{"id":999,"date":"2025-12-08T06:12:00","date_gmt":"2025-12-08T06:12:00","guid":{"rendered":"https:\/\/thedecolife.com\/?p=999"},"modified":"2025-12-26T18:15:21","modified_gmt":"2025-12-26T18:15:21","slug":"los-primeros-victorianos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/thedecolife.com\/en\/los-primeros-victorianos\/","title":{"rendered":"LOS PRIMEROS VICTORIANOS"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/high-angle-vintage-items-arrangement-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-1000\" srcset=\"https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/high-angle-vintage-items-arrangement-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/high-angle-vintage-items-arrangement-300x200.jpg 300w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/high-angle-vintage-items-arrangement-768x513.jpg 768w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/high-angle-vintage-items-arrangement-1536x1025.jpg 1536w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/high-angle-vintage-items-arrangement-2048x1367.jpg 2048w, https:\/\/thedecolife.com\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/high-angle-vintage-items-arrangement-18x12.jpg 18w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>A medida que el movimiento rom\u00e1ntico se adentraba en su segunda generaci\u00f3n, produciendo la poes\u00eda tan rica y tan llena de colorido de Keats, Byron y Shelley, las modas comenzaron a cambiar. El vestido femenino, aunque conservando su forma tubular b\u00e1sica de talle alto, se hizo m\u00e1s rico en adorno y colorido. Gradualmente, las faldas y las mangas se ensancharon, aparecieron las gorgueras, los accesorios y los lazos, y las mujeres j\u00f3venes empezaron a parecer l\u00e1mparas de tocador ambulantes. La ropa de hombre, aunque no cambi\u00f3 tanto, tambi\u00e9n gan\u00f3 en volumen y en colorido. Fue \u00e9sta la \u00e9poca del dandi, con su alto pantalones de ante de color avellana. Hacia 1820 ya hab\u00eda elegante y pomposo y la mujer artificiosa \u00e9poca adornada e infantil, inmadura tanto de mente como de cuerpo que han descrito por extenso los historiadores de la moda. Ser peque\u00f1a y delgada era ahora una ventaja: se sacaba el macho se eliminaba o se ocultaba con cuellos lisos tipo chal. Como sugieren estas ropas, la superficialidad e incluso la inanidad se hab\u00edan convertido en caracter\u00edsticas femeninas deseables. Se prefer\u00eda la ignorancia, que implicaba inocencia, al ingenio y el juicio, que suger\u00edan familiaridad con (cuando no experiencia de) la impureza. La Dora Spenlow de<em> David Copperfield, con<\/em> sus gemidos y sus pucheros y sus miedos infantiles, es un buen ejemplo de este tipo de mujer retratada veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando sus carencias se hab\u00edan hecho m\u00e1s evidentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La ropa de mujer evolucion\u00f3 desde los sencillos vestidos blancos de muselina de 1800 (que, aunque \u00e9l no lo diga, se podr\u00edan comparar perfectamente con la ropa de beb\u00e9) hasta los gruesos trajes sastre de matrona de principios del siglo XX. En 1810, la mujer ideal empezaba a gatear; en 1820 andaba por los siete u ocho a\u00f1os; y hacia la mitad de la d\u00e9cada de 1830 se hab\u00eda convertido en una adolescente sensible, recatada y retra\u00edda, en absoluto ingenuamente insolente. Las buenas muchachas de las primeras novelas de Dickens son con frecuencia de este tipo, desde Rose Maylie y Florence Dombey(\u00abTanto la ni\u00f1a como la mujer parec\u00edan expresarse a un tiempo en su hermoso rostro y en la fr\u00e1gil delicadeza de su silueta\u00bb) hasta la peque\u00f1a Dorrit. Tambi\u00e9n Jane Eyre presenta este aspecto al mundo, con independencia de cu\u00e1l pueda ser su confusi\u00f3n interior. Ten\u00eda los senos poco desarrollados y el talle estrecho, grandes ojos negros y puros, ni nariz ni barbilla de la que hablar y la boquita de pi\u00f1\u00f3n. Lejos de parecer que estuviese a punto de elevarse en el aire como un globo de aire caliente, esta mujer apenas parec\u00eda tener la fuerza suficiente para mantenerse en posici\u00f3n vertical sin la ayuda de sus ropas. La cabeza le ca\u00eda desmayada y gr\u00e1cil sobre el delicado cuello, que se alzaba sobre unos hombros ca\u00eddos, cuanto m\u00e1s ca\u00eddos mejor. Entre 1830 y 1870, \u00abcuanto m\u00e1s se parec\u00edan los hombros de una mujer a la parte superior de una botella de champ\u00e1n m\u00e1s se la admiraba\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El aspecto de alegr\u00eda infantil se desvaneci\u00f3; y el corte de los vestidos acentuaba ahora la sumisa inclinaci\u00f3n de los hombros ca\u00eddos. Con estas ropas las mujeres andaban y se mov\u00edan con menos vigor. Los cors\u00e9s m\u00e1s largos y las faldas m\u00e1s pesadas hac\u00edan que las mujeres se doblasen bajo su peso, mientras que los profundos cuellos, los pa\u00f1uelos de prieto encaje y los chales de abultados flecos hac\u00edan que a las mujeres que vest\u00edan a la moda les resultase dif\u00edcil o incluso imposible levantar demasiado los brazos, poniendo as\u00ed de relieve su encantador desamparo. Tambi\u00e9n su pelo perdi\u00f3 los bucles y la vitalidad; ahora estaba partido por la mitad y peinado hacia atr\u00e1s en dos suaves alas ca\u00eddas. Los costados de su sombrero descend\u00edan y se le cerraban sobre la cara, impidi\u00e9ndole la visi\u00f3n por ambos lados, como las anteojeras de un caballo. Esta inc\u00f3moda forma de tocado proclamaba gr\u00e1ficamente que quien lo llevaba era demasiado delicada y sensible para soportar la mirada de la multitud. Al mismo tiempo, expresaba perfectamente la idea de que una mujer bonita habr\u00eda de tener por naturaleza una visi\u00f3n limitada y estrecha del mundo, que no se le iba a extraviar la mirada en su paso por la vida. Habr\u00eda que se\u00f1alar, claro, que la mujer de principios de la \u00e9poca victoriana era un ideal, no una realidad. Las mujeres cuya personalidad y atributos f\u00edsicos se ajustaban a la moda imperante lo adoptaban de buen grado, como hacen actualmente. Otras eran menos afortunadas: Durante los primeros cincuenta a\u00f1os del siglo XIX, cuando la moda no ten\u00eda otro objetivo que crear una fr\u00e1gil belleza juvenil idealizada, las mujeres grandes, en\u00e9rgicas y de mediana edad a menudo no ten\u00edan m\u00e1s alternativa que parecer c\u00f3micas o tr\u00e1gicas si se sent\u00edan inclinadas a cumplir con las exigencias de la moda. Quienes no quisieran parecer ani\u00f1adas y desvalidas, o quienes f\u00edsicamente no estuviesen dotadas, tendr\u00edan que optar por no ir a la moda, al menos por el momento.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A medida que el movimiento rom\u00e1ntico se adentraba en su segunda generaci\u00f3n, produciendo la poes\u00eda tan rica y tan llena de colorido de Keats, Byron y Shelley, las modas comenzaron a cambiar. El vestido femenino, aunque conservando su forma tubular b\u00e1sica de talle alto, se hizo m\u00e1s rico en adorno y colorido. 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