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	<title>villanía &#8211; thedecolife.com &#8211; Picky Cova</title>
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	<description>Noticias, tendencias y análisis deco internacional</description>
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		<title>LA BARBA Y EL BIGOTE, DE LA VIRTUD A LA VILLANÍA </title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ian Arlyn Kupchik]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Apr 2026 07:31:00 +0000</pubDate>
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<p>Lo que distinguía al<em> preppie</em> look de los modelos de club de campo de los años cincuenta era la identidad de sus usuarios. Estas prendas informales las llevaban ahora no sólo los adolescentes de internados y de ciertos centros educativos, sino también personas en torno a los treinta o cuarenta años, muchas de las cuales no habrían sentido el más mínimo interés por este tipo de ropa sólo unos años antes. Por otra parte, el<em> preppie</em> look ya se podía ver en lugares y en ocasiones que en los años cincuenta habrían exigido una vestimenta más formal. Un efecto secundario de esta acumulación de capas de ropa fue que se desdibujó la imagen corporal e incluso las diferencias sexuales, de tal forma que, excepto por la longitud del cabello, con frecuencia no se podía distinguir a un joven preppie de una joven<em> preppie.</em> Cuando proyectaban algún tipo de aureola sexual, ésta era de sano atletismo o de zalamería pre pubescente: una especie de calor de oso de felpa. La otra característica sobresaliente de la moda preppie era el uso que hacía de botonaduras innecesarias. Los zapatos iban adornados con lazos, corchetes y pasadores sin función alguna; los pliegues de las faldas se sujetaban con imperdibles o con hebillas; tiras de cuero o de tela aseguraban innecesariamente los puños de los guantes, las pretinas de faldas y pantalones y los hombros de los impermeables; hasta los picos de los cuellos de las camisas se abotonaban para que no pudieran escaparse.&nbsp;</p>



<p>A lo largo de los siglos el pelo facial masculino ha proporcionado grandes oportunidades para la expresión de la opinión. La barba corrida, por ejemplo, ha significado según las épocas autoridad paterna, inspiración espiritual, violencia radical y genio artístico, quedando determinado su significado particular por otros detalles de la indumentaria y el aspecto físico, y por si en un momento dado las barbas se consideraban o no respetables. El pelo facial también ha sido a menudo una guía sobre la profesión de las personas. Se podría escribir un pequeño tratado sobre el significado de los diversos tipos de barbas y patillas de finales del siglo XIX. Tal obra incluiría las barbas bíblicas del líder religioso; las barbas rectangulares de ingenieros y científicos como Charles Darwin; las espesas pero bien arregladas barbas de los oficiales del ejército y la marina; la barba puntiaguda estilo Vandyke popular entre artistas como Whistler; las patillas largas o<em> dundrearies </em>&nbsp;asociadas con nobles y estadistas ingleses como Gladstone (y, de forma más sutil, con los clérigos); y las barbas largas y desgreñadas de poetas como Whitman, Longfellow y Tennyson. Los representantes imaginarios de las naciones también usaban estilos típicos: a John Bull se lo podía reconocer por sus patillas rizadas y ondulantes, y al Tío Sam por sus dispersas barbas de chivo blancas.</p>



<p>En la década de 1880 las barbas y las patillas comenzaron a encoger, dejando a menudo un rastrojo de pelo encima del labio superior. También en esto había muchos mensajes y muchos estilos posibles. Un bigote podía ser ancho o estrecho, corto o largo, poblado o ralo, recto o forzado a adoptar sofisticadas formas. El gran mostacho cuela sopas o bigote de morsa era el preferido de los oficiales del ejército y colonizadores del Salvaje Oeste y, en una versión ligeramente abreviada, del antiguo oficial del ejército y supuesto colonizador Theodore Roosevelt. El bigote tipo manillar con su caída barroca y sus puntas encrespadas se asociaba con los barberos y por tanto (como todavía ocurre hoy) con los cuartetos de barbería. El bigote fino retorcido era con frecuencia el preferido de artistas y músicos, algunos de los cuales también conservaban la barba larga, estrecha y afilada, o barba imperial. Según el<em> Chronicle</em> de Chicago de 1903, en el bigote se podía leer el carácter y también la profesión. Las puntas hacia arriba indicaban vanidad y dandismo; un bigote de pelo grueso y duro, que parecía reforzar el tradicionalmente rígido labio superior, indicaba estoicismo. La sensibilidad y los gustos artísticos se manifestaban con un bigote suave y sedoso, con las puntas caídas. El egoísta testarudo llevaba patillas largas y estrechas, mientras que las del caballero refinado o erudito eran tupidas y recortadas.</p>



<p>A la lista se podrían añadir ciertamente los largos bigotes negros de los villanos de la ficción y más tarde de la escena y la pantalla. Acomete la ruina total de la heroína de Hardy. Por desgracia para novelistas, diseñadores escénicos y estudiosos del carácter masculino, hacia los años veinte la mayoría de los bigotes se habían quedado en un mero vestigio o habían desaparecido por completo, y las pocas barbas que sobrevivieron pertenecían a hombres de edad, a artistas o a excéntricos. Durante los treinta años posteriores casi todos los hombres iban perfectamente rasurados o usaban pequeños bigotes. Algunos de estos estilos se asociaban con determinados rangos o especialidades de la carrera militar. Tanto en los Estados Unidos como en Gran Bretaña los bigotes más grandes y más sofisticados se consideraban extraños e indeseables. Dependiendo de su forma, sugerían la suavidad latina y la pasión ilícita, el dandismo francés, el bandolerismo mexicano o siciliano, el estoicismo y la melancolía escandinava, la inescrutabilidad china, la melancolía rusa y el bolchevismo y(tras la ascensión de Hitler al poder) la paranoia teutónica. Para el hombre normal un bigote como éstos en personas de origen anglosajón era como la aparición de una hierba extraña y peligrosa en su jardín. La barba, al menos que la llevase un sabio reputado como Shaw o Freud, se consideraba un amaneramiento bastante desagradable que probablemente se adoptaba para ocultar una barbilla pequeña.</p>
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