SOFISTICACIÓN INVERTIDA

Antiguamente, una prenda de baja categoría era simplemente aquella que no manifestaba el Consumo, el Derroche o el Ocio Ostentosos: la que era por el contrario económica, práctica y cómoda de usar. No estaba sujeta a las vicisitudes del estilo; no era un estorbo para el trabajo físico, no se arrugaba, ni se rompía, ni se ensuciaba con facilidad. Era de corte sencillo, sin adornos y estaba hecha de algún material resistente como los tejidos caseros, la pana, el percal o el cuero. Hoy esta ropa, donde todavía existe, es relativamente cara de fabricar y por tanto su prestigio ha aumentado. En términos lingüísticos, es el equivalente de las palabras y fases coloquiales e inspira el mismo tipo de cordialidad y confianza. Actualmente el extenso vocabulario o un mono de color caqui. El usuario de la alta costura, sin embargo, es picante o irónico, y en modo alguno vulgar. La norma, como en el lenguaje hablado, parece ser que en un conjunto completo sólo puede aparecer una de estas prendas, y que sus aplicaciones prácticas o vulgares han de contrarrestarse con una o más piezas que sean ostentosamente caras. Por tanto, la camisa de franela a cuadros se lleva sobre unos pantalones de ante y con una americana de seda; los monos se usan con botas de cien dólares y se los adorna con media docena de pesadas cadenas de oro. 

La ropa extranjera de bajo status se usa a veces de la misma manera, aunque como es exótica y además plebeya se puede llevar simultáneamente más de una prenda de esta clase. La indumentaria normal de los campesinos chinos, los braceros indios o los pescadores griegos no necesitan más que uno o dos complementos caros para transformarse en sofisticación. La ropa de trabajo sencilla y pasada de moda se ha visto sustituida ahora en la base de la escala de la moda por las prendas que imitan estilos recientes de la alta moda de la forma más barata posible. El orlón y el poliéster sustituyen a la lana, el algodón y la seda; el vinilo reemplaza al cuero; los adornos adhesivos sustituyen a los pliegues, los plisados y los bordados; las costuras son estrechas y están mal cosidas, los dobladillos son escasos, los forros de mala calidad o inexistentes. Cuando están recién compradas, estas prendas pueden engañar a ciertas personas durante algún tiempo, especialmente de lejos; pero en cuanto pasan por la lavadora o la máquina de limpieza en seco queda patente su verdadera naturaleza. Curiosamente, esta caducidad crea su propia variedad de Derroche Ostentoso. Ciertos sectores del público, para quienes los precios bajos e ir a la última moda son más importantes que la calidad o la durabilidad, prefieren tal tipo de ropa. Son especialmente populares entre los niños de poco más de diez años, cuyas principales prioridades son parecerse al resto de la pandilla y adaptarse a los cambios que experimentan el tamaño y la forma de su cuerpo. Por esta razón, a menudo es difícil distinguir la clase social de la que proceden un niño o una niña de entre trece y quince años, a menos que pertenezcan al estrato superior o inferior de la sociedad y sean lo suficientemente ricos como para comprar una versión bien hecha de la última novedad o demasiado pobres para no poder comprar ningún tipo de versión.

STATUS JUVENIL

La ropa de niño indica muy duramente el status, pero de forma muy parecen ir mejor vestidos que los de clase media, especialmente cauris Cinas llevarán vestidos de fantasía relativamente delicados; los niños de algún equipo deportivo. Los niños de clase media serán los que lleven pantalones de peto, tejanos y camisetas. Esta inversión aparente de las normas del Consumo Ostentoso es el resultado de diferentes actitudes hacia la infancia. Para una familia respetable de clase obrera o de clase media baja, sus hijos expresan la aspiración de status; se los viste, por tanto, para que indiquen (quizá para predestinarles mágicamente) el futuro que ansían. De los hijos e hijas de familias ricas, por su parte, lo único que se espera es que igualen el status de sus padres, y de momento se los está poniendo a prueba. Por tanto, no es de extrañar, como han señalado varios de los autores que han escrito sobre el vestido, que, a estos niños, desde finales del siglo XVIII, a menudo se los haya vestido con ropa de sirvientes y de obreros. Los niños ingleses de mediados de la época victoriana llevaban guardapolvos de hilo o algodón como los de los granjeros; la bata blanca almidonada y con volantes de la colegiala imitaba la de la doncella. Actualmente, los niños de clase media alta llevan monos de peto de granjero y monos de cremallera como los de los obreros de una fábrica. No obstante, en ocasiones, especialmente cuando las llevan los niños pequeños, estas vestimentas sólo son plebeyas en la forma, no en el material de que están hechas. Aunque los diseños sean iguales, los tejidos son más caros y/o más delicados y de colores más claros. Así vemos a niños que ni siquiera andan todavía vestidos con monos de lunares y de terciopelo de color azul o rosa pálido, y que jamás se acercarán a menos de un kilómetro de un corral: tejidos que proclaman el con su familia acomodada, expresan que es una persona pequeña sin la más indica que este niño según se nos pide que lo veamos es de un material más delicado que sus contemporáneos.