
Versace dejó por un tiempo el look ultra sexy para presentar una colección de tailleurs color rosa, muy aburguesados, olvidando, por un momento, el perfil de su ropa, que a veces llegó a ser calificada como vulgar y obscena por algunos críticos. Las telas que usó eran de estilo neobarroco en sus estampados, adornadas por conchillas de mar y leopardos, y la cabeza de Medusa, que se convirtió en logo de la casa Versace. Su gran éxito fue esa opulencia digna de la época, que eligió un desenfreno típicamente posmoderno y directo, con elementos kitsch y heavy metal, y con algo de sadomasoquismo. Elementos que amaron sus principales clientes: la gente del espectáculo, los ídolos millonarios y los deportistas, amén de los nuevos ricos y los famosos mediáticos. Sin embargo, el descontrol en los gastos, característico de los años ochenta, fue desapareciendo y comenzó la recesión en el área de la moda. Le siguieron, en su estrategia, muchas firmas europeas y norteamericanas de prêt-à-porter informal. El secreto: armar un equipo de coordinados en color y estilo que pudieran intercambiarse. Para algunos críticos, ese fue un síntoma, junto a algunos amagos de moda retro, de que los costureros habían llegado al punto de no tener nada más que decir. Aunque la economía crecía las ventas no se incrementaban. Surgieron otras formas de comercialización y los saldos se hicieron más frecuentes y efectivos.
John Galliano
Mientras los emblemas del sadomasoquismo estaban aplicados a modelos realizados en goma, látex o cuero, se convirtieron en los preferidos de la calle. Surgian, entretanto, personalidades inquietantes como John Galliano, quien junto a Gaultier y a Vivienne Westwood nunca dejó de hurgar en el pasado de la moda. Galliano fue el más insistente en esa tendencia, desde que se inspiró en la Revolución Francesa, la China, África, Afganistán o la ropa de Jacques Fath, o el japonesismo, entre otras fuentes. Siempre lo hizo, tanto en sus propias creaciones como en las que firmó para Givenchy y Dior. En todas sus etapas asoció la técnica tradicional de los sastres con formas y telas exóticas. Su corte complejo fue tan descollante como la utilización hábil e imaginativa de los materiales. Su sentido del humor prevaleció en la reinterpretación de los estilos históricos del siglo XVIII, donde acentuaba el glamour y el atractivo sexual.
Galliano maneja a la perfección las técnicas del drapeado y el bies, estudiando a Balenciaga, Vionnet y Poiret, además de otros creadores de la época de oro de moda de entreguerras. Y también de la posguerra. Su colección de primavera 1995fue una muestra deslumbrante de los años cincuenta, en la que reinterpretó a Dior sin copiarlo, calculando nuevas telas que alivianaran las costuras y lograran el mismo efecto de una manga “new look”, pero con un cambio en el camino de las tijeras, estudiado en cada puntada de su maestro preferido: Balenciaga.
Vivienne Westwood
Westwood llegó al pasado desde sus comienzos, en 1971, cuando junto a Malcolm McLaren inauguró una boutique de ropa usada de los años cincuenta, donde también se vendían discos de rock de esa época, que luego amplió con ropa de cuero de connotaciones punk. La alianza del cuero con aditamentos de tachas y cierres relámpago definieron un estilo sadomaso.
A partir de allí, el bondage look de Westwood, usado por el grupo punk Sex Pistols, fue su imagen de marca. Pero en 1982, sus boutiques marginales dejaron sus nombres provocativos como Sex y llevaron su etiqueta con nombre y apellido. Su colección Buffalo lucía la superposición de prendas interiores, ostentosas y visibles. Luego las minicrinis, en 1986, y las plataformas triples que acompañaban la amplitud exagerada de las faldas, fueron su imagen de marca. Considerada una intelectual independiente, Westwood, fiel admiradora de las telas típicas inglesas y de la exactitud de sus sastres, siempre se ha mantenido en una posición no ortodoxa. La pintura del siglo XVIII y los muebles de esa época la indujeron a rescatar, del ornamento de un espejo, el tema central de un vestido de terciopelo negro con el dibujo reproducido en dorado. Una pintura de Boucher, con pastores y ovejas como protagonistas, la inspiró en su colección de 1990, mostrada en Londres, que todos aplaudieron. También fue francesa la inspiración de los nombres de sus colecciones en los noventa: “Vive la cocotte!”y “Vive la bagatelle!”, de 1995 y 1997 respectivamente. En la última, Naomi Campbell deslumbró con un vestido de noche drapeado y violeta de crêpe marrocain, mientras Katia Simon lucía un romántico vestido de soirée de satén duchesse con rosas en la cintura. ¡En 1995, para su colección “Vive la cocotte!”, Demi Moore fue elegida por Westwood para lucir el modelo “Reina de Saba”, un vestido inspirado en la pintura de Tiépolo. En 1994, mostró el desfile “Zonas eróticas”, donde invadió la pasarela de mannequins munidas de traseros exagerados, logrados por medio de postizos en forma de jaula de plástico, que aumentaban el volumen por detrás, y también senos postizos, para acentuar el escote. La profusión de modelos de corsets fue emblemática de V. W. en 1987, cuando los usó junto a la minicrini, cruza de minifalda con miriñaque.
