{"id":2104,"date":"2026-10-22T17:17:06","date_gmt":"2026-10-22T17:17:06","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=2104"},"modified":"2026-10-29T17:22:43","modified_gmt":"2026-10-29T17:22:43","slug":"sobrevivir-a-la-crisis-de-la-moda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/sobrevivir-a-la-crisis-de-la-moda\/","title":{"rendered":"Sobrevivir a la crisis de la moda"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/fast-fashion-concept-with-piles-clothes-4-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2105\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/fast-fashion-concept-with-piles-clothes-4-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/fast-fashion-concept-with-piles-clothes-4-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/fast-fashion-concept-with-piles-clothes-4-768x512.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/fast-fashion-concept-with-piles-clothes-4-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/fast-fashion-concept-with-piles-clothes-4-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/fast-fashion-concept-with-piles-clothes-4-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>La f\u00f3rmula utilizada por Gucci, Prada y Dior, consistente en la combinaci\u00f3n de prendas juveniles e ingeniosas y de accesorios asequibles con un marketing agresivo, pareci\u00f3 revivir a la <em>fashion<\/em> victiminterna de los consumidores. Ford y Galliano eran personalidades fotog\u00e9nicas y apasionantes, tan llamativos como estrellas de rock. \u00a1Casualmente, el lavado de cara que ambos llevaron a cabo con unas marcas hasta entonces moribundas coincidi\u00f3 con la creciente obsesi\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n por el culto a los famosos y con la aparici\u00f3n de revistas como Heat y OK! Cuando los paparazzi captaban im\u00e1genes de Victoria Beckham o de Jennifer L\u00f3pez vestidas con marcas de dise\u00f1ador, millones de j\u00f3venes quer\u00edan imitarlas. Por supuesto, como ya hemos se\u00f1alado, pocas personas de a pie pueden permitirse adquirir un traje de Prada o un vestido de Dior; \u00bfincluso en caso de que puedan apretarse el cintur\u00f3n y conseguir un bolso o unas gafas de sol, ad\u00f3nde pueden encontrar las prendas con que combinarlos?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En su \u00faltima encarnaci\u00f3n como mercaderes de sue\u00f1os, las marcas de moda parecen haber desarrollado una particular resistencia. En septiembre de 2001, una guerra de peque\u00f1as dimensiones caus\u00f3 preocupaci\u00f3n entre los observadores del sector durante varios meses. El conflicto enfrentaba a Bernard Arnault con otro hombre de negocios franc\u00e9s, Fran\u00e7ois Pinault, propietario de la corporaci\u00f3n de detallistas y de venta por cat\u00e1logo Pinault Printemps Redoute (PPR). El territorio en disputa era Gucci. Amault se hab\u00eda dedicado a adquirir a hurtadillas acciones de Gucci con el prop\u00f3sito de hacerse con la compa\u00f1\u00eda; as\u00ed, hacia 1999, su participaci\u00f3n en la misma hab\u00eda alcanzado el 34\u00b0o. Pero ni a Tom Ford ni al consejero delegado de Gucci, Domenico De Sole, les apasionaba la idea de ser engullidos por LVMH, ya que sospechaban que dentro de esta corporaci\u00f3n perder\u00edan el control que ejerc\u00edan sobre la marca. Su palad\u00edn se present\u00f3 bajo la forma de Fran\u00e7ois Pinault, quien se hizo con el 40 % de las acciones de Gucci, adquiriendo asimismo la compa\u00f1\u00eda de belleza y cosm\u00e9tica Sanofi, a su vez propietaria de Yves Saint Laurent. Con un par de r\u00e1pidas maniobras, Pinault cre\u00f3 el Gucci Group, rival potencial de LVMH.