
Tiene el don de combinar con maestría obras de arte y objetos de decoración. Por eso, desde su reconocido espacio de diseño, Juan Azcue también se pronuncia acerca de pintura y escultura. Hoy toca la visitada vidriera a Norberto Gómez, con su muestra “Relieves y dibujos”. Según su curador Raúl Santana, “para aproximarse a esas obras que el artista realizó en la década del ’80, es importante, aunque no imprescindible tener en cuenta que Gómez, en esa época, salía de un período dramático, expresionista y gestual, donde sus esculturas nos enfrentaban, más que a un descrédito de la figura humana, a su desintegración”. Si esto puede dar a entender que el universo Gómez estaba condenado al pesimismo, hay que saber que de pronto hubo un giro, el comienzo de una nueva serie, quizá abierta con su Pórtico de madera, una de las obras que se exhiben hoy y que sorprende a sus seguidores de siempre. “Pero es necesario advertir que en estas obras la desmesura sigue presente, ahora en arquitecturas policromadas donde un mundo artificial irrumpe con gran potencia en el mundo vivo, desencadenando asociaciones ignotas porque en ellas jamás se renuncia a lo fantástico”, advierte Santana. También sus figuras humanas traen características salvajes, casi bestiales, que hablan de una transformación y provocan sensaciones de violencia o de dolor.
Un artista fundamental
La mención vale la pena. Así se puede medir la importancia de la obra del artista norteamericano Sol LeWitt en Fundación Proa. “Párrafos sobre el arte conceptual”(1967, Artforum) se convirtió en fundacional, ya que es a partir de ese texto que el término “arte conceptual” se comienza a utilizar de manera corriente. Así, LeWitt se encontró al frente de una tendencia que privilegia la idea antes que el objeto artístico, creando trabajos que son documentos de un pensamiento antes que obras de arte tradicional. Un ejemplo de esa apertura de los límites del arte son sus Wall Drawings, muros dibujados con módulos geométricos. Es una obra que se mueve alrededor de las mutaciones de elementos simples: paredes y colores primarios. Lewitt creó específicamente sus impresionantes diseños para las paredes de Proa, a partir de planos y fotografías del lugar. Los dibujos fueron trasvasados por un equipo de 10 artistas y arquitectos locales durante cuatro semanas. Tras seguir las instrucciones, utilizando los tonos y la calidad de brochas y pinturas requeridas, se materializaron las ideas visuales del artista. Una vez dentro del recinto con los Wall Drawings, el visitante se enfrenta a una diagramación exacta que cambia de forma según la perspectiva desde y hacia donde se los contempla. Es un ámbito de alto impacto sensorial, pero de apariencia y pensamiento racional. El resultado es sorprendente.
Visión en movimiento
A comienzos de junio. Proa exhibe la muestra de otro precursor. “Visión en movimiento”, del notable artista venezolano Jesús Rafael Soto (Ciudad Bolivar, 1923 – París, 2005), presenta piezas emblemáticas de su trayectoria cinética proveniente de diversas colecciones. Las cura-doras Tatiana Cuevas y Paola Santosco y advierten que la muestra “aborda el devenir de las pesquisas que condujeron (al artista) a extender la superficie bidimensional al espacio tridimensional con la intención de ampliar las posibilidades de interacción con el espectador (formando) parte de una nueva situación visual”. Las obras de distintos períodos dejan ver los
cruces entre la curiosidad estética y científica del artista. Arte y ciencia comparten la búsqueda y el placer por la creatividad y la revelación de lo imperceptible. El arte cinético de los años Cincuenta y Sesenta nace de ese romance con la tecnología. Soto, como otros, no se conforma con representar el movimiento; quiere presentarlo directamente. Realiza obras que poseen partes que se mueven a través de mecanismos motores o manuales, por efectos ópticos y lumínicos y por las investigaciones para lograr el movimiento, que el viento impulsa en las esculturas o piezas al aire libre. La exposición “Visión en movimiento” es realizada en colaboración con el Museo Tamayo Arte Contemporáneo, Ciudad de México.
El arte en el barrio
Quinquela Martín fue el artista que a comienzos del siglo XX ideó un proyecto para La Boca, con sus colores y arquitectura única, mezcla de fachadas armónicas de simetrías, casas de chapa pintadas, populosos conventillos, que fueron decayendo. Los tiempos ahora son otros. Desde el arte contemporáneo, la presencia de Proa en la Vuelta de Rocha ayuda a cambiarle la impronta al barrio. Sus próximos planes de remodelación- del estudio Carusso Torricella de Milán para integrar el arte a la calle, ganar más metros de exhibición, un auditorio, entre otros, contribuyen a la revitalización urbana ya en marcha. Es que existen varios emprendimientos privados y del Gobierno de la Ciudad que apuntan a jerarquizar el patrimonio de ese rincón. Junto a la recuperación de franjas de San Telmo, con Puerto Madero que llega casi al Parque Lezama, se están recuperando dos edificios de gran valor patrimonial para la “Usina de la música”, sede permanente de las orquestas Sinfónica Nacional y Filarmónica de Buenos Aires, además de salas de exposiciones, de ensayo, conservatorios y otros. Una perlita: en la calle Brown y el río, frente al puente, un coleccionista europeo abrirá un museo con la obra de los artistas concretos argentinos.
