{"id":1245,"date":"2026-02-25T07:16:00","date_gmt":"2026-02-25T07:16:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1245"},"modified":"2026-02-23T15:17:31","modified_gmt":"2026-02-23T15:17:31","slug":"ocio-ostentoso-incomodidad-e-inutilidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/ocio-ostentoso-incomodidad-e-inutilidad\/","title":{"rendered":"OCIO OSTENTOSO: INCOMODIDAD E INUTILIDAD"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"684\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/portrait-fabulous-drag-queen-drinking-wine-1024x684.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1246\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/portrait-fabulous-drag-queen-drinking-wine-1024x684.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/portrait-fabulous-drag-queen-drinking-wine-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/portrait-fabulous-drag-queen-drinking-wine-768x513.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/portrait-fabulous-drag-queen-drinking-wine-1536x1025.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/portrait-fabulous-drag-queen-drinking-wine-2048x1367.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/portrait-fabulous-drag-queen-drinking-wine-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Hace mucho, mucho tiempo, el ocio era mucho m\u00e1s ostentoso de lo que suele ser hoy. La historia del traje europeo es rica en estilos con los que era literalmente imposible realizar cualquier actividad productiva: mangas que arrastraban por el suelo; pelucas rizadas y empolvada. La ropa de hombre se volvi\u00f3, y lo ha seguido siendo desde entonces, moderadamente c\u00f3moda. La moda de mujer, por su parte, despu\u00e9s de diez a\u00f1os escasos de comodidad y sencillez, r\u00e1pidamente se volvi\u00f3 pesada una vez m\u00e1s y as\u00ed sigui\u00f3 durante los cien a\u00f1os siguientes. Hoy en d\u00eda, la ropa de la clase media urbana, aunque no suele causar dolor, entorpece cualquier tipo de actividad excepto las que menos esfuerzo demandan. Es dif\u00edcil correr o trepar con un traje de calle y unos zapatos de suela fina; y la camisa blanca o en colores p\u00e1lidos, tan f\u00e1cil de ensuciar que significa que se debe liberar de tener que realizar trabajo manual, corre el constante peligro de poner en evidencia quien la lleva con unos pu\u00f1os llenos de mugre o con el cuello sucio. El traje de la mujer de ciudad es igual de inc\u00f3modo. Habr\u00eda que se\u00f1alar, sin embargo, que la incomodidad puede ser una ventaja en algunas situaciones. Una amiga que realiza a menudo investigaciones hist\u00f3ricas en bibliotecas me dice que siempre se pone de punta en blanco para ello. Si los bibliotecarios ven que sus altos tacones, su elegante traje claro y la blusa de encaje le impiden buscar en las estanter\u00edas los pesados vol\u00famenes de documentos y de peri\u00f3dicos viejos que necesita, ser\u00e1n ellos quienes lo hagan y se los llevar\u00e1n hasta su mesa quit\u00e1ndoles el polvo por el camino. Si lleva un jersey, pantalones informales y zapatos probablemente tambi\u00e9n funcionaria con un hombre de mediana edad o un anciano.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">AUGE Y CAIDA DEL TRAJE SACO<\/h2>\n\n\n\n<p>Ya han pasado casi doscientos a\u00f1os desde las manifestaciones m\u00e1s extremas del Ocio Ostentoso en la ropa de hombre, pero este principio, de forma modificada, sigue separando a los hombres de cuello blanco de los de cuello azul.* Aunque la camisa pueda ser ahora de color azul claro, beige o a rayas, el<em> status<\/em> \u00abde cuello blanco\u00bb a\u00fan viene se\u00f1alado por el traje de saco, que se generaliz\u00f3 a mediados del siglo XIX, cuando la clase media se hab\u00eda vuelto en gran medida urbana y sus ocupaciones mayoritariamente sedentarias. Como ya apuntamos, el traje de saco es una especie de indumentaria de camuflaje: imita los colores y las formas del paisaje urbano. Cuando est\u00e1n bien hechos, la chaqueta amplia de corte recto y los pantalones de tubo tienen tambi\u00e9n una funci\u00f3n de camuflaje personal: ocultar la suave barriga y las piernas flacas caracter\u00edsticas de las personas inactivas que ya han dejado de ser j\u00f3venes. El traje de saco, como ha se\u00f1alado recientemente John Berger, no s\u00f3lo favorece al inactivo, tambi\u00e9n deforma al trabajador. Se dise\u00f1\u00f3 para hombres que hac\u00edan poco o ning\u00fan trabajo f\u00edsico y que por tanto eran altos en relaci\u00f3n con su anchura; acomodaba y realzaba los gestos propios de actividades como caminar, sentarse, hablar y escribir, pero no los de correr, levantar o arrastrar pesos y excavar. Adem\u00e1s, como se arrugaba y se manchaba con facilidad, exig\u00eda que se usase en lugares cerrados o por las calles de la ciudad. Cuando hombres f\u00edsicamente activos de hombros y pecho anchos y m\u00fasculos bien desarrollados se pon\u00edan versiones baratas del traje de saco parec\u00edan malformados, deformes incluso: como dice Berger, parec\u00edan \u00abdescoordinados, patizambos, piernicortos, celibatos&#8230; bastos, torpes, brutotes\u00bb. Hoy el trabajo f\u00edsico agotador y la constituci\u00f3n corporal asociada con \u00e9l son menos frecuentes, pero el mismo efecto animalizados se produce siempre que un futbolista profesional o un luchador se pone un traje de confecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El triunfo del traje de saco hizo que el hombre \u00abde cuello azul, vestido con su mejor ropa estuviese en absoluta desventaja en cualquier confrontaci\u00f3n formal con sus \u00absuperiores\u00bb. Esta inferioridad estrat\u00e9gica a\u00fan se puede apreciar en las negociaciones entre sindicatos y empresarios, en las oficinas bancarias y casas de pr\u00e9stamos y siempre que un obrero visita un centro oficial. Tambi\u00e9n, puesto que el traje deforma al atleta y disfraza a la persona sin car\u00e1cter, puede dar a este \u00faltimo una ventaja inmerecida en la competici\u00f3n sexual. Sin embargo, no todas las situaciones sociales admiten el traje de saco: imaginemos, por ejemplo, a un bur\u00f3crata saliendo de su s\u00f3tano inundado en un estado de goma y resistente e impecable ropa de faena sin el indicio de deterioro. \u00daltimamente el traje de saco parece estar perdiendo terreno, esperanza, el periodismo y la arquitectura. Quiz\u00e1 este cambio tenga que pos en\u00e9rgicos como correr y jugar al tenis que deportes ambulantes como el golf y la caza. Han aparecido nuevos estilos para adaptarse al hombre que poco a poco ha ido desarrollando su musculatura y ya no necesita esconder la tripa. El oficinista poco atl\u00e9tico que luzca estos modelos corre, no obstante, un riesgo: de pronto se puede encontrar, d\u00e9bil y regordete, con sus ce\u00f1idos pantalones de dise\u00f1o y su camisa de sport, esperando (\u00e9l y, si adem\u00e1s tiene mala suerte, tambi\u00e9n su novia) a que alg\u00fan mec\u00e1nico apuesto y atractivo diagnostique lo que le pasa a su coche.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace mucho, mucho tiempo, el ocio era mucho m\u00e1s ostentoso de lo que suele ser hoy. La historia del traje europeo es rica en estilos con los que era literalmente imposible realizar cualquier actividad productiva: mangas que arrastraban por el suelo; pelucas rizadas y empolvada. 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