{"id":975,"date":"2025-12-03T09:36:00","date_gmt":"2025-12-03T09:36:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=975"},"modified":"2025-12-17T21:42:43","modified_gmt":"2025-12-17T21:42:43","slug":"juventud-y-vejez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/juventud-y-vejez\/","title":{"rendered":"Juventud y vejez"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"740\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/primer-plano-de-los-ojos-de-la-familia-1024x740.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-976\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/primer-plano-de-los-ojos-de-la-familia-1024x740.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/primer-plano-de-los-ojos-de-la-familia-300x217.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/primer-plano-de-los-ojos-de-la-familia-768x555.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/primer-plano-de-los-ojos-de-la-familia-1536x1110.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/primer-plano-de-los-ojos-de-la-familia-2048x1480.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/primer-plano-de-los-ojos-de-la-familia-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Casi desde su invenci\u00f3n el vestido se ha usado para diferenciar la juventud de la vejez. En las tribus primitivas, la iniciaci\u00f3n de los muchachos y las muchachas a la vida adulta estaba marcada por la entrega de nuevas ropas y ornamentos de adultos; esta misma costumbre se ha seguido a menudo en las llamadas sociedades civilizadas. Cuando un muchacho alcanzaba la mayor\u00eda de edad en la Roma antigua, se despojaba de su t\u00fanica corta y adoptaba la<em> toga<\/em> virilis. En los Estados Unidos, hasta hace unos cincuenta a\u00f1os, el joven cambiaba los pantalones cortos por los largos en un ritual de igual significado. Durante la Edad Media y a lo largo de varios siglos posteriores la infancia terminaba en torno a la edad de siete a\u00f1os, con frecuencia antes. Los ni\u00f1os muy peque\u00f1os llevaban trajes o vestidos largos y hab\u00eda poca diferencia entre la ropa de ni\u00f1o y la de ni\u00f1a.&#8217; Entre los tres y los seis a\u00f1os el ni\u00f1o se convert\u00eda en un hombrecito y la ni\u00f1a en una mujercita; entonces vest\u00edan versiones reducidas de los modelos adultos. Poca o ninguna concesi\u00f3n se hac\u00eda a lo que para nosotros es ahora una necesidad obvia en los ni\u00f1os: la libertad de movimientos para la actividad f\u00edsica. Los retratos medievales y renacentistas muestran a ni\u00f1os peque\u00f1os vestidos con todas las extravagantes molestias de la moda adulta: gorgueras, miri\u00f1aque, pantalones acolchados, faldas que se arrastraban por el suelo, zapatos de tac\u00f3n alto y sombreros con la parte superior atestada de plumas y flores.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">LA INVENCI\u00d3N DE LA INDUMENTARIA JUVENIL<\/h2>\n\n\n\n<p>En la segunda mitad del siglo XVIII, Jean-Jacques Rousseau y sus disc\u00edpulos propusieron una visi\u00f3n nueva de la infancia como un estado independiente y natural, y del ni\u00f1o como un ser valioso en s\u00ed mismo y no como un adulto imperfecto de corta estatura. Demandaban un cambio; no s\u00f3lo en la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os, tambi\u00e9n en su ropa. Rousseau aconsejaba en su <em>Emilio<\/em> (\u00c9mile), que los miembros de un ni\u00f1o que a\u00fan est\u00e1 creciendo han de estar libres para moverse con facilidad dentro de sus ropas; nada debe obstaculizar su crecimiento ni su movimiento. Lo mejor es llevar a los ni\u00f1os con prendas tan amplias como sea posible y despu\u00e9s ponerles ropa suelta, sin intentar definir la silueta, que no es m\u00e1s que otra manera de deformarla. Sus defectos de cuerpo y de mente se pueden achacar a la misma causa: al deseo de hacer de ellos hombres antes de tiempo. Estos criterios no tardaron en comenzar a manifestarse en una nueva imagen de los ni\u00f1os. Las ni\u00f1as, en lugar de ir con aros y cors\u00e9s, ahora segu\u00edan usando los sencillos y c\u00f3modos vestidos escotados de muselina de su primera infancia. Este privilegio se fue extendiendo gradualmente a ni\u00f1os cada vez mayores, y hacia la d\u00e9cada de 1780 estos vestidos a menudo se llevaban hasta bien entrada la adolescencia. Al mismo tiempo, a los ni\u00f1os se les quit\u00f3 el abrigo largo, el chaleco ce\u00f1ido, la camisa de cuello alto y los calzones cortos que hab\u00edan llevado sus padres. En su lugar vest\u00edan chaquetilla corta, camisa con cuello blando de solapa y pantalones largos. En la d\u00e9cada de 1790 