{"id":2098,"date":"2026-10-20T17:12:41","date_gmt":"2026-10-20T17:12:41","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=2098"},"modified":"2026-10-29T17:22:29","modified_gmt":"2026-10-29T17:22:29","slug":"la-muerte-de-la-moda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/la-muerte-de-la-moda\/","title":{"rendered":"La muerte de la moda"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"646\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/legs-woman-long-dress-holding-witch-hat-1024x646.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2099\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/legs-woman-long-dress-holding-witch-hat-1024x646.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/legs-woman-long-dress-holding-witch-hat-300x189.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/legs-woman-long-dress-holding-witch-hat-768x485.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/legs-woman-long-dress-holding-witch-hat-1536x969.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/legs-woman-long-dress-holding-witch-hat-2048x1292.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/legs-woman-long-dress-holding-witch-hat-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Las escuelas de arte bombeaban j\u00f3venes dise\u00f1adores rebeldes, el rock se enamor\u00f3 de la moda de vanguardia, la prensa especializada floreci\u00f3 y la primera generaci\u00f3n de estilistas (esos benignos tiranos del vestir) comenz\u00f3 a dictar a los consumidores qu\u00e9 deb\u00edan ponerse y c\u00f3mo deb\u00edan pon\u00e9rselo. En Francia, el <em>ancien<\/em> r\u00e9gime de la alta costura experimentaba un paroxismo de dudas sobre s\u00ed mismo, mientras el <em>pr\u00eat-\u00e0-porter<\/em> se hac\u00eda con las posiciones de cabeza y el <em>streetwear3<\/em> usurpaba el glamour aristocr\u00e1tico. Los franceses tambi\u00e9n se enfrentaban al desaf\u00edo proveniente del otro lado de los Alpes, donde los comerciantes italianos del textil y de la marroquiner\u00eda comenzaban a desarrollar sus propias marcas. En <em>Rep\u00e8res<\/em> <em>Mode<\/em> <em>2003,<\/em> una recopilaci\u00f3n de ensayos publicada por el Institut Fran\u00e7ais de la Mode, Ampelio Bucci hace la siguiente observaci\u00f3n: \u201cEn tan s\u00f3lo veinte a\u00f1os (entre 1970 y 1990) la notoriedad (de las marcas italianas) se ha incrementado hasta alcanzar un nivel global y se ha establecido en los principales mercados\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en 1965, Fendi, la compa\u00f1\u00eda italiana de marroquiner\u00eda y peleter\u00eda, trabajaba con un joven y talentoso dise\u00f1ador llamado Karl Lagerfeld, quien contribuy\u00f3 a transformar la peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda en una marca cautivadora. Fendi no era el \u00fanico contendiente italiano en liza: entre otros muchos, tambi\u00e9n se hallaban Armani, Gucci, Cerruti, Krizia y Missoni, por mencionar s\u00f3lo unos cuantos. El Londres de la d\u00e9cada de los setenta alardeaba de multitud de ideas frescas, asociadas a nombres como Ossie Clark, Anthony Price, Zandra Rhodes, y a la <em>concept<\/em> <em>store1<\/em> Biba (de corta vida), pero las aut\u00e9nticas centrales energ\u00e9ticas del futuro se estaban creando en Mil\u00e1n. Hasta que en la d\u00e9cada de los ochenta un magnate franc\u00e9s llamado Bernard Arnault comenzara a poner los cimientos de LVMH, los milaneses parecieron tener el monopolio del negocio de los art\u00edculos de lujo. Eran comerciantes por naturaleza y sab\u00edan c\u00f3mo maridar arte y comercio de un modo que muchas marcas francesas no alcanzaban a comprender.