Retratos de las autoridades eclesiásticas

Al establecerse el obispado de Buenos Aires, fue su primer prelado el carmelita sevillano fray Pedro Carranza, quien, sin consagrarse, tomó posesión de la diócesis el 19 de enero de 1623, erigiendo en catedral la mísera iglesia del lugar al año siguiente. Gobernó durante diez años, y todos los testimonios están acordes en que era de santas costumbres, piadoso, erudito y un buen predicador. Hay un antiguo retrato suyo en la Sala Capitular de la Catedral, en muy mal estado de conservación, y que no me atrevo a asegurar sea del siglo XIX. Pintura local, sin duda, y bastante ingenua, muestra al Religioso vistiendo roquete y muceta, con la cruz pectoral sobre ésta. Mantiene entre sus manos un pliego con inscripción relativa de la Catedral, cuyo frontis se ve sobre la mesa donde apoya el antebrazo izquierdo. A un costado, sobre la tabla, que está rebatida, hay un plano de la iglesia metropolitana, y, en el borde inferior, en toda su extensión. Como es sabido, la actual fachada de la Catedral es un producto del neoclasicismo de principios del siglo XIX, agregado a un interior barroco construido en la centuria anterior, razón por la cual debe tenerse por posterior a los años 1822-27 la pintura en su totalidad, o, por lo menos, la parte a la que me refiero.

La datación del cuadro me plantea una serie de interrogantes que no puedo contestar satisfactoriamente, por cuanto éste, como la mayoría de los óleos coloniales, requiere una limpieza a fondo, para eliminar barnices y repintes sucesivos.

A pesar de que no sea posible una apreciación definitiva, expongo algunas observaciones personales que estimo ayudarán más adelante. Si se suprime la maqueta de la Catedral, queda un vacío en la mesa, que el pintor no pudo concebir. Por otra parte, la inclinación de la techumbre de1 edificio se adapta perfectamente a la oblicua del antebrazo, como si todo el diseño se hubiese pensado al mismo tiempo. El escudo de los Carmelitas Descalzos, que está en el ángulo superior izquierdo, parece dibujo del siglo XIX, por su forma elíptica, lo mismo que algunos detalles ornamentales de menor importancia. Así planteadas las cosas, sintetizo que el retrato del obispo Carranza es un antiguo óleo sobre tela copiado de un modelo anterior o pintado sobre el original, al que se habrían incorporado la fachada de la iglesia y el escudo de la Orden. No he podido examinarlo por el revés, motivo por el cual no sé si se mantiene el lienzo primitivo o está entelado. Del segundo obispo de Buenos Aires, Cristóbal de Aresti, también hay retrato en la Sala Capitular. Aparece de pie, de más de medio cuerpo, con sobrepelliz y muceta, apoyando la mano derecha sobre la mesa, en la que se ven dos mitras, alusión a las diócesis que gobernó, puesto que cuando fue electo para la de Buenos Ares ocupaba la silla episcopal de la Asunción del Paraguay.

Era de Valladolid, y, siendo benedictino, rigió la abadía de Samos, donde estaba cuando fue promovido al obispado de la Asunción, de donde vino a nuestra ciudad, después que se despacharon las ejecutoriales del 20de noviembre de 1636. Su mandato apenas alcanzó a tres años, porque murió en 1639, quizás en Potosí, pasados los setenta años de edad. Se me ocurre, pues, que el retrato de marras no puede representar al mitrado durante el ejercicio de su cargo aquí, por cuanto se lo ve todavía joven, aunque expresa bien su carácter intransigente, que le acarreó disgustos sin fin con autoridades y fieles. De otros obispos no hay retratos, o los que circulaban como tales no ofrecen garantías de autenticidad; pero de fray Gabriel de Arregui (1654-1724), que en verdad no fue titular de la sede bonaerense, se conservan dos: uno guardado en el Museo Histórico Nacional, que estuvo antes en el Convento de San Francisco de Córdoba, y el otro, propiedad de la Catedral porteña. Ambos están pintados al óleo sobre tela, y muestran al Purpurado de pie, revestido con los ornamentos episcopales. El que viene de Córdoba, por su procedencia, no parecería trabajado en Buenos Aires, en tanto que el otro, que se supone estuvo siempre en el mismo lugar, merece, a nuestros fines, un más detenido examen. Como novedad, en lo que llevamos visto, ofrece la particularidad de presentar una segunda figura, también de pie y portando el manto de fray Arregui, por lo que supongo sea el retrato del presbítero Patricio de Figueroa. Según diré. Una inscripción colocada en el ángulo inferior izquierdo, que trascribo sin abreviaturas y modernizada la ortografía.

Se llama caudatario al eclesiástico doméstico de un obispo, destinado a llevarle alzada la cauda, o sea la cola de la capa magna o consistorial. De ahí que, si el texto particulariza el oficio de Patricio de Figueroa, no es descaminada la presunción de considerar a la segunda figura como a un retrato de éste. Con ello se me plantea otro problema, porque si es Figueroa el retratado, la pintura debe de haberse realizado en el Perú, de donde era obispo Arregui y cura Figueroa, ya que es difícil suponer que este sacerdote viniera a Buenos Aires, si hubiera sido peruano; pero sí pudo retornar a Buenos Aires, si hubiera sido de aquí después de la muerte del Obispo (1724), a quien habría acompañado en su viaje al Cuzco. Está demostrado que algunos rioplatenses lo siguieron al Perú: así lo indica la acusación de nepotismo que se le planteó por haber hecho corregidor del Cuzco a su sobrino Juan de Armaza y Arregui, y provisor y vicario general de su obispado al doctor Juan Fernando de Armaza. No extraña, pues, que otros personajes lo siguieran a los reinos del Perú, donde gozó fama de vittuosa como la tenía en el Tucumán, según el testimonio del gobernador Esteban de Urízar y Arespacochaga. Los Anales del Cuzco dejaron este otro: Admiró el Cuzco en este Prelado, a más de la regular observancia, un verdadero Apolo de la más escogida literatura y no vulgar enciclopedia, con toda erudición sagrada y profana… Fue el más sabio de su tiempo. Fue también muy cumplido en las ceremonias sagradas y muy celoso de los oficios divinos… Dio varias dotes a doncellas pobres, dedicándolas a monástica clausura y mejor esposo. Dio muchas limosnas.