<\/p>\n\n\n\n<p>El trasiego de adquisiciones que sigui\u00f3 por ambas partes se asemejaba a un combate entre multimillonarios, como una partida de Monopoly en el mundo real. Mientras LVMH prosegu\u00eda su r\u00e1pida expansi\u00f3n, el Gucci Group tom\u00f3 posesi\u00f3n de Boucheron, Bottega Veneta y Balenciaga, y firm\u00f3 contratos de asociaci\u00f3n con Alexander McQueen (quien abandon\u00f3 LVMH entre numerosos comentarios de desaprobaci\u00f3n) y con Stella McCartney. Mientras tanto, la amarga disputa acerca del control de Gucci se resolvi\u00f3 ante los tribunales de Holanda, donde las acciones de Gucci cotizaban en la bolsa.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, en la zambullida econ\u00f3mica provocada por la crisis de las <em>puntocom<\/em> (y casi como si presintiese que deb\u00eda conservar todos sus recursos para hacer frente al dif\u00edcil per\u00edodo que se avecinaba), Arnault tir\u00f3 la toalla. El 10 de septiembre de 2001 vendi\u00f3 sus acciones de Gucci, permitiendo a su archienemigo Fran\u00e7ois Pinault hacerse con la propiedad total de la compa\u00f1\u00eda. La <em>guerre<\/em> <em>du<\/em> luxe, como la denomin\u00f3 la prensa francesa, hab\u00eda terminado.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el mundo sabe lo que ocurri\u00f3 al d\u00eda siguiente. En Nueva York, el carnaval de la moda hab\u00eda llegado a la ciudad para presentar las colecciones de primavera verano; las gigantescas marquesinas que servir\u00edan de escenario a muchos de los desfiles ya se hab\u00edan erigido en Bryant Park, desde donde se divisaban las Torres Gemelas. Puede parecer de mala educaci\u00f3n tratar de ubicar un evento tan tr\u00e1gico y de tan largo alcance como el sucedido el 11 de septiembre de 2001 dentro del contexto de la moda; sin embargo, es interesante observar que, tras aquella dram\u00e1tica ca\u00edda en picado, el sector emergi\u00f3 del desastre en bastante mejor forma de la que hubiese cabido esperar.<\/p>\n\n\n\n<p>El 19 de diciembre de 2001, un art\u00edculo en <em>The<\/em> <em>Independent<\/em> informaba de que \u201clos beneficios en Gucci caen un 50 % y el gigante de la moda italiana no prev\u00e9 una recuperaci\u00f3n de los mismos hasta finales del 2002\u201d. Si vamos hacia delante en el tiempo, encontramos el siguiente titular de <em>The<\/em> <em>Guardian, <\/em>fechado el 16 de octubre de 2003: \u201cLa moda vuelve a estar de moda mientras las ventas de Gucci se incrementan repentinamente\u201d. M\u00e1s adelante, el 24 de enero de 2004, y tambi\u00e9n en <em>The<\/em> <em>Independent,<\/em> se publicaba que \u201cel lujo de LVMH desaf\u00eda la crisis\u201d. En el suplemento <em>Style<\/em> <em>and<\/em> <em>Design<\/em> de la revista Time de oto\u00f1o de 2004, un art\u00edculo titulado \u201cLa fiebre del lujo\u201d comentaba: \u201cA pesar del aumento de los tipos de inter\u00e9s, de los pasmosos precios de la energ\u00eda (&#8230;) y del estado generalizado de inquietud en todo el mundo, el consumo ha regresado de manera destacada\u201d. En el momento de escribir esto, la brigada de la \u201cmoda r\u00e1pida\u201d contin\u00faa anunciando provechosos incrementos en sus ventas y la apertura de nuevas tiendas. Tal es el magnetismo de la moda. Necesitamos damos un respiro de vez en cuando, pero, tarde o temprano, volvemos por m\u00e1s. Y si han sido lo suficientemente avispadas, nuestras marcas favoritas nos estar\u00e1n esperando.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La f\u00f3rmula utilizada por Gucci, Prada y Dior, consistente en la combinaci\u00f3n de prendas juveniles e ingeniosas y de accesorios asequibles con un marketing agresivo, pareci\u00f3 revivir a la fashion victiminterna de los consumidores. 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