
Estas imágenes que recibe la mujer argentina durante la década del 30 son muy atrayentes, pero le resultan demasiado inalcanzables como modelo de imitación. Por eso prefiere la moda que impone la clase alta y que se divulga a través de dos revistas importantes: El Hogar y Atlántida. Esta situación varía en la década siguiente, cuando el encanto de Rita Hayworth y de las figuras cinematográficas desplaza a la clase alta en el lanzamiento y afianzamiento de las modas.
En 1935 aparece en París Damia, la cantante que se presenta por primera vez vistiendo un fourreau negro, estilizado, de escote en “V” sin mangas, el mismo que adoptará en la década siguiente Juliette Gréco. Mientras tanto Paquin, Molyneux y Chanel lanzan en la temporada 193738 la línea sirena.
En cuanto a los vestidos de tarde, hacia el principio del período se presentan con una novedad bastante original: la combinación bicolor, ya sea para las mangas solas o para la parte superior del cuerpo y medias mangas o bien los puños. Eran comunes los trajes de jersey de lana de línea angosta a mitad de pierna; las faldas, generalmente de corte sesgado, terminaban las pinzas con detalles de “mosquitas” y se acompañaban con saquitos cortos ribeteados en piel de astracán. Encontramos la misma piel en el cuello y puños en un traje de tweed colorado y blanco. Dice el Para Ti del 23 de octubre de 1934: “Los adornos de piel están muy de moda en los saquitos cortos. Algunos de estos saquitos se trabajan con pespuntes, nervaduras y recortes o con bandas plisadas vueltas hacia arriba, guarnición nueva y llena de elegancia. Botones de cuero y cristal.”
Los botones ocuparon un lugar de importancia entre los accesorios de moda. En general, eran de gran tamaño o de tamaño decreciente, algunos mostraban una fuerte influencia surrealista, semejaban mariposas o distintos animales; otros se hacían recortando las flores de los estampados de los géneros de los vestidos. Durante la década del 20 y especialmente del 30, ya se había destacado Nolin en su confección, llegando a firmarlos. Estos importantes botones eran comunes en los vestidos para cerrar o como adornos de bolsillos y recortes, siendo habituales los de galalita imitando carey.
Los estampados pequeños lucían en el crêpe marocain, crêpe de seda, crêpe gauffré, confeccionándose también los vestidos de tarde con cotelé, lanas angora, lanillas finas, taffetas escocesas, crespones lisos o imprimés. Hacia la mitad de la década las faldas se alargan todavía más y se comienza a usar el escocés en vestidos que se adornaban con cuellos y cinturón de crespón blanco y adornos de valencianas, o bien con cuello plisado en seda lisa, detalle que siempre se repite en las mangas. Entre las características de la época podemos señalar tanto el forrar los sacos con el mismo género de las blusas, por ejemplo, chaqueta de taffeta cuadrillé blanca y negra, cuyo forro de crêpe rojo vivo se repite en la blusa, como también adornar los sacos y tapados que generalmente eran tres cuartos y siete octavos con zorros azules que descendían verticalmente desde el cuello hasta el talle.
Si bien la peletería Select de Esmeralda 560 vendía en 1939 cuellos de zorro a $125 y zorros azules a $175 (casi el precio de un vestido de alta costura), estos se usaban habitualmente completando por ejemplo un vestido en “Duvetine” de falda y mangas angostas. También completaban el ruedo y los puños de las mangas “japonesas” de elegantes saltos de cama (que llamaban batones para la casa). Estos batones podían confeccionarse en guipure o satén blanco y se acompañaban con carteritas tipo “sobre”, con divisiones para llevar una polvera, espejo, pañuelo y rouge de labios.
En las mañanas algunas mujeres elegían un chaquetón de cloky blanco con bordados azules y cuello tipo bebé azul, con falda a media pierna del mismo color. Cuando los cuellos comenzaron a desaparecer, se impusieron los escotes al ras (ras du cou) y se hicieron de rigor los pañuelos de seda estampados llevados dentro o fuera de los vestidos y sacos.
La moda del saco sobre los hombros, característica de los años 30, es un pretexto para mostrar las blusas que se llevaban de todas las formas, dentro de las faldas o como faldoncito formando casaca. Podían ser de taffetas rayadas, mangas cortas o largas, siempre pegadas y adornadas con grandes moños; se hacían en crêpe marocain blanco, crêpe mongol combinado en dos colores, lanillas rayadas o algodón estampado en rombos y cuadros. Algunas veces las blusas formaban conjunto con los accesorios. El 23 de octubre de 1934 Para Ti publicita su “oferta del mes” en $46: un conjunto de blusa, cinturón, sombrero y cartera, todo hecho en vaporosa tela cuadrillé y adornos de cuero de charol legítimo.
