
La protesta y el descontento social tienden a adoptar alguna indumentaria característica. Los beatniks, los teddy boys y los zoot suiters de la posguerra; los modos, los rockers de los cincuenta, los skinbeadsy los hippies de los sesenta, todos se expresaron elocuentemente en el lenguaje de la moda. Hoy en día el alejamiento de los valores comunes lo exponen con igual fluidez los estilos que en un primer momento se llamaron punk y más adelante new wave.
El punk look original apareció en Londres a finales de los setenta entre adolescentes de clase obrera con empleos marginales o desemplea dos. Se caracterizaba por el pelo muy corto teñido en colores llamativos nada naturales: con frecuencia un amarillo muy pálido, a veces rojo, verde, naranja o azul. La cara la llevaban empolvada de blanco pálido, los ojos muy negros y los labios muy pintados. En cuanto a la ropa, el rojo, el negro y el blanco eran los colores preferidos. Que a menudo se veía magullada y con arañazos. Uno de los accesorias rodeando el cuello y se usaba para atar una pierna a la otra. Las chicas punk también podían llevar esta indumentaria, o podían variarla con pantalones cortos, faldas con una abertura en el lado, suéteres de angora ceñidos y sandalias de tacón alto; sus amigos preferían las botas militares gruesas. En el lenguaje de la indumentaria, esto era una demanda de atención, así como un grito de rabia contra quienes deberían haber prestado atención a estos jóvenes en el pasado, y no lo habían hecho: padres que eran demasiado inmaduros o que estaban demasiado agotados; profesores y trabajadores sociales insensibles o incapaces; un estado del bienestar al que parecía no interesarle el bienestar de estos chicos y que no tenía trabajo para ellos. La indumentaria de motorista, las cadenas y las cuchillas de afeitar, las manchas de sangre y las cicatrices auténticas y artificiales, la exhibición de carne, tenían como finalidad ofender y amenazar. La cadena que unía una pierna a la otra no sólo sugería violencia, esclavitud y perversión sexual: también obligaba a quien la llevaba a andar con los pasos cortos, vacilantes y conmovedores de un niño que empieza a andar. Era este doble mensaje, procedente de un bebé cruelmente amenazador e infeliz, lo que hacía del punk look algo tan profundamente perturbador. La mayoría de los estilos nuevos sólo causan sorpresa, desdén, diversión o admiración; el punk look provocó simultáneamente sentimientos de rabia, culpa, compasión y miedo; era una moda que avanzaba hacia la protesta política, posiblemente hacia la acción política. El reciente equivalente estadounidense, conocido como new wave, es una versión adulterada de su original, de intención más teatral que seria. No está asociada con la clase obrera y da menos importancia a los símbolos relacionados con la figura del bebé herido, lo que es lógico dado que los niños estadounidenses tienen más posibilidades de salir malcriados que de que se los abandone. La moda new wave, además, se suele llevar de noche para ir a fiestas, bares, discotecas y de esperar, el new wave look ha provocado relativamente pocos aguerridos e inquietos (¿de dónde está entonces la novedad?) y buscan emociones baratas y relativamente seguras.
CONFORMIDAD SOCIAL: EL PREPPIE LOOK
El otro estilo emergente de finales de los setenta, el denominado preppie look, tuvo su origen en Norteamérica en lugar de en Gran Bretaña era un estilo nuevo, sino un renacimiento de los estilos suburbanos estadounidenses más convencionales de los años cincuenta y principios de los sesenta, lo que en aquella época se llamó «modas de club de campo”. Fue muy popular en los centros de la Ivy League: en la obra de Philip Roth Goodbye, Columbus (1959), Brenda Patimkin, la bella alumna de Radcliffe* entusiasta de los deportes, suele ir con bermudas de color marrón, un cinturón de tartán y un polo blanco con un pequeño cuello vuelto. El preppie lookse caracterizaba por el tipo de ropa que usaban los adolescentes de los caros internados estadounidenses y canadienses: tweeds, tartanes, blazers, jerseys de lana Sbetland o Fair Isle, pantalones de terliz, polos, camisas de tela Oxford, de madrás y de franela a cuadros grandes. Todas estas prendas seguían las reglas normales de la indumentaria conservadora: estaban fabricadas con tejidos relativamente pesados (por lo general naturales), eran de diseño anticuado y dejaban poco espacio al gusto personal o a la imaginación. La elección de modelos era sumamente limitada, y para que fuesen correctos todos tenían que llevar la etiqueta del fabricante «correcto» y proceder de la tienda «correcta». Se preferían los colores simaples primarios, haciendo hincapié en la tríada patriótica compuesta por el rojo, e1 blanco y el azul, más un marrón neutro. El objetivo era dar la impresión de que no sólo tú sino toda tu familia llevaba varias generaciones siendo rica e insulsa, negando y al mismo tiempo, por supuesto, sugiriendo una inquietud social profundamente arraigada.
