{"id":1392,"date":"2026-04-22T07:42:00","date_gmt":"2026-04-22T07:42:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1392"},"modified":"2026-04-22T13:43:37","modified_gmt":"2026-04-22T13:43:37","slug":"mujeres-en-pantalones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/mujeres-en-pantalones\/","title":{"rendered":"MUJERES EN PANTALONES"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/positive-stylish-girls-with-brunette-hairstyle-beige-cool-pants-white-sneakers-olive-shirts-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1393\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/positive-stylish-girls-with-brunette-hairstyle-beige-cool-pants-white-sneakers-olive-shirts-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/positive-stylish-girls-with-brunette-hairstyle-beige-cool-pants-white-sneakers-olive-shirts-300x169.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/positive-stylish-girls-with-brunette-hairstyle-beige-cool-pants-white-sneakers-olive-shirts-768x432.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/positive-stylish-girls-with-brunette-hairstyle-beige-cool-pants-white-sneakers-olive-shirts-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/positive-stylish-girls-with-brunette-hairstyle-beige-cool-pants-white-sneakers-olive-shirts-2048x1152.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/positive-stylish-girls-with-brunette-hairstyle-beige-cool-pants-white-sneakers-olive-shirts-18x10.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>en marcha seriamente en la d\u00e9cada de 1890, cuando a la introducci\u00f3n tas. Aunque al principio se dijo que era poco femenina e incluso escanfinal se acab\u00f3 acept\u00e1ndola de forma generalizada, posiblemente por-que nadie pod\u00eda confundirla con la ropa masculina. Los pantalones aut\u00e9nticos tardaron mucho m\u00e1s en generalizarse como prenda de vestir femenina. Hasta los a\u00f1os veinte las mujeres y las mu-chachas no empezaron a llevar pantalones, ni largos ni cortos, ni para practicar deportes ni para uso informal. Este nuevo estilo fue recibido con desaprobaci\u00f3n y con burlas. Se dijo a las mujeres que estaban muy feas con pantalones, y que querer llevar pantalones-en nuestra cultura, desde hace siglos, s\u00edmbolo de la autoridad masculina-no era natural y sexualmente era poco atractivo. Sin embargo, la moda se extendi\u00f3, y a mediados de la d\u00e9cada de los treinta una mujer pod\u00eda ir de excursi\u00f3n al campo, jugar al tenis o cultivar el jard\u00edn con ropa que no la limitase. Esta libertad, sin embargo, se reduc\u00eda a la faceta privada e informal de la vida. Ponerse pantalones para ir a la oficina o a una fiesta era impensable, y cualquier mujer que apareciese en un acto de etiqueta con un traje pantal\u00f3n se asum\u00eda que era una bohemia exc\u00e9ntrica y probablemente lesbiana. La mayor\u00eda de las escuelas y universidades insistieron en el uso de la falda para asistir a clase y entrar en la biblioteca hasta la d\u00e9cada de los sesenta, e incluso en la actualidad esta costumbre sobrevive en ocasiones. En la Frick Collection Library de Nueva York a las mujeres se les puede negar el acceso si no llevan falda; en recepci\u00f3n se conserva una falda particularmente antigua y poco atractiva para uso de lectoras ignorantes de esta norma.