En esta época aparecen o se perfeccionan muchas nuevas formas, tales como la silla duchesse, la bergère y la chaise longue. También hacen su aparición una serie de nuevos diseños de mesas, entre los que figura la mesa de toilette y la de té. Las maderas más utilizadas eran las de árboles frutales (especialmente de peral) y el ébano. Y los colores de moda, los tonos apagados: verdes y azules suaves, dorados, rosas y beige. Entre las personalidades que influyeron en el gusto del período se encuentran Cressent, Oeben, la familia Boulle y la familia Martin.
Desde 1715 a 1774, el trono de Francia estuvo ocupado por Luis XV, quien sucedió, a la edad de cinco años, a su bisabuelo Luis XIV. A los quince, se casó con María Leszczynska, una princesa polaca, a la que no tardó en sustituir por una serie de favoritas entre las que figuraron Madame de Châteauroux, Madame de Pompadour y Madame du Barry. De las tres, Madame de Pompadour fue la que mayor influencia ejerció en el terreno del arte. Fue favorita real durante un período de veinte años, en el cual protegió a muchos artistas e inició varias tendencias decorativas. En el exterior, Luis XV se vio envuelto en una serie de agotadoras guerras: la Guerra de Sucesión polaca, la Guerra de Sucesión austríaca y la Guerra de los Siete Años. En el interior, muchos eruditos, entre los que se contaban Voltaire, Montesquieu, Diderot y Juan Jacobo Rousseau, mantuvieron al país en un estado de fermentación intelectual. La clase media comenzó a hacerse oír pidiendo reformas, que el rey ignoró de la misma manera que lo había hecho su bisabuelo. A Luis XV se dice que pertenece la célebre frase: “Après moi, le déluge”. En decoración, las influencias renacentista y barroca, que habían florecido durante los reinados de Luis XIII y Luis XIV, dieron paso al estilo rococó, más imaginativo y basado en los diseños de rocas y conchas.
Una fuerte reacción se había producido contra la forzada simetría, o el equilibrio, del anterior período decorativo. A propósito de este obligado equilibrio, existe una anécdota, probablemente apócrifa, que describe una conversación entre Luis XIV y su favorita Madame de Maintenon. Una tarde en la que el rey leía en un aposento del palacio de Versalles, mientras la favorita estornudaba, tosía y se limpiaba la nariz. A Luis le resultaba imposible leer, por lo que sugirió a Madame de Maintenon que se quitara de la corriente. “Pero ¿cómo me voy a quitar de la corriente en este palacio —contestó ella—, si es tan simétrico que cada ventana tiene otra enfrente y a cada puerta le ocurre lo mismo?”. Sin embargo, la nueva tendencia no se desentendió enteramente del equilibrio. En los diseños de muebles se tendió a crear un efecto de simetría equilibrando una cosa con otra distinta. La nueva simetría equilibraba un ramo de flores con una guirnalda de frutas o un conjunto de lazos y corazones.
Muchos nuevos tipos de sillas hicieron su aparición o se perfeccionaron en este reinado: las chaises longues, las sillas duchesse (compuestas de un sillón y un taburete haciendo juego que podían unirse para formar una tumbona) y las bergères (sillones tapizados con los brazos formando una sola pieza con el asiento). Las mesas de toilette y las de té también se pusieron de moda. Los muebles de la corte se hacían en maderas de árboles frutales o en ébano. Las patas, los frentes en forma de delantal y las tallas delicadas fueron detalles característicos. La marquetería, las incrustaciones y el bronce dorado gozaron de gran popularidad. Los brocados y los damascos eran muy usados en las tapicerías. (En las provincias, los muebles eran en su mayoría de roble, castaño y nogal por ser maderas de más fácil obtención. Los asientos solían ser de madera o de anea).
Madame de Pompadour, juntamente con su hermano, el marqués de Marigny, Director de Obras Públicas, fue la gran propulsora del interés por la arquitectura y la decoración que caracterizó a este período. Como favorita real por espacio de veinte años, dejó su huella en casi todos los asuntos, tanto artísticos como [fragmento deteriorado en el original]. Sentía un vivo interés por la decoración, siendo esta la razón de que aparecieran motivos chinescos en muchos armarios y mesas de esta época. En este período se realizaron también muchos muebles laqueados, aunque nunca de tanta calidad como los procedentes de China. Un nombre famoso en este terreno es el de Vernis Martin (Martín el barnizador). El nombre lo acreditó una familia que comenzó a fabricar muebles laqueados en la última parte del reinado de Luis XIV. También hubo una gran cantidad de muebles con incrustaciones creados por otra familia famosa, de nombre Boulle. El padre, Carlos Andrés Boulle, había sido ebanista real de Luis XIV.
A los diseños chinescos hay que unir otras fantasías decorativas. Una de las más curiosas es la singerie (del francés singe, mono). El gibón, descubierto por los marineros portugueses en la India, había contribuido a aliviar el tedio de los grandes viajes. Su empleo en la decoración durante el reinado de Luis XV, cuya corte tenía en sí algo de singerie, resultó muy apropiado.
Otro tema decorativo tuvo como base una mezcla de corazones y de flores, cupidos y palomas, ninfas y sátiros, cintas y cartelas, pastores y pastoras. Los colores favoritos del estilo Luis XV fueron los tonos agrisados, frente a los vibrantes colores preferidos por Luis XIV. Los verdes, los azules y los amarillos suaves, los rojos rosados, los azules fríos, el marfil y el beige fueron los colores de moda. Los paneles fueron populares, pero menos adornados que antes. Entre los principales mueblistas del período se encuentran Cressent, Oeben, Gilles, Marie Oppenord, la familia Boulle y la familia Martin. Y entre los pintores destacan Watteau, Fragonard, Chardin, Vanloo, Boucher y Nattier.
