{"id":1379,"date":"2026-04-16T07:30:00","date_gmt":"2026-04-16T07:30:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1379"},"modified":"2026-04-16T16:31:45","modified_gmt":"2026-04-16T16:31:45","slug":"fragilidad-romantica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/fragilidad-romantica\/","title":{"rendered":"FRAGILIDAD ROM\u00c1NTICA"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/still-life-metaphorical-roses-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1380\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/still-life-metaphorical-roses-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/still-life-metaphorical-roses-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/still-life-metaphorical-roses-768x512.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/still-life-metaphorical-roses-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/still-life-metaphorical-roses-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/still-life-metaphorical-roses-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a principios del siglo XIX apareci\u00f3 un nuevo ideal femenino. Se redefini\u00f3 a las mujeres como seres a mitad de camino entre los ni\u00f1os y los \u00e1ngeles: criaturas d\u00e9biles, t\u00edmidas e inocentes de nervios sensibles y pudor vulnerable que s\u00f3lo pod\u00edan estar verdaderamente seguras y felices bajo la protecci\u00f3n de un hombre. Se admiraba la ligereza y la fragilidad f\u00edsicas, y lo que por entonces se llamaba \u00absalud robusta \u201cse consideraba burdo y de clase baja. La palidez y la delicadeza, sonrojarse y desmayarse f\u00e1cilmente y estar tirada por los sof\u00e1s era cosa de damas; la fuerza y el vigor eran caracter\u00edsticas de criadas vulgares de mejillas sonrosadas y ancha cintura y de trabajadoras de f\u00e1bricas. Cuanto m\u00e1s in\u00fatil y desvalida pareciese una mujer, m\u00e1s alta se supon\u00eda su posici\u00f3n social y m\u00e1s elegante y bella se la percib\u00eda. Las modas de principios del siglo XIX estaban dise\u00f1adas para dar un aspecto de fr\u00e1gil inmadurez. Pon\u00edan de relieve la debilidad de la estructura y de la sustancia mediante el uso de colores p\u00e1lidos y tejidos delicados y f\u00e1ciles de estropear. M\u00e1s inquietante era el hecho de que estas ropas perpetuaban la encantadora mala salud de quienes las luc\u00edan al obligarlas a llevar zapatillas de suela fina y vestidos escotados de manga corta hechos de muselina semitransparente. Cuando se usabre y los dolores de garganta que son tan frecuentes en las novelas de Jane Austen y de las hermanas Bront\u00eb; viendo los retratos de la \u00e9poca, no es de extra\u00f1ar que la tisis fuese la enfermedad m\u00e1s temida de aquel entonces.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LA MODA DE LA DEBILIDAD: EL CORS\u00c9<\/h2>\n\n\n\n<p>Hacia la d\u00e9cada de 1830, las modas de mujer ofrec\u00edan algo m\u00e1s de protecci\u00f3n contra el clima, pero siguieron sugiriendo y foment\u00e1ndola fragilidad f\u00edsica. La indumentaria de principios de la \u00e9poca victoriana no s\u00f3lo hizo a las mujeres<em> parecer<\/em> d\u00e9biles y desvalidas. El principal agente de esta debilidad, como han se\u00f1alado muchos autores, fue el cors\u00e9, que por entonces se ve\u00eda no como una simple moda sino como una necesidad f\u00edsica. La \u00abestructura\u00bb de las damas, se pensaba, era extremadamente fr\u00e1gil: sus m\u00fasculos no pod\u00edan mantenerlas en pie sin ayuda. Como otras muchas creencias de tal \u00edndole, \u00e9sta ten\u00eda que hacerse realidad por obligaci\u00f3n. A las ni\u00f1as bien educadas, con la mejor de las intenciones, las comprim\u00edan en versiones juveniles del cors\u00e9 a la temprana edad de tres o cuatro a\u00f1os. Gradual