
Entre personas razonablemente sensatas el hecho de que una indisposición social del usuario, el contexto social y la situación política cuenta, la ropa en general tiende a ser más infantil, informal, inventiva cual.) En los anuncios se recomienda la ropa cara calificándola de ser más de dobladillo y menos vuelo en una falda, o una camisa blanca lisa con una corbata oscuras convierte en señal de conservadurismo político y social. La ropa sencilla, insulsa y de colores neutros que en estas épocas se denomina de manera eufemística «clásica”, es el distintivo de los tiempos de crisis o de depresión económica y social. En tales momentos las palabras que más de moda estuvieron en el periodo anterior asumen connotaciones negativas. «Excitante» y «atrevido» están pasadas; la «ropa divertida» del año anterior parece ahora estrafalaria y ridícula, y una originalidad excesiva en el vestido sugiere que la persona en cuestión es poco de fiar o que no consigue captar las realidades serias de la vida. Los colores vivos y los estampados vistosos parecen chillones o incluso vulgares, y las estanterías de las rebajas se llenan de repente de colores rubí, violeta, naranja y cachemira verde esmeralda, así como de vestidos, corbatas y camisas con estampados Art Nouveau que nadie quiere.
La ropa chillona y llamativa puede estar de moda en las épocas conservadoras, pero sólo en lugares muy concretos, de los cuales el mejor ejemplo actual es la discoteca. Una de las características de una era conservadora es que las ropas y las costumbres diurnas y nocturnas, o formales e informales, están mucho más diferenciadas que en otras épocas. En el siglo XVIII, por ejemplo, los modales públicos de las personas actos formales era ceremonial y rebuscado. En privado, o en ocasiones les dejaban al descubierto un caballero muy bajito y con frecuencia siglo XVIII no conversaban en prosa dieciochesca, su discurso era grosero, soez y a menudo hasta obsceno. Durante la revolución cultural de los años sesenta y setenta, cuando la ropa de diario era una especie de disfraz, vestirse para ir a una fiesta con frecuencia no significaba más que ponerse una camisa limpia o la camisa favorita. Hoy en día se puede llegar a producir una transformación completa, pues los hombres y mujeres jóvenes se despojan ansiosos del uniforme gris o azul marino con que se habían «vestido para el éxito» y lo cambian por indumentarias de baile que, aunque a veces abunde en ellas tanto el color como la ropa de una década antes, suelen ser más caras y de corte más recatado que aquéllas.
En épocas de inquietud y de conservadurismo hay una preferencia por los valores sólidos en todas las áreas. Las prendas caras (una chaqueta de pelo de camello, los diamantes, un abrigo de piel) se anuncian no como lujos emocionantes sino como «buenas inversiones», talismanes que darán a quien los lleve «una sensación de seguridad”. Se prefieren las casas grandes y de aspecto sólido; los muebles suelen ser pesados y a menudo de estilo antiguo. Si el viraje hacia los valores conservadores es pronunciado, cualquier originalidad o informalidad destacada en el vestir puede indicar radicalismo político y/o social. La persona cuya ropa se vuelve más conservadora puede, pues, estar respondiendo simplemente al espíritu de los tiempos, o puede estar expresando un cambio en su propia imagen, o ambas cosas. Cuando Jimmy Carter llegó a la presidencia de los Estados Unidos a menudo se lo fotografiaba con pantalones vaqueros y un jersey de cuello alto. Aproximadamente un año después, sólo se lo veía con trajes oscuros convencionales. Cuando una época de crisis va acompañada, como a menudo ocurre, por una creciente xenofobia y una desconfianza o envidia hacia las otras naciones, puede llegar a producirse un rechazo total hacia los estilos y las prendas de vestir extranjeros. Ya no se lleva dar la impresión de que nuestra ropa está hecha en Francia o en Italia, o que está inspirada en costumbres nativas de África y Asia. Antes bien, la moda mira hacia el pasado de la propia nación en busca de inspiración. Otro dato que nos puede servir de guía sobre el temperamento político y la imagen internacional de un grupo o de un individuo es el grado de reproducción de los colores de la bandera de su país en la ropa. Actualmente, en los congresos políticos tanto de Gran Bretaña conservadores hay un llamativo predominio del rojo, el blanco y el azul marino. Cuando aparecen en televisión, los candidatos políticos está el elemento rojo (sin lugar a dudas por sus asociaciones marxistas) se suele mantener en niveles mínimos.
Estilo capilar
Esta misma congelación del estilo capilar de la juventud también se da en los hombres, que pueden seguir pidiendo a sus barberos lo mismo de siempre o un ligero recorte durante cincuenta años, o al me nos hasta que el avance de las entradas haga necesario un ajuste. Algunos de los primeros admiradores de Fred Astaire que ahora andan por los sesenta años aún van por ahí con una raya lateral baja y el pelo de do tupé con brillantina. El peinado ahuecado del ex presidente Reagan del tiempo, es más difícil y por tanto menos habitual aferrase (quizá con poderes mágicos), aunque durante mucho tiempo. En ciertos casos, el hecho de aferrarse a indumentarias pasa-das de moda puede convertirse en algo absolutamente neurótico o incluso patológico. En la literatura, el ejemplo clásico es el de Miss Havisham en la novela de Dickens Grandes esperanzas, a la que dejaron plantada el día de su boda y no se quitó el traje nupcial durante treinta años: Iba vestida con ricos tejidos-satenes, encaje y sedas-todos en blanco. Los zapatos eran blancos. Y llevaba un largo velo blanco colgándole del pelo, y en el pelo flores nupciales, pero el cabello lo tenía blanco…[Entonces] vi que todo… lo que debería ser blanco, había sido blanco mucho tiempo atrás, y había perdido el lustre, y estaba apagado y amarillento. Vi que la novia que había dentro del vestido nupcial se había marchitado como el vestido y como las flores.
