
No se «habla» en un vacío, sino en un espacio y un tiempo específicos, cuyo significado puede verse alterado por cualquier cambio que se produzca en ellos. Como ocurriría con la frase «Sigamos con este maldito asunto”, el traje de calle marrón de dos piezas con camisa y corbata a rayas muy marcadas, que en la oficina significan energía y determinación, en un funeral o en una comida campestre tendría una resonancia muy distinta. Según Irving Goffman, el concepto de «ropa apropiada» depende por completo de la situación. Cuando se dan otros signos de profunda implicación, las normas sobre la ropa apropiada pueden quedar en suspenso. A las personas que acaban de escapar de un incendio o de una inundación no se las censura por ir en pijama o sin peinar; a cualquiera que irrumpa en un acto social de etiqueta para dar una noticia importante se le disculpa por ir vestido con una camiseta y pantalones vaqueros. En la lengua distinguimos entre alguien que dice bien una oración claramente y con seguridad y dignidad y quien la dice mal. Puede que la limpieza no siempre esté próxima a la santidad, pero normalmente se la considera un signo de respetabilidad o al menos de respeto a uno mismo. También es un signo de status, pues ir limpio y aseado siempre supone un gasto de tiempo y dinero. No obstante, por lo general llevar la ropa sucia, arrugada o rota es se remonta de hecho a los albores de la humanidad. En la mayoría de las especies, un animal extraño en malas condiciones-con sarna o con el pelo enmarañado y lleno de barro tiene más posibilidades de ser atacado por otros animales. De igual manera, a las personas vestidas con andrajos es más fácil que se las trae mezquinamente. Un hombre con un traje limpio y bien planchado que se caiga en una calle del centro de Londres o de Manhattan tiene más probabilidades de que le ayuden a levantarse que otro vestido con harapos mugrientos.
En ciertos momentos y lugares una noche cerrada, un callejón solitario la suciedad y los harapos, como hablar entre dientes con gruñidos, pueden causar alarma. En la novela Grandes esperanzas de Dickens, estos dos elementos forman parte del terror que siente Pip cuando ve por primera vez al presidiario Magwitch en el cementerio: “Un hombre horrible, con una ropa basta de color gris, con un gran hierro encima de la pierna. Un hombre sin sombrero, y con los zapatos rotos, y con un trapo viejo alrededor de la cabeza». Una prenda no sólo aparece en un lugar y un momento concretos, debe «hablarla» esto es, vestirla una persona concreta. Al juzgar una prenda de vestir también tendremos en cuenta los atributos físicos de la persona que la lleva puesta, evaluándola en aspectos como su altura, su peso, su postura, su tipo racial o étnico y los rasgos y la expresión de su cara. El mismo vestuario lucirá diferente en una persona cuyo caray cuyo cuerpo nos parezcan atractivos que en otra que nos parezca fea. Por supuesto, la idea misma de «atractivo no sólo es subjetiva, sino que además está sujeta a los caprichos históricos y geográficos de la moda, como ha demostrado Sir Kenneth Clark en The Nude. En la Inglaterra y los Estados Unidos del siglo XX, por ejemplo, tener un peso por encima de la norma se ha considerado poco atractivo y como una merma de dignidad y status; como dijo Emily Post en 1922, «la grasa tiende a restarnos distinción; por tanto, quien sea propenso a la obesidad debe ser ultraconservador, para así contrarrestar el efecto». La persona con exceso de peso que no observa esta regla corre el peligro de parecer vulgar o incluso repugnante. En la obra Lord Jim, de Joseph Conrad, la vergüenza del corrupto capitán holandés la subraya el hecho de que, pese a su excesiva gordura, viste en público pijamas con rayas de color naranja y verde.
DISCURSO EXCÉNTRICO Y CONNVENCIONAL
En un extremo del espectro se encuentra aquella vestimenta cuyos elementos individuales o «palabras» son sumamente incongruentes, definiendo a quien la lleva (a no ser que esté subido a un escenario o inmerso en un desastre natural) como una persona muy peculiar o posiblemente trastornada. Imaginemos, por ejemplo, una blusa transparente de lentejuelas sobre unas enaguas victorianas de algodón sucias y unos chanclos negros de goma. Si esta misma indumentaria la usase un hombre, o si el orden gramatical normal de la oración se viese alterado uno de los chanclos puesto al revés encima de la cabeza, por ejemplo, el efecto de locura sería aún mayor. En el extremo opuesto del espectro está la indumentaria que es el equivalente de un cliché; sigue un estilo establecido en cada detalle e identifica instantáneamente a quien la lleva como médico, bippie o prostituta. Estas vestimentas no son infrecuentes, pues como han señalado dos sociólogos británicos, «la identificación con un grupo social y la participación activa en él siempre implican al cuerpo humano y a su adorno y su vestido». Cuanto más significativo es un rol social para un individuo, más probable es que se vista de una manera especial para desempeñarlo. Cuando dos roles se contrapongan, la indumentaria reflejará el más importante o los conjugará, a veces con resultados incongruentes, como en el caso de la secretaria cuyo sobrio traje oscuro que le da aspecto de eficiencia no oculta más que parcialmente una escotada blusa ceñida de color claro. No obstante, por lo general estas vestimentas sólo parecen uniformes a los extraños; los miembros del grupo sabrán apreciar diferencias significativas. La corbata del hombre de negocios londinense revelará a sus colegas la escuela a la que asistió; el corte y el tejido de su traje les permitirá adivinar su nivel de ingresos. Los estudiantes de secundaria son capaces de distinguir, de un solo vistazo, unos vaqueros nuevos de los desgastados, los que llevan parches funcionales o decorativos de los que están hechos jirones por la dejadez de quien los lleva; captan las sutiles indumentarias parece ser un signo de que en sus naturalezas más elementales o físicas son iguales, por muy diferentes que puedan ser social o culturalmente.
diferencias de significado que transmiten unos «pata de elefante» (o acampanados), de si son anchos por arriba y ceñidos por abajo. Cuando dos pantalones vaqueros son idénticos a simple vista una etiqueta convenientemente cosida al bolsillo trasero aporta útil información, identificando la prenda como cara (los llamados vaqueros de diseño). E incluso dentro de esta última categoría hay también distinciones: en nuestro instituto local, según nos cuenta uno de sus alumnos, «los colgados siempre llevan Lee, los horteras llevan Wranglers y los demás llevan Leviss. Por supuesto, para el observador atento todos estos estudiantes sólo son idénticos de cintura para abajo; arriba pueden llevar cualquier cosa, desde una camisa de leñador hasta una blusa de encaje. Gramaticalmente, esta indumentaria parece ser un signo de que en sus naturalezas más elementales o físicas estas personas son iguales, pese a lo distintas que puedan ser social, intelectual o estéticamente Ie perdemos imaginar lo contrario, y de hecho mis propias compete también Si esto es así, hemos idénticos jerseys anchos sobre un amplio surtido de pantalones das de punto, pantalones de esquiar y berudas. Somos todas buena clamaba esta indumentaria, apero como mujeres somos absolutamente distintas.
