De manera consciente o inconsciente, la moda y la ropa en general desempeñan un papel importante en nuestra vida cotidiana. La simple rutina de vestirse por la mañana para ir a trabajar, a dar un paseo e incluso ir al gimnasio nos obliga a decidir cómo mostrarnos ante los demás y a escoger lo más cómodo o apropiado para cada actividad. Comprar ropa conlleva también tomar una serie de decisiones: ¿no es este color demasiado chillón?, ¿esto lo puedo llevar al trabajo?, me queda bien? A raíz de estas realidades, antropólogos, filósofos, psicólogos, sociólogos, teóricos y académicos han convertido la moda en una cuestión primordial de la sociedad moderna. Teniendo en cuenta la expansión comercial de nuestros mercados y la diversificación creciente de la oferta, es importante diferenciar algunos conceptos de base como ropa y moda. Para simplificar, la ropa es todo aquello que cubre y protege el cuerpo. Lo prioritario es la función, en detrimento de la estética o el estilo; el color, el tejido y los detalles pocas veces varían. El clima, la geografía y los valores socioculturales desempeñan roles importantes a la hora de determinar la forma de vestir. La ropa funcional, como los uniformes o el vestuario de trabajo, está diseñada para proteger y que sea cómoda. En ocasiones, por motivos de identidad corporativa o debido a los avances tecnológicos en materia textil, cambian los gustos, el estilo, los colores y hasta los géneros de la ropa. Pero la alteración suele ser discreta y el propósito básico sigue siendo funcional.

La moda, por el contrario, se presenta dos veces al año en forma de colecciones: la de primavera/verano y la de otoño/invierno. Está sujeta a cambios rápidos y continuos de estilo, materiales y accesorios y complementos. Frente a la naturaleza elemental y práctica de la ropa, el estilo se erige en el valor supremo de la moda. Su función básica es ofrecer al consumidor, una temporada tras otra, tendencias y estilos actualizados. Quizá suene frívolo y pretencioso, pero, más allá de lo que se percibe a simple vista, bajo las prendas de moda se ocultan numerosas y complejas facetas de toda una industria. Los diseñadores se esfuerzan mucho por conecta con el consumidor en el ámbito estético nacional. Así, las prendas de moda, los de prensa especializada a menudo abre de actualidad sobre la sexualidad o la forma conceptual de los diseñadores se inspiran en la historia y de la indumentaria, por lo producciones se enriquecen, economías, políticas y tecnología de lanzar dos colecciones al año, colaboran con estilistas para renovar los peinados y los maquillajes cada temporada. El objetivo es atraer al consumidor para que compre y forme parte del mundo ideal de la moda.

La identidad

Sirven para que la persona muestre su pertenencia a un grupo en particular, con el que comparte una manera de pensar, unos gustos, una cultura, un origen o una religión. Las antiguas civilizaciones de América, África y Asia usaban ciertos atavíos tatuajes, piercings, pinturas corporales y pieles o plumas para expresar su individualidad, su pertenencia al clan y su estatus. Desde la década de 1940las culturas juveniles y las tribus urbanas de Occidente son muy influyentes en la moda y ayudan a sentirse parte de un colectivo que piensa y se comporta de forma homogénea. Cada grupo se caracteriza por tener una forma de vestir, unos gustos musicales y unos valores políticos y sociales. Entre los universalmente conocidos se cuentan los skinheads, los punks, los modos, los neorrománticos y los góticos. En los guetos de Nueva York han surgido otros dos grupos más recientes, los boys (contracción de breakboy) y las flygirls (nombre procedente de un grupo de baile que salla en el programa de televisión estadounidense /n Living Color, cuyos rasgos distintivos son su pasión por el breakdance y el rap. La ropa también es la expresión de un reconocimiento simbólico, ya sea por motivos religiosos, como determinados trajes para celebrar rituales, o profesionales. En ambos casos algunas diferencias definen y segregan en función del rango o la jerarquía. Los ropajes de los romanos, por ejemplo, reflejaban las divisiones sociales: los esclavos llevaban el pelo largo y no se afeitaban, mientras que los esclavos liberados se rasuraban la cabeza y se ponían un gorro llamado pileus para diferenciarse de los otros. Aunque no estaba prohibido, los ciudadanos romanos raramente llevaban sombrero; sólo el emperador lucía una corona imperial formada por hojas de laurel de oro macizo que reafirmaba su estatus y su autoridad. Incluso hoy, la realeza manifiesta suposición en actos formales e institucionales mediante joyas y prendas profusamente adornadas.

Llevar trajes con elevado valor simbólico en acontecimientos solemnes, como un entierro o una boda, es algo habitual en muchas sociedades y culturas. Las diferencias entre unas y otras son interesantes; en la nuestra, por ejemplo, las novias visten de blanco como símbolo de pureza y virginidad, mientras que en la asiática la futura esposa viste de colores llamativos, normalmente rojo, en señal de celebración. Asimismo, el blanco es el color de las viudas, tengan la edad que tengan. El uniforme es el ejemplo más emblemático de la identificación profesional: cuerpos institucionales como la policía, el ejército o los equipos de rescate se reconocen inmediata-mente por su indumentaria, que indica la per-tenencia a una organización. Tanto en el conjunto de la sociedad como en el seno de una institución o empresa, los uniformes simbolizan poder, autoridad y rango.

Pero como ya se ha dicho, la ropa también sirve para definir el género y la sexualidad. El término androginia hace referencia a la ambigüedad en el género y a la combinación de características femeninas y masculinas. En París, durante las décadas de 1920 y 1930, hubo un grupo de lesbianas se vestían como si fueran hombres para reivindicar abiertamente su sexualidad. En los años setenta el movimiento de liberación gay hizo algo parecido-si bien bastante más radical y menos sutil-para ex-presar su inclinación sexual. Muchas lesbianas se raparon el pelo a cepillo y se pusieron camisas de franela y botas de obrero, mientras que los gays mostraban su lado femenino apareciendo públicamente maquillajes y vestidos de mujer. En la década de 1980 la androginia se extendió y dejó de ser una alternativa. Estrellas del pop y del rock como David Bowie y Boy George cruzaron las líneas fronterizas del género al peinarse de forma extremada y pintarse los ojos, mientras otras artistas, como Annie Lennox, se cortaban el pelo a lo chico y vestían trajes de estilo masculino. En 1965 Yves Saint Laurent inauguró una nueva época en el mundo de la moda. Inspirándose en la historia de las lesbianas de París y en la tendencia andrógina del momento, diseñó el esmoquin femenino, al que bautizó Le Smoking. Al feminizar la pieza básica del vestuario masculino, Saint Laureri: los estándares de la moda. No sólo este clásico a la mujer, sino que hizo lo también con americanas, chaquetones con botones metálicos, cazadora: otras prendas.