{"id":1385,"date":"2026-04-21T07:36:00","date_gmt":"2026-04-21T07:36:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1385"},"modified":"2026-04-21T13:38:17","modified_gmt":"2026-04-21T13:38:17","slug":"la-mujer-superficialmente-liberada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/la-mujer-superficialmente-liberada\/","title":{"rendered":"LA MUJER SUPERFICIALMENTE LIBERADA"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/low-angle-woman-meditating-outside-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1386\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/low-angle-woman-meditating-outside-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/low-angle-woman-meditating-outside-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/low-angle-woman-meditating-outside-768x512.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/low-angle-woman-meditating-outside-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/low-angle-woman-meditating-outside-2048x1366.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/low-angle-woman-meditating-outside-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>La m\u00e1s convencional mujer de finales de la \u00e9poca victoriana y de lejos de lo que seg\u00fan los criterios actuales se considera una mujer liberada. Aunque su aspecto era regio, como le sucedi\u00f3 a casi todo el re restricciones. A menudo se la llamaba \u00abdivina\u201d, y como es costumbre con las diosas, se la pon\u00eda en un pedestal, que es un lugar inc\u00f3modo si aparte de dejar que te veneren quieres hacer algo m\u00e1s. Si te mueves lo m\u00e1s m\u00ednimo corres el riesgo de caerte, de convertirte, seg\u00fan la frase popular en aquella \u00e9poca, en una \u00abmujer ca\u00edda\u00bb. El feminismo de la primera generaci\u00f3n, como han se\u00f1alado los historiadores del vestido, no liber\u00f3 a la mayor\u00eda de las mujeres de las voluminosas y engoladas ropas de la \u00e9poca. En muchos sentidos, las modas femeninas de aquel tiempo eran de hecho m\u00e1s agobiantes que las de mediados de siglo. Antes el cors\u00e9 acababa en la cintura o justo por debajo de ella, dando as\u00ed acomodo a los muchos embarazos de la mujer de principios del periodo victoriano. Ahora los avances de la medicina hab\u00edan hecho descender la mortalidad infantil, y ya no era necesario ni estaba de moda tener muchos hijos. El cors\u00e9 tardo victoriano se alarg\u00f3 hasta medio muslo, restringiendo dr\u00e1sticamente la locomoci\u00f3n. Poco a poco comenz\u00f3 a empujar el pecho hacia adelante y las caderas hacia atr\u00e1s, creando la silueta en forma de ese con su mono pechera ca\u00edda y su mono trasero saliente. Sobre el cors\u00e9 se llevaba un cubrecors\u00e9, una camisola, varias enaguas y vestidos con faldas que arrastraban por el suelo y colas. Todas estas prendas iban ricamente adornadas con encaje, volantes, alforzas, cintas y bordados, y estaban en continuo peligro de arrugarse o mancharse. La mujer normal que ten\u00eda un trabajo u opiniones independientes pod\u00eda llevar, en lugar de un vestido largo con adornos de encaje, un traje de lana o de hilo de corte m\u00e1s sencillo (el traje sastre) con una blusa, una corbata y un canoti\u00e9 de paja imitando los de hombre. Pero esta imitaci\u00f3n era superficial. Debajo de la ropa el cors\u00e9 era igual de inc\u00f3modo y restrictivo que siempre, y cuando levantaba su pesada falda mostraba un batiburrillo de finas enaguas y medias de encaje. El mensaje de esta indumentaria estaba claro: la supuesta eficacia o la fuerza intelectual \u00abmasculinas\u00bb eran s\u00f3lo externas; por debajo, la mujer segu\u00eda perteneciendo al sexo m\u00e1s d\u00e9bil. Sin embargo, llevar este tipo de ropa no significaba necesariamente aceptaci\u00f3n del<em> statu <\/em>quo. Algunas famosas por su elegancia. Esta estratagema se utiliz\u00f3 tambi\u00e9n durante la segunda oleada de la liberaci\u00f3n de la mujer, por parte de Gloria Steinem, entre otras.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LA CHICA MODERNA<\/h2>\n\n\n\n<p>A principios del siglo XX se lograron avances sustanciales en la re-forma del vestido. Lentamente, las mujeres empezaron a liberarse de la obligaci\u00f3n de actuar como anuncios ambulantes de su propio desamparo y de la riqueza de sus parientes varones. (Sin embargo, la lucha fue ardua y de ning\u00fan modo ha concluido.) Hubo tambi\u00e9n un relajamiento gradual del cors\u00e9 y una subida de la falda, que dej\u00f3 ver la Una vez que a las mujeres les result\u00f3 m\u00e1s f\u00e1cil respirar y ya no ten\u00edan cola con la que tropezar, estaban en mejor situaci\u00f3n de participar en los deportes. Algunas, aunque a nuestros ojos a\u00fan en condiciones de absurda desventaja, entraron en la competici\u00f3n profesional. A finales de la primera guerra mundial la ropa de mujer era ya relativamente poco restrictiva, pero a\u00fan estaba condicionada por el sexo y de ning\u00fan modo era tan c\u00f3moda como la de hombre. Se produjeron diversos intentos contrarrevolucionarios-particularmente, la introducci\u00f3n de la falda tubo, pero por lo general no prosperaron. Sin embargo, como en to-dos los periodos de transici\u00f3n, constituyeron una gu\u00eda \u00fatil sobre las opiniones pol\u00edticas y sociales de las mujeres que las llevaban. La ropa de los a\u00f1os veinte se pens\u00f3 que representaba la m\u00e1xima libertad para las mujeres, y ciertamente fue un alivio para cualquiera que tuviese la edad suficiente para haber llevado los estilos de veinte a\u00f1os antes. Sobre todo, esta ropa redujo dr\u00e1sticamente el tiempo que hab\u00eda que dedicar a lavarla, plancharla, arreglarla y simplemente a vestirse y desvestirse. La mujer que se cort\u00f3 el pelo que antes le llegaba hasta la cintura, por ejemplo, se ahorraba varias horas a la semana que antes empleaba en cepillarlo, lavarlo y secarlo, trenzarlo por la noche y hacerse un copete mont\u00e1ndolo sobre estructuras de tela met\u00e1lica y pelo postizo todas las ma\u00f1anas. Los vestidos de los a\u00f1os veinte a menudo llevaban cuellos o corbatas de ni\u00f1o, pero no eran m\u00e1s que toques divertidos para una indumentaria indudablemente femenina: declaraban que quien los llevaba ten\u00eda el encanto de un muchacho, pero que no era un muchacho. Las anda-nadas de los cr\u00edticos de la \u00e9poca contra las mujeres hombrunas y los a\u00f1os veinte hombres y mujeres se parecen muchos, pero esto se debe entre ambos sexos es menos pronunciada. Incluso con su cuello Buster chica de una generaci\u00f3n antes, con su camisa y su corbata tan masculina falda, sus medias de seda y sus escarpines proclaman que b\u00e1sicamente es una mujer.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La m\u00e1s convencional mujer de finales de la \u00e9poca victoriana y de lejos de lo que seg\u00fan los criterios actuales se considera una mujer liberada. Aunque su aspecto era regio, como le sucedi\u00f3 a casi todo el re restricciones. 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