pero incesantemente, sus cors\u00e9s se iban haciendo m\u00e1s largos, m\u00e1s r\u00edgidos y m\u00e1s ce\u00f1idos. Al llegar al final de la adolescencia iban metidas en jaulas de pesada lona reforzada con barba de ballena o acero. Como consecuencia la mujer que iba vestida a la moda se sonrojaba y se desmayaba con facilidad, sufr\u00eda de falta de apetito y de molestias digestivas, y se sent\u00eda d\u00e9bil y cansada al hacer un esfuerzo excesivo. Cuando se quitaba el cors\u00e9 la espalda empezaba a dolerle enseguida, y a veces segu\u00eda sin poder respirar bien porque hab\u00eda tenido las costillas oprimidas durante mucho tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre esta debilitadora prenda de base la mujer victoriana llevaba varias capas de camisones, tres o cuatro enaguas m\u00e1s, un miri\u00f1aque y un vestido largo que pod\u00eda llevar hasta veinte metros de gruesa lana o seda y que con frecuencia tambi\u00e9n iba emballenado en el corpi\u00f1o llevando adornos adicionales de tela, cinta y abalorios. En total pod\u00eda llevar entre cinco y quince kilos de ropa; un escritor de la \u00e9poca, pensando que esto era una carga excesiva, suger\u00eda un peso de tres kilos como el m\u00ednimo para una mujer respetable. Pero incluso con todo este peso a la espalda la dama victoriana no iba protegida contra el clima, pues la moda (especialmente la moda de noche). Pero entonces las damas no \u00abandaban\u300b, pues en el discurso educado no ten\u00edan piernas m\u00e1s bien se \u300adeslizaban\u300bo se \u00abdesplazaban\u00bb por el suelo como una aspiradora, y por supuesto no corr\u00edan. En una emergencia lo apropiado era desmayarse, confiarse a la protecci\u00f3n del caballero m\u00e1s cercano.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s importante a\u00fan que la justificaci\u00f3n m\u00e9dica del cors\u00e9 era su justificaci\u00f3n social. Una dama pod\u00eda ser pura e inocente, por supuesto, pero esa pureza e inocencia s\u00f3lo se pod\u00edan conservar con vigilancia constante. Por tanto, no deb\u00eda ir a la universidad ni ejercer una profesi\u00f3n; no deb\u00eda viajar sin una dama de compa\u00f1\u00eda; no deb\u00eda visitar las habitaciones de un hombre; y no deb\u00eda ver ninguna obra de teatro ni leer ning\u00fan libro que pudiera encender su imaginaci\u00f3n: hasta Shaler. Pese a esta protecci\u00f3n, la mujer de principios de la \u00e9poca victoriana hombre y de su propia debilidad. Necesitaba estar al mismo tiempo mente reforzada, que har\u00eda del acto de desvestirse un proceso dif\u00edcil y demasiado largo. Pese a tan grueso blindaje contra un ataque frontal, la mujer de mediados de la \u00e9poca victoriana a menudo era f\u00e1cilmente accesible desde otra direcci\u00f3n, puesto que no llevaba ropa interior como la moderna. Si quer\u00eda pod\u00eda ponerse lo que se llamaban \u00abcalzones\u00bb ropa interior ancha compuesta de dos secciones independientes, unidas s\u00f3lo por la cintura y por lo dem\u00e1s completamente abierta, pero \u00e9stos confer\u00edan m\u00e1s<em> status<\/em> que protecci\u00f3n. Aunque esto dejaba a la dama victoriana embarazosamente expuesta en caso de accidentes, la ropa interior cerrada se consideraba indecente porque imitaba la de hombre. Las feministas victorianas llamaron m\u00e1s tarde la atenci\u00f3n sobre esta contradicci\u00f3n: la doctora Mary Walker, por ejemplo, se\u00f1al\u00f3 que \u00absi los hombres fuesen realmente lo que profesan ser no obligar\u00edan a las mujeres a vestir de tal manera que las facilidades para el vicio fuesen siempre tan asequibles\u00bb.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin embargo, a principios del siglo XIX apareci\u00f3 un nuevo ideal femenino. 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