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 momento dej\u00f3 la moda de estar de moda? Parafraseando a Hemingway, todo sucedi\u00f3 muy lentamente, y, despu\u00e9s, muy deprisa. Probablemente, las cosas empezaron a venirse abajo entre mediados y finales de la d\u00e9cada de los ochenta, debido a un revent\u00f3n de la repentina prosperidad econ\u00f3mica y a la aparici\u00f3n del SIDA, entendidos como una poderosa met\u00e1fora de la resaca retardada que sigui\u00f3 a los a\u00f1os setenta. No obstante, esta l\u00fagubre d\u00e9cada no estuvo totalmente desprovista de esperanza; en esa \u00e9poca, el <em>pr\u00eat-a-porter<\/em> fue sin duda alguna lo m\u00e1s interesante de la pasarela, con las extraordinarias creaciones de Jean-Paul Gaultier, Thierry Mugler y Kenzo. En otro lugar, Karl Lagerfeld se afanaba por revitalizar Chanel (de la cual fue nombrado director creativo en 1983), y Christian Lacroix presentaba extravagantes vestidos inspirados en su pasi\u00f3n por la \u00f3pera, por el folclore y por la historia de la indumentaria; a fin de cuentas, \u00e9sta fue la era de los nuevos rom\u00e1nticos. La \u00e9poca tambi\u00e9n fue testigo del surgimiento de los dise\u00f1adores japoneses, en particular de Yohji Yamamoto y dc Rci Kawakubo (de Comme des Gar\u00e7ons), cuyos et\u00e9reos conjuntos negros combinaban el rigor minimalista con las interpretaciones futuristas de la indumentaria tradicional; concebidos m\u00e1s como trajes que como prendas de vestir, sirvieron como fuente de inspiraci\u00f3n para la severidad monocroma que caracteriz\u00f3 los \u00faltimos a\u00f1os de la d\u00e9cada dc los ochenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Por encima de todo, sin embargo, \u00e9sta fue la \u00e9poca del yuppie, el joven profesional ambicioso cuya indumentaria era simbolo del \u00e9xito. La expresi\u00f3n \u201cpoderosamente vestido\u201d estaba en boca de todos. Llevar puesto uno de los trajes de Giorgio Armani, desestructurados, pero f\u00e1cilmente identificables, era sin\u00f3nimo de \u00e9xito. En el Reino Unido, Paul Smith (mientras se dedicaba a vestir a los vistosos chicos de la City londinense con exc\u00e9ntricas reinterpretaciones del traje a medida, es decir, con sus \u201ccl\u00e1sicos con un toque moderno\u201d) descubri\u00f3 el Filofax, una agenda personal con tapas de cuero fabricada por una peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda sita en el East End. Smith proporcion\u00f3 a los <em>yuppies<\/em> el accesorio por antonomasia, al popularizar esta combinaci\u00f3n de agenda y list\u00edn telef\u00f3nico cuyo uso daba a entender que se estaba muy ocupado viendo a gente y yendo a sitios.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, al otro lado del Atl\u00e1ntico, Ralph Lauren hab\u00eda estado trabajando a ritmo constante en la creaci\u00f3n de una de las marcas que simbolizar\u00eda la quintaesencia de la moda. La historia de Ralph Lauren, su progresi\u00f3n de confeccionista a millonario, ha sido narrada en infinidad de ocasiones, pero merece la pena abordarla aqu\u00ed de nuevo. Lauren, el dise\u00f1ador cuya historia de ascensi\u00f3n social es la m\u00e1s fulgurante de Estados Unidos, naci\u00f3 en 1939 y su aut\u00e9ntico nombre era Ralph Lifshitz. Era hijo de inmigrantes jud\u00edos de origen ruso instalados en el barrio neoyorquino del Bronx; su padre, un pintor de brocha gorda, cambi\u00f3 su apellido por Lauren cuando Ralph a\u00fan asist\u00eda a la escuela primaria. Ralph creci\u00f3 con las pel\u00edculas del Hollywood de los a\u00f1os cuarenta y cincuenta, haciendo acopio mental de las im\u00e1genes de Fred Astaire y Cary Grant que m\u00e1s adelante le permitir\u00edan recrear el estilo de estos actores. Se inici\u00f3 en cl negocio de la moda vendiendo trajes en Brooks Brothers, y m\u00e1s tarde se hizo mayorista de corbatas y guantes en el distrito neoyorquino dedicado aI negocio de la moda. Muy pronto, comenz\u00f3 a dise\u00f1ar sus propias corbatas, para las que escogi\u00f3 el nombre Polo por la: connotaciones aristocr\u00e1ticas del mismo; elegantes y con estilo, las corbatas de Lauren tuvieron gran \u00e9xito en los grandes almacenes Bloomingdale&#8217;s, en los que, en 1970, el dise\u00f1ador consigui\u00f3 instalar un <em>corner<\/em> con una l\u00ednea completa de prendas de gama alta.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las escuelas de arte bombeaban j\u00f3venes dise\u00f1adores rebeldes, el rock se enamor\u00f3 de la moda de vanguardia, la prensa especializada floreci\u00f3 y la primera generaci\u00f3n de estilistas (esos benignos tiranos del vestir) comenz\u00f3 a dictar a los consumidores qu\u00e9 deb\u00edan ponerse y c\u00f3mo deb\u00edan pon\u00e9rselo. 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