los pantalones se empezaron a abotonar sobre la chaqueta, produciendo lo que recibi\u00f3 el inquietante nombre de \u00abtraje de esqueleto\u00bb. Lo siguieron llevando durante los cuarenta a\u00f1os siguientes la mayor\u00eda de ni\u00f1os de entre tres y siete a\u00f1os. Las zapatillas planas y los cortes de pelo sencillos sustituyeron a las pelucas empolvadas que segu\u00edan estando de moda entre los adultos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">ROPAS MAL\u00c9VOLAS<\/h2>\n\n\n\n<p>En el polo opuesto a la ropa que trae buena suerte y \u00e9xito est\u00e1 la prenda de mal ag\u00fcero. La versi\u00f3n m\u00e1s habitual de \u00e9sta es el vestido, el traje o la camisa que (como algunos ni\u00f1os) parece atraer o incluso salir a buscar la suciedad, la grasa, la salsa de tomate que se cae y otros peligros. Enid Nemy, que ha escrito muy perspicazmente sobre este tipo de prendas para el<em> New<\/em> <em>York <\/em>Times, sugiere que quiz\u00e1 tales ropas sean perezosas: \u00abPreferir\u00edan quedarse descansando en una percha, o en una caja, y por eso se rebelan cuando se las saca de all\u00ed\u00bb. O, a\u00f1ade, puede que sean esnobs, reacias a relacionarse con gente vulgar. Sea cual fuere la causa, estas prendas tan propensas a los accidentes raramente se re forman, si es que alguna vez lo hacen, y una vez que se ha descubierto una es mejor romper relaciones con ella inmediatamente. De no ser as\u00ed, como las personas propensas a los accidentes, puede que nos acarree numerosos problemas y posiblemente aut\u00e9nticos desastres, convirtiendo alguna entrevista importante o una cita rom\u00e1ntica en una escena de farsa o humillaci\u00f3n. M\u00e1s siniestra, y afortunadamente m\u00e1s infrecuente, es la prenda que parece atraer los desastres hacia nosotros en lugar de hacia s\u00ed misma. Nemy menciona un vestido naranja de lino que parec\u00eda haberle tomado man\u00eda a su due\u00f1a, una tal Margaret Turner, de Dove Publications. La ropa de color naranja puede provocar hostilidad en nuestra cultura, pero este vestido parece que fue un caso especial. \u00abMis amigas parec\u00edan m\u00e1s malvadas, los hombres parec\u00edan m\u00e1s distantes, y yo siempre ten\u00eda problemas con mi jefen, dec\u00eda la se\u00f1ora Turner. \u00abY eso no era todo. Tiraba el caf\u00e9, perd\u00eda el tren y se me averiaba el coche.\u00bb Hasta cuando nuestras ropas no est\u00e1n investidas de esta especie de poder sobrenatural, pueden tener significados simb\u00f3licos que tienden a incrementarse con la edad. El hombre que llega a casa del trabajo y descubre que su mujer le ha tirado su ra\u00edda chaqueta de lana llena de manchas o sus viejos pantalones del ej\u00e9rcito, con frecuencia se enfada mucho m\u00e1s de lo que parece justificar la situaci\u00f3n, y su enojo puede ir mezclado con un sentimiento de depresi\u00f3n e incluso de miedo. No s\u00f3lo ha perdido una prenda m\u00e1gica; se ha visto obligado a ver a su c\u00f3nyuge como su enemigo, como una persona que desea privarle de la comodidad y la protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un tipo m\u00e1s placentero de magia es el que se produce en el intercambio de prendas tan frecuente entre amantes. En la Edad Media una dama a menudo entregaba su pa\u00f1uelo o un guante a un caballero por ella elegido. Cuando \u00e9l entrase en batalla o luchase en un torneo lo pondr\u00eda junto a su coraz\u00f3n o se lo prender\u00eda del casco. Hoy, probablemente porque es tab\u00fa que los hombres lleven prendas de mujer, el tr\u00e1fico es de direcci\u00f3n \u00fanica. La adolescente se pone la chaqueta de b\u00e9isbol de su novio para ir al colegio; la secretaria que ha pasado la noche impulsiva y triunfalmente en el apartamento de un amigo vuelve a casa a la ma\u00f1ana siguiente con el impermeable London Fog de \u00e9l sobre la ropa con la que fue a la discoteca; y la esposa que, juguetona y cari\u00f1osa, se pone la parte superior del pijama rojo de franela de su marido. Frecuentemente la mujer se siente tan bien y tiene tan buen aspecto con la prenda m\u00e1gica prestada que jam\u00e1s la devuelve. Pero si la relaci\u00f3n se agria, el significado del intercambio se ve alterado; el encantamiento deviene maldici\u00f3n. El art\u00edculo m\u00e1gico puede entonces devolverse, a menudo en malas condiciones: manchado o arrugado, o con \u00abfortuitas\u00bb quemaduras de cigarrillo.&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Casi desde su invenci\u00f3n el vestido se ha usado para diferenciar la juventud de la vejez. 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