{"id":1672,"date":"2026-06-28T07:29:00","date_gmt":"2026-06-28T07:29:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=1672"},"modified":"2026-06-29T11:32:59","modified_gmt":"2026-06-29T11:32:59","slug":"la-moda-y-occidente-el-momento-aristocratico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/la-moda-y-occidente-el-momento-aristocratico\/","title":{"rendered":"LA MODA Y OCCIDENTE. EL MOMENTO ARISTOCRATICO"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/hands-young-princess-lie-throne-elbows-made-like-heads-cats-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1673\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/hands-young-princess-lie-throne-elbows-made-like-heads-cats-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/hands-young-princess-lie-throne-elbows-made-like-heads-cats-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/hands-young-princess-lie-throne-elbows-made-like-heads-cats-768x512.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/hands-young-princess-lie-throne-elbows-made-like-heads-cats-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/hands-young-princess-lie-throne-elbows-made-like-heads-cats-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/hands-young-princess-lie-throne-elbows-made-like-heads-cats-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LA INESTABILIDAD DE LA APARIENCIA<\/h2>\n\n\n\n<p>Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, se sabe que las diferentes sociedades han funcionado desconociendo el agitado juego de la frivolidad. La legitimidad indiscutida de los legados ancestrales y la valorizaci\u00f3n de la continuidad social han impuesto en todas partes la regla de la inmovilidad, por esto la repetici\u00f3n de los modelos heredados del pasado, como as\u00ed tambi\u00e9n del conservadurismo a ultranza de las maneras de ser y de aparecer. En tales configuraciones colectivas el proceso y la noci\u00f3n de moda no tienen ning\u00fan sentido. No es que los salvajes no manifestaran a veces un marcado gusto por las ornamentaciones y persiguieran ciertos efectos est\u00e9ticos al margen de las vestimentas rituales, pero no era en absoluto nada que pudiera compararse al sistema aplicado en la moda. Aunque numerosos, como los tipos de decoraci\u00f3n, los accesorios y los distintos peinados, pinturas y tatuajes, siguen siendo fijados por la tradici\u00f3n, sometidos a normas inalterables, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una sociedad hiper conservadora como lo es la primitiva, proh\u00edbe la aparici\u00f3n de la moda porque \u00e9sta es inseparable de una relativa descalificaci\u00f3n del pasado: no hay moda sin prestigio y superioridad atribuidos a los nuevos modelos y, por tanto, sin cierto menosprecio por el orden antiguo. Centrada por completo en el respeto y la reproducci\u00f3n minuciosa del pasado colectivo, la sociedad primitiva en ning\u00fan caso puede dejar que se consagren de forma manifiesta las novedades, la fantas\u00eda de los particulares, la autonom\u00eda est\u00e9tica de la moda. Sin Estado ni clases y con la estricta dependencia del pasado m\u00edtico, la sociedad primitiva est\u00e1 organizada para contener y negar la din\u00e1mica del cambio y de la historia. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda librarse a los caprichos de las novedades cuando al hombre no se le reconoce como autor de su propio universo social, cuando las reglas de vida y las costumbres, las prescripciones y prohibiciones sociales, se imponen como logros de una \u00e9poca fundadora que se trata de perpetuar en una inmutable inmovilidad, cuando la antig\u00fcedad y la continuidad del pasado son las bases de la legitimidad? En la medida en que las sociedades han sido sometidas, tanto en sus actividades m\u00e1s elementales como en las m\u00e1s cargadas de sentido, a los hechos y gestos de los antepasados fundadores, y en tanto que la unidad individual no ha podido afirmar una relativa independencia frente a las normas colectivas, la l\u00f3gica de la moda se ha encontrado absolutamente excluida. La sociedad primitiva ha puesto una barrera redhibitoria a la constituci\u00f3n de la moda, en virtud de que \u00e9sta consagra expl\u00edcitamente la iniciativa est\u00e9tica, la fantas\u00eda, la originalidad humana y, por a\u00f1adidura, implica una orden de valores que exalta el presente nuevo en oposici\u00f3n frontal con el modelo de legitimidad inmemorial basado en la sumisi\u00f3n al pasado colectivo. Para que el reino de las frivolidades pueda hacerse presente ser\u00e1 preciso que sean reconocidos no solamente el poder de los hombres para modificar la organizaci\u00f3n de su mundo, sino tambi\u00e9n, m\u00e1s adelante, la autonom\u00eda parcial de los agentes sociales en materia de est\u00e9tica de las apariencias.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo de los siglos se perpetuar\u00e1n, id\u00e9nticas a s\u00ed mismas, las mismas formas de hacer, de sentir, de vestirse. En el antiguo Egipto, el mismo tipo de vestido t\u00fanica com\u00fan a los dos sexos se mantuvo durante casi quince siglos con una permanencia casi absoluta; en Grecia, el peplos, vestimenta femenina, se impuso desde los or\u00edgenes hasta mediados del siglo VI antes de nuestra era; en Roma, la indumentaria masculina, la toga y la t\u00fanica persisti\u00f3, con variaci\u00f3n de algunos detalles, desde los tiempos m\u00e1s lejanos hasta cl final del Imperio. La misma estabilidad en China en la India, en las civilizaciones orientales tradicionales en las que la ropa no ha admitido m\u00e1s que excepcionales modificaciones: el kono japon\u00e9s ha permanecido inalterable durante siglos; en China entre los siglos XVII y XIX el atav\u00edo femenino no experiment\u00f3 ninguna verdadera transformaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Con toda seguridad el Estado y las conquistas, la din\u00e1mica del cambio hist\u00f3rico, las corrientes de importaci\u00f3n y de difusi\u00f3n alteraron progresivamente los usos y las costumbres, pero sin adquirir sin embargo un car\u00e1cter de moda. Si el cambio es con frecuencia resultado de las influencias externas, del contacto con los pueblos extranjeros de los que se copia tal o cual prenda, es tambi\u00e9n unas veces impulsado por el soberano, a quien se imita los griegos se cortaron la barba siguiendo el ejemplo y las \u00f3rdenes de Alejandro, y otras veces decretado por los conquistadores que imponen su indumentaria a los vencidos, al menos a las clases ricas: as\u00ed el atav\u00edo de los mongoles lleg\u00f3 a ser obligatorio en la India por ellos conquistada.&#8217; Pero las variaciones en ning\u00fan caso proceden de una l\u00f3gica est\u00e9tica aut\u00f3noma, no traducen el imperativo de la renovaci\u00f3n regular propia de la moda sino influencias<em> <\/em>ocasionales o relaciones de dominaci\u00f3n. No se trata de la cadena ininterrumpida de peque\u00f1as variaciones constitutivas de la moda, sino de la adopci\u00f3n o de la imposici\u00f3n excepcionales de modelos extranjeros que se erigen despu\u00e9s en normas estables. Incluso aunque algunas civilizaciones hayan sido mucho menos conservadoras que otras, m\u00e1s abiertas a las novedades del exterior, m\u00e1s deseosas de muestras de lujo, nunca se han acercado a lo que se llama la moda en sentido estricto, o, dicho de otro modo, el reino de lo ef\u00edmero sistem\u00e1tico, de las fluctuaciones cercanas sin futuro.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA INESTABILIDAD DE LA APARIENCIA Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, se sabe que las diferentes sociedades han funcionado desconociendo el agitado juego de la frivolidad. 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