{"id":1584,"date":"2026-06-22T07:31:00","date_gmt":"2026-06-22T07:31:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1584"},"modified":"2026-06-22T11:33:29","modified_gmt":"2026-06-22T11:33:29","slug":"la-relacion-entre-la-ropa-y-la-epoca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/la-relacion-entre-la-ropa-y-la-epoca\/","title":{"rendered":"La relaci\u00f3n entre la ropa y la \u00e9poca"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/male-seller-checking-fabric-weight-scales-clothing-shop-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1585\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/male-seller-checking-fabric-weight-scales-clothing-shop-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/male-seller-checking-fabric-weight-scales-clothing-shop-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/male-seller-checking-fabric-weight-scales-clothing-shop-768x512.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/male-seller-checking-fabric-weight-scales-clothing-shop-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/male-seller-checking-fabric-weight-scales-clothing-shop-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/male-seller-checking-fabric-weight-scales-clothing-shop-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En todos ellos se percibe una \u00edntima correspondencia entre la ropa y la \u00e9poca, de fuerte contenido teatral y dram\u00e1tico. En la acuarela de Pellegrini del a\u00f1o 1831,<em> Tertulia <\/em>porte\u00f1a, los hombres lucen ya el chaleco colorado federal, y los cinco vestidos de las mujeres con peinet\u00f3n son un ejemplo de las modas de la \u00e9poca. La m\u00e1s elegante lleva un vestido color marfil, t\u00edpico del estilo rom\u00e1ntico: bata muy ce\u00f1ida con corte al medio, del cual parten ligeros frunces, sin hombros, se ajusta por un ancho cintur\u00f3n de siete cent\u00edmetros con hebilla; exageradas mangas abullonadas, rellenas y montadas sobre armaz\u00f3n de alambre llamadas <em>gigot<\/em> que parten del escote y van al pu\u00f1o, donde se estrechan. El complicado peinado de raya al medio se levanta en el costado con dos rodetes en forma de banana, y hacia arriba otros dos rodetes de diez cent\u00edmetros de alto sostienen el alto peinet\u00f3n curvado; del peinado se desprenden dos bucles que caen sobre los hombros. El conjunto se complementa con un collar de oro de dos vueltas.<\/p>\n\n\n\n<p>En la misma \u00e9poca, la prensa litogr\u00e1fica de Bacle20 imprime una curiosa litograf\u00eda del exterior de una pulper\u00eda, en una esquina de la ciudad. Donde se ve claramente la forma de vestir de las mujeres de tres clases sociales. Las medias son blancas y los escarpines sin tal\u00f3n nos hablan de una influencia \u00e1rabe que a trav\u00e9s de Espa\u00f1a pasaba al R\u00edo de la Plata. Dentro del almac\u00e9n, una mujer morena lleva un vestido rosado con un rebozo sobre la espalda y cruzado hacia adelante, nada en la cabeza, aunque, como sabemos, peinetas y peinetones eran usados por todas las clases sociales y escarpines en los pies. Conversando en la calle vemos a una posible mendiga, con falda colorada con remiendos, rebozo amarillo desflecado y remendado y un pa\u00f1uelo en la cabeza que le cubre el pelo tomado atr\u00e1s. La nota curiosa es que la mujer no est\u00e1 descalza, como podr\u00edamos prever, sino que lleva los mismos escarpines. En cuanto al nuevo estilo, usado a partir de 1830, D&#8217; Orbigny nos dice: &#8220;Ya no hay mantillas, ni antiguas burgues\u00edas andaluzas; en el d\u00eda el cuerpo a lo Mar\u00eda Estuardo, vestida de raso color rosa, guarnecido de flores, mangas henchidas en gigots, collar y el inseparable abanico&#8221;. Las porte\u00f1as de esta \u00e9poca se paseaban por las angostas y sucias calles con vestidos muy complejos y recargados. Si bien la ropa de trabajo de las clases bajas y medias y la ropa de abrigo era bastante funcional, la ropa para las actividades sociales se volv\u00eda complicada y poco pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque coquetas, las mujeres rioplatenses han mostrado escaso inter\u00e9s en legislar sobre moda. Sin embargo, adoptan inmediatamente los grandes peinetones, obra del talento y visionario sentido de la comercializaci\u00f3n de un astuto hombre espa\u00f1ol. La licenciada Susana Speroni de Uslenghi, directora del Museo de la Historia del Traje, dice acerca de la historia del peinet\u00f3n en el Rio de la Plata: &#8220;En el R\u00edo de la Plata, entre 1832 y 1836, tiene lugar una aparici\u00f3n importante desde el punto de vista de la historia de la moda, relativa al tocado, o sea a la forma de aderezar el peinado. Heredera de Espa\u00f1a, se usaba desde tiempo atr\u00e1s la peineta espa\u00f1ola, lisa o bien en forma de teja, realizada en carey y en menor escala en asta de vacuno o de hueso; en general presentaba algunos adornos, pero no era de gran tama\u00f1o, tambi\u00e9n se usaba la peque\u00f1a peineta de origen franc\u00e9s. Sin embargo, se le debe a Manuel Mateo Masculino, un comerciante espa\u00f1ol, la creaci\u00f3n de un gran peinet\u00f3n que, aunque heredero del espa\u00f1ol, resultaba por su tama\u00f1o totalmente original. Esa sustancia se usa como vidrio, por su resistencia probada, en los buques de guerra. Trasladado a Am\u00e9rica en busca de fortuna, se instala en Montevideo, funda una f\u00e1brica de peines y peinetas en hueso, marfil y carey. Viudo, llega a Buenos Aires en 1823, compra un predio en la calle Venezuela entre Chacabuco y Per\u00fa y coloca un gran taller. All\u00ed, les da trabajo a 120 operarios, a los cuales les ense\u00f1a el oficio; luego, tiene las tiendas donde comercia sus productos, manteniendo tambi\u00e9n su taller de Montevideo. &#8220;Aparte del taller, este se\u00f1or, que era un gran dibujante y dise\u00f1ador, bas\u00e1ndose en lo que hab\u00eda visto en Espa\u00f1a, comienza a dibujar y a dise\u00f1ar peinetones diferentes y paulatinamente un poco m\u00e1s grandes. Utilizaba como modelo a su segunda mujer, una bonita andaluza, cuando iba a la misa mayor para mostrar a las porte\u00f1as sus magn\u00edficos trabajos en carey, que moldeaba y calaba en cincelados y recortados, con herramientas especialmente creadas.&nbsp; Cuando las obras estaban terminadas, mostrando una gran astucia comercial, las guardaba en grandes cajas de lat\u00f3n a manera de estuches, y no las exhib\u00eda: las clientas deb\u00edan rogarle bastante para que mostrara el trabajo. Por supuesto, cuanto m\u00e1s grandes y m\u00e1s fr\u00e1giles, m\u00e1s carey se empleaba y m\u00e1s caras resultaban.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En todos ellos se percibe una \u00edntima correspondencia entre la ropa y la \u00e9poca, de fuerte contenido teatral y dram\u00e1tico. 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