
Entre 1985 y 1990 se produce el gran cambio en el sistema de la moda y la consiguiente búsqueda acelerada para encontrar nuevas pautas que guíen el diseño y la creación. Esto produce la desarticulación de las estructuras existentes y el surgimiento de una nueva mentalidad para pensar la moda. El diseño en general, y el textil y de indumentaria en particular comienza a ser estudiado en las Universidades Nacionales. Algunos institutos privados como el Centro Argentino de Estudios de Modas de Alberto Vidal y las diferentes cámaras para cada sector se anticipan a través de investigaciones, seminarios, conferencias y cursos a la comprensión de esta mentalidad que surge a nivel mundial, como consecuencia del ritmo creciente de aceleración, nunca antes experimentado.
Las nuevas condiciones provocan reacomodamientos en el escenario de la moda argentina; algunos nombres desaparecen y algunos otros empiezan a ser conocidos. Jorge y Horacio de la Cruz con un prêt-à-porter que toma elementos de Givenchy y Courrèges entremezclan con desenfado kimonos, fajas, turbantes y plumas. Bea Carabio con especies y perfumes de Oriente merece una mención especial; Chiche Farrace impone su nombre con la ropa de cuero.
Tonos contrastantes, vivos y neutros, dentro de la mezcla del prêt-à-porter y la alta costura propone Eduardo Ferahian para Bricole. Un estilo recargado y suntuario es el de Camomille, sin definirse entre el prêt-à-porter y la alta costura. Gabriela de Fernández introduce sus creaciones en un sector que no es el tradicional, y Celina Cofone y Jeanette Antoniazzi en Puzzle se definen por su estilo especial. En su boutique de la zona norte, Lilyan Foresti se especializa en vestidos de cóctel y trajes de noche, sin descuidar su exclusiva línea de prêt-à-porter. Durante estos últimos años se produjo el ascenso de Elsa Serrano a los primeros planos de la moda nacional. Si bien abarca varias áreas, incluyendo una línea masculina, se destaca especialmente en el “alto cóctel”, donde está logrando su identidad estilística, con prendas de excelente corte y telas muy nobles. Los rosarinos Mario Buraglio, Elizabeth Degano y Víctor Delgrosso han sido la revelación de este lustro, a través de la firma Varanassi. Comprendiendo las nuevas pautas que guían el diseño, lograron una síntesis perfecta entre el arte escultórico y la funcionalidad, convirtiéndose en la más ajustada transición entre lo que fue y lo que será el concepto de vestimenta para la nueva década.
Jóvenes interpretan a jóvenes
Hacia fines de la década, el proceso de individualidad creciente que se ha ido desarrollando desde los años 60 modifica las conductas, impulsando una fuerte necesidad de ser personales. Los nuevos diseñadores jóvenes, enfrentados a la sentencia del español Adolfo Domínguez “llegará un día en que cada persona sea su propio diseñador”, comienzan a pensar en función de imágenes visuales y no de vestimentas.
Los tradicionales soportes del diseño: forma, volumen, textura y color se alteran y se confunden, permitiendo el desarrollo de los aspectos lúdicos de la moda que se remiten actualmente a una estética emparentada con las historietas y los comics. Fue el irreverente francés Jean Paul Gaultier quien influenció con sus tendencias de avanzada a todos los jóvenes diseñadores del mundo: combinación de texturas no tradicionales, mezcla de diseños búlgaros con cuadros, pelucas naranjas y azules para sus maniquís, etc. Martín Sitbon y Sybilla también enseñaron la importancia de diseñar con total prescindencia de tendencias compartidas, sólo la libertad de usar lo que cada uno quiere: jóvenes interpretando a jóvenes.
En la Argentina a partir de 1984 la pareja de jóvenes diseñadores Alan Faena y Paula Cahen d’Anvers imponen su propia interpretación del mundo y de la realidad de la gente joven desde Via Vai. “Sentimos que somos parte de un fenómeno sociocultural que se parece cada día más a lo que pasa en Europa, es más, sentimos que nuestro producto se puede trasladar con éxito así como está, intacto, a cualquier parte del mundo.” El importante crecimiento de la firma en tan pocos años confirma que la cantidad de jóvenes de ambos sexos argentinos, enrolados en las nuevas tendencias, está en continuo ascenso.
Después de guerras y de grandes desequilibrios económico sociales el arte y la moda se suelen reconocer como géneros de la misma especie, tal como ocurrió en los años 20, los 60 y en los 80. Hacia 1988 por primera vez en nuestro país se organiza una Bienal del Arte Joven y se incorpora a la moda como parte vital. Es allí donde los jóvenes diseñadores tienen oportunidad de demostrar su interpretación de lo que debería ser una moda joven.