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer que llevase pantalones antes de 1960 s\u00f3lo estaba liberada exteriormente. Debajo de la ropa iba m\u00e1s apretada, estrujada y exprimida que en los a\u00f1os veinte. El sost\u00e9n le tiraba del busto hacia los hombres ayuda de alambres o de rellenos falsos. Los tirantes de este sost\u00e9n normalmente se clavaban en la carne, dejando dolorosas rojeces en los hombres m\u00e1s abajo la ce\u00f1ida faja el\u00e1stica. Hasta las mujeres esbeltas usaban y un trasero prominente se consideraba vulgar. Tampoco hab\u00eda ninguna otra forma decorosa de sujetar las obligatorias medias: a menos que la falda fuese muy amplia, cualquier liguero dejar\u00eda una gran marca debajo de ella. Los cincuenta y principios de los sesenta fueron los a\u00f1os del baby en las \u00e9pocas patriarcales, la ropa de mujer y la de hombre eran marea neta gris ten\u00edan siluetas casi tan diferentes como sus abuelos. Sin embargo, fue en esta \u00e9poca cuando los pantalones de mujer empezaron a abrirse camino hacia la respetabilidad. Al principio adoptaron formas bastante peculiares y poco favorecedoras. Los populares pantalones \u00abde torero\u300b o \u00abcapris\u00bb, por ejemplo, ven\u00edan en extra\u00f1os colores chillones y ten\u00edan una inc\u00f3moda pata muy estrecha que acababa quince cent\u00edmetros por encima del tobillo, como si hubiesen encogido al lavarlos. A menudo se llevaban con blusones premam\u00e1, formando un conjunto que recordaba el de un paje medieval. Se acompa\u00f1aban de zapa-tos tan estrechos y puntiagudos y sin lugar a dudas tan inc\u00f3modos-como los que se llevaban en los siglos XIV y XV. Esta indumentaria era apropiada, pues la atosigada e inexperta madre de los a\u00f1os del baby boom al contrario que sus progenitores-no ten\u00eda sirvientes y se ve\u00eda obligada a hacer de criada de su marido y sus numerosos hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>A finales de los sesenta los pantalones de mujer finalmente se volvieron elegantes y respetables, y la ropa interior desapareci\u00f3 o adopt\u00f3 formas inofensivas. Ya antes de que se iniciase la segunda oleada de la liberaci\u00f3n de la mujer, la larga lucha por la comodidad y la libertad en el vestido femenino parec\u00eda haberse ganado por fin. La aparici\u00f3n de los pantis liber\u00f3 a las mujeres de los feos y a menudo dolorosos dispositivos de goma, mental y pl\u00e1stico que utilizaban para sujetarse las medias. Una vez m\u00e1s se permit\u00eda tener curvas de la cintura para abajo, adem\u00e1s de arriba, y millones de fajas se tiraron al cubo de la basura, donde pronto se les unieron millones de sujetadores con rellenos y alambres. Durante los a\u00f1os setenta, las mujeres de todas las edades se pon\u00edan trajes pantal\u00f3n o pantalones solos para ir a trabajar, para ir a fiestas, al teatro, a restaurantes elegantes y para viajar en vuelos internacionales. Los redactores de moda afirmaban, y las mujeres lo cre\u00edan, que los malos tiempos hab\u00edan pasado para siempre cortes y parece estar cobrando fuerza un movimiento contra revol\u00fa simplemente como una \u00e9poca de victoria provisional. De hecho, toda la historia de la moda femenina desde 1910 hasta la actualidad se puede ver como una serie de campa\u00f1as de mayor o menor \u00e9xito para hacer que la mujer vuelva a adoptar un estilo inc\u00f3modo, no s\u00f3lo con los pro-p\u00f3sitos de Ostentaci\u00f3n Vicaria y de asegurarse la propiedad sexual, sino tambi\u00e9n y cada vez m\u00e1s para perjudicarlas en su competencia profesional con los hombres. La falda tubo, la faja, los sombreros inestables de las d\u00e9cadas de los diez y los cuarenta, los vestidos embarazosamente cortos de los a\u00f1os veinte y sesenta, son elementos que han contribuido a esta maniobra. En la actualidad sus recursos estrat\u00e9gicos m\u00e1s efectivos son el calzado y la exigencia de esbeltez.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>en marcha seriamente en la d\u00e9cada de 1890, cuando a la introducci\u00f3n tas. Aunque al principio se dijo que era poco femenina e incluso escanfinal se acab\u00f3 acept\u00e1ndola de forma generalizada, posiblemente por-que nadie pod\u00eda confundirla con la ropa masculina. Los pantalones aut\u00e9nticos tardaron mucho m\u00e1s en generalizarse como prenda de vestir femenina. 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