y caro. R\u00edgidamente encorsetada y con hasta diez enaguas debajo de su larga falda, necesitaba altura y fuerza muscular para llevar una indumentaria que con frecuencia pesaba m\u00e1s de cinco kilos, sin contar un sombrero lleno de flora y de fauna, un manguito, un bolso y un parasol con volantes. Desde alrededor de 1880, sobre un cuello alto y ce\u00f1ido elevaba la barbilla en un \u00e1ngulo que suger\u00eda orgullo cuando no desprecio, y hac\u00eda que le resultase m\u00e1s dif\u00edcil dirigir la mirada a los mortales inferiores; tambi\u00e9n contribu\u00eda a ocultar la papada que a menudo acompa\u00f1aba a la rellena silueta de finales de la \u00e9poca victoriana. Hoy muchas mujeres especialmente las que carecen de empleo remunerado a\u00fan sirven de veh\u00edculos para la Ostentaci\u00f3n Vicaria, como les exhortan a hacer los intereses comerciales en anuncios que animan a sus lectoras a \u00abhacer que \u00e9l se sienta orgulloso de \u00aborgulloso de que lo vean contigo\u00bb. Se han hecho ciertas concesiones a la emancipaci\u00f3n femenina, y se suelen evitar los extremos de la incomodidad. Pero que anuncia la riqueza de su marido es m\u00e1s pesado y m\u00e1s dif\u00edcil de madera oro y diamantes son una constante invitaci\u00f3n al asalto y el asesinato. El Consumo Vicario por parte de los varones es mucho m\u00e1s raro, pues se suele pensar que rebaja el status de quienes lo practican. Sin embargo, en ocasiones se puede ver en ciertos lugares a un apuesto joven cuyo elegante traje realza la riqueza de alguna mujer no tan atractiva, o m\u00e1s a menudo de un hombre, que lo acompa\u00f1an. Como se\u00f1ala Veblen, el Consumo Vicario nunca se ha limitado a los seres queridos oficiales y no oficiales de un individuo de alta posici\u00f3n social. Desde muy antiguo, los ricos y la realeza han delegado la tarea de exhibir la riqueza en sus sirvientes adem\u00e1s de en sus parientes.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">AFRENTA OSTENTOSA<\/h2>\n\n\n\n<p>Quentin Bell, cuyo fascinante estudio <em>On Human Finery<\/em> da la raz\u00f3n a Veblen al designar la competici\u00f3n econ\u00f3mica como la principal fuerza que opera tras las vicisitudes de la moda, ha sugerido que a las categor\u00edas de Consumo, Derroche y Ocio Ostentosos habr\u00eda que a\u00f1adir la Afrenta Ostentosa, o el uso deliberado de ropa que no se ajusta a las normas del \u00abbuen gusto\u00bb. Su eficacia obedece a la regla que sostiene que cuanto m\u00e1s importante es un acto para los participantes, m\u00e1s cuidadoso y formal ser\u00e1 su vestido. En las entrevistas de selecci\u00f3n de personal, por ejemplo, el futuro jefe puede, si as\u00ed lo desea, aparecer vestido con pantalones sport y un jersey; los candidatos, aunque sean de una posici\u00f3n social superior, han de ir con traje o vestido. A veces la importancia relativa de un acto para los diferentes participantes es m\u00e1s ritual que econ\u00f3mica, como por ejemplo en una boda, donde las vestimentas van desde las sofisticadas indumentarias de los contrayentes hasta las menos formales de los parientes lejanos o los simples conocidos. El amigo que, cr\u00edtico con este enlace o con el matrimonio en general, acude a la ceremonia con unos vaqueros descoloridos y una camisa vieja de franela est\u00e1 practicando la Afrenta Ostentosa. La misma regla hace que acudamos a fiestas dadas por personas que consideramos inferiores se lleva a un punto en que nuestro desprecio hacia el acontecimiento tosa. Una estratagema similar la adoptan tambi\u00e9n frecuentemente y consumo, el derroche y el ocio. No es un insulto directo lo que aqu\u00ed se pretende, sino una simple evasi\u00f3n de los \u00abc\u00e1nones pecuniarios del gusto\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las personas que deciden practicar la Afrenta Ostentosa tienen que estar seguras, por supuesto, de que se las va a reconocer al instante en el acontecimiento en cuesti\u00f3n. Si no es as\u00ed, corren el riesgo de que los expulsen bruscamente de la fiesta quienes piensen que se han colado en ella para beber gratis. Una vez vi c\u00f3mo casi le pas\u00f3 esto a una estrella del rock con barba de dos d\u00edas y una camiseta llena de manchas que, por razones de amistad adolescente mezcladas, todo hay que decirlo, con un desprecio total por el asunto, acudi\u00f3 a la fiesta de un sofisticado autor. Su error fue asumir que su cara ser\u00eda tan conocida en el mundo literario como en el de la industria musical. El uso de la ropa afrentosa con el fin principal de atraer la atenci\u00f3n negativa para molestar y ofender tambi\u00e9n puede ser en alg\u00fan sentido una reivindicaci\u00f3n de status. El punk adolescente, con su camiseta rasgada y mugrienta, y su equivalente formal, el<em> punk<\/em> <em>rocker<\/em> con su camiseta con rasgaduras artificiales y serigrafiada con una representaci\u00f3n simb\u00f3lica de la suciedad en forma de palabrotas, pueden ser admirados por sus iguales y quiz\u00e1 por nosotros mismos. Adem\u00e1s, quienes usan tales ropas son con frecuencia personas de bajo status y de poco poder, para quienes el hecho de que se fijen en ellos ya es una mejora.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el siglo XIX, como se\u00f1al\u00f3 Veblen en The Theory of the Leisure Class, los hombres se vieron aliviados de la necesidad de exhibir su riqueza por medio de ropa cara, derrochadora e inc\u00f3moda; lo que hac\u00edan era delegar esta tarea en sus esposas e hijas. 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