Carlos IV, como consecuencia del motín de Aranjuez. Abdicó en favor de su hijo Fernando, príncipe, según el marqués de Villa Urrutia, “de ingrata y aviesa condición. Tan cobarde como falso y embustero, y, sin embargo, el más popular de cuantos monarcas reinaron en España”. Entró triunfante en Madrid el 24 de marzo de 1808. No obstante, se sabe que la Real Academia de San Fernando encargó a Goya un retrato (25 de marzo de 1808). Los otros cuadros numerosos, sin duda, no resultan de encargos emanados del Soberano, que no vuelve a posar para Goya, y deben ubicarse cronológicamente después de 1514, cuando Fernando retomó la corona. Sucedió en esta época algo semejante a lo ocurrido cuando la exaltación al trono de su antecesor Carlos: los Ministerios, Academias, instituciones oficiales, etcétera, solicitarían retratos del Rey, de los cuales muchos serían encargados al Pintor de Cámara, obligado, por lo mismo, a una tarea rápida y basada en los estudios hechos años atrás. En el museo de Zaragoza hay otra pintura de Goys, a quien la encomendó la Junta del Canal de Anagin, y que ésta pagó el 15 de julio de 1S15. De cuerpo entero vuelto a la derecha y con las insignias reales, ostenta la corona sobre una ménsula, a la izquierda.

Beruete ha insistido en el carácter semejante de toda esa producción, pese a la variante de indumento, fondos y proporciones. La cabeza se mantiene idéntica en todos, y es, generalmente, lo más flojo del conjunto, explicable por las razones ya apuntadas. Entre toda esta producción pueden apartarse, por su calidad, algunas telas como la del Prado, firmada en 1814, que presenta al Rey de cuerpo entero, vistiendo uniforme de generalísimo y con un fondo de campamento militar, y otra, también en el Prado, semejante a la anterior en cuanto a la efigie y actitud, pero no en el indumento, pues aquí viste el manto real. De medio cuerpo y también de manos de Goys, se conserva el que fue pintado para la diputación de Navarra (junio, julio de 1814). con la inscripción Fernando III de Navarra y VII de Castilla”. Media figura es, también, la del Museo de San Pablo (Brasil); no así el magnífico lienzo del Museo Municipal de Santander, pagado el 1° de diciembre de 1514, con el Rey de cuerpo entero, y la alegoría de España agradecida que a pedido del Ayuntamiento hubo de poseer Goya”.

No sé cuál es la razón que motivó al Consulado pana encomendar un nuevo retrato de Fernando pocos meses después. ¿Era el que se puso en la fachada del edificio obra pictórica ajena? ¿O, si era propia, no era buena? Por qué el Consulado mando hacer un dicho al pintor Salas, que lo cobró el 31 de enero de 13097 E texto es inédito, y por eso lo transcribo:

Fue el Cabildo el que ordenó estampar, en papel y en seda, el retrato de Fernando VII, del cual se conserva un ejemplar en el Museo Histórico Nacional. Es un pequeño óvalo, con el perfil izquierdo del Soberano, vestido con traje militar; corona real abajo y a la izquierda; inscripción en el contorno superior: “Fernando VII. Rey de España y sus Indias”. Fuera del marco y siguiendo su curva: “Se Juró en Buenos Ayres el 21 de agosto de 1808”.

Rodolfo Trostiné, que fue quien dio a conocer este grabado, piensa que el mismo no se terminó antes de setiembre de ese año, y que, por eso, no fue repartido para la jura. De mayor tamaño que este impreso, había en la colección de Enrique Peña una plancha que poseyó antes don Andrés Lamas, y que hoy debe de hallarse en el Museo de Luján. Se figura un perfil del Monarca dentro de un medallón circular rematado en una corona y rodeado por la leyenda: “Viva Fernando VII Rey de España y sus Indias Año 1808″. En la mitad inferior de la plancha, una alegoría constituida por un castillo y banderola con leyenda: “Viva España”, a la izquierda; un león rampante a la derecha; en medio, un óvalo con las lises reales, y debajo, la granada. Parece trabajo de platero no muy ejercitado en el arte del buril, porque no ha previsto la inversión natural que se produce al imprimir, visible en las inscripciones del redondel y no en el “Viva España”, que está bien puesto. Aún queda por asentar una referencia sobre otro retrato del más desprestigiado de los Borbones: es del 29 de mayo de 1809, y se relaciona con una imagen que se puso en la Real Fortaleza. Creo que este pasaje de las Actas Capitulares nunca fue destacado, por lo que conviene señalarlo a la atención de los lectores:

Acordaron los SS. se siente por acta, y tenga presente para dar cuenta a S.M. del desaire, el que habiendo resuelto la Superioridad colocar en este día el busto de Nuestro Monarca el Señor Don Fernando VII en uno de los salones de Palacio, mandando llevar las banderas de los Cuerpos, y convidando a la oficialidad por orden que ha comunicado la Plaza para celebrar la colocación de dicho busto, no se ha tenido presente para nada a este Cabildo con la idea sin duda de continuar imprimiendo en el público el desprecio en que se ha empeñado el Gobierno hacia este Cuerpo. Este episodio, que muestra la tirantez en las relaciones entre el Ayuntamiento y el virrey interino don Santiago de Liniers tirantez que había adquirido tintes subidos en la asonada del 19 de enero, para nuestros fines se reduce a constatar la existencia de un retrato de busto; y, aunque no se especifica si de pintura o de escultura, pienso que se trataba de lo primero, dados los antecedentes que conocemos.