Un arte milenario

Millones de nudos, uno al lado del otro, dispuestos con exactitud milimétrica. Colores que devienen de un teñido cuya materia prima es invariablemente natural. Y, por detrás, manos sabias en una de las tradiciones artísticas —porque el trabajo bien vale esa denominación— más antiguas del mundo. Esos elementos definen a las apreciadas alfombras orientales, esas que en los cuentos eran mágicas y volaban… Es que, con solo verlas, la mente emprende un viaje a las lejanías que las vieron nacer.

Ese lujoso objeto textil —que siempre se consideró suntuoso y sirvió para delimitar jerarquías— acompaña al hombre desde los primeros tiempos. Así lo demostró el hallazgo del arqueólogo ruso S. J. Rudenko, quien, en 1949, mientras realizaba una excavación en el valle de las sierras Altái, en Siberia, encontró una alfombra congelada en un glaciar. Se la denomina Pazyrik y su trama dibuja una procesión de seres humanos y animales; hoy se la exhibe en el Museo Hermitage de San Petersburgo, Rusia. Los especialistas aseguran que fue elaborada en el siglo V a. C., según técnicas que ya habrían sufrido procesos de perfeccionamiento.

En la Argentina existen apasionados especialistas en alfombras que acercan aquel viejo quehacer a estas tierras. “En cada una de las piezas, mediante el arte textil, el artesano describe lo que vive, las impregna de significados. Así como un pintor ve el mundo a través de su cuadro, lo mismo le sucede a un hacedor de alfombras”, afirma Alex Kalpakian, responsable de la firma Aubusson Alfombras.

Con huellas

“La alfombra nació como una respuesta funcional: aislar del piso. Después fue adquiriendo una caracterización simbólica: jerarquizar el espacio en el que se la dispone. En Oriente, en las culturas nómades, este objeto tiene una razón más clara. Cuando las tribus comienzan a plasmar su identidad a través de distintos símbolos, los van transportando en las piezas textiles. Fue la insistencia repetitiva de esos atributos en las alfombras lo que permitió que cada pieza haya sido identificada”, explica Renato De Benedictis, especialista en alfombras y antigüedades.

En cuanto a la técnica, las tradiciones milenarias continúan vigentes, y no existe máquina capaz de reemplazarlas. “Se transmite de generación en generación. Además, es el sustento para los grupos familiares. Por ejemplo, en China, más de 20 millones de personas viven de este oficio”, aclara Kalpakian.

Para De Benedictis, “hay una diferencia entre las piezas creadas en la ciudad y las que hacían los pueblos nómades. Estos últimos armaban sus carpas y clavaban los telares en la tierra. Luego, al trasladarse, los levantaban y repetían la operación. Así, las alfombras tienen un mayor movimiento y una menor densidad de nudos por metro cuadrado. En cambio, poseen una gran fuerza que viene de la espontaneidad”.

Ambos expertos coinciden en que, antes que nada, tanto las alfombras como los tapices eran creados para ser utilizados —en pisos, paredes, altares, mesas y otros sitios— y que esta condición marca el alma del objeto, ya que lo carga de un valor tanto simbólico como material. La pieza condensa el trabajo creativo de cada uno de los artesanos. “Era un bien de altísimo intercambio, incluso se lo obsequiaba. Hasta las dotes, muchas veces, eran en su mayoría textiles. Existen ejemplos de piezas que tienen inscriptos buenos augurios para el homenajeado”, cuenta De Benedictis.

De aquí y de allá

Al analizar los diseños de las alfombras, Kalpakian señala una gran división: las de trazos geométricos, o caucásicas, y las curvilíneas. Las primeras toman el nombre de su región de origen, el Cáucaso, donde nace la técnica de tejido. Sus dibujos son, en la mayoría de los casos, simétricos y rígidos en las líneas.

El segundo grupo vio la luz en Persia, una de las zonas de mayor prestigio en lo que se refiere a este oficio. “Su desarrollo se da en paralelo a las anteriores, pero para la confección de estas últimas se requiere una herramienta más: el cartón milimetrado, que lo traza un especialista a escala real. Es el esbozo exacto de lo que será la alfombra, en el que incluso se indican los colores que llevará cada área”, cuenta el especialista.

En mayor o menor complejidad, cada una de estas creaciones está colmada de significados, desde la elección de los colores hasta la disposición de los elementos en la superficie. Así, por ejemplo, las alfombras de índole religiosa, aquellas sobre las que los musulmanes se arrodillan a rezar, rompen la simetría tradicional y señalan claramente el camino a La Meca. Las religiosas, en general, despliegan escenas de campos sembrados —simbolizados mediante espigas de trigo— o árboles que se elevan hacia el cielo, en representación del paraíso y la ascensión. En la base, también pueden aparecer figuras de animales. Las demás son simétricas, para dar cuenta del equilibrio de la vida.

Uno de los rasgos que asombra a los peritos en la actualidad es cómo todavía hoy las alfombras conservan intactos sus tonos. “El teñido era el gran secreto, porque protegían la lana y lograban colores perdurables”, observa Kalpakian. Para eso, los artesanos siempre se valieron de sustancias naturales, ya sea del mundo vegetal o animal. “Hay colores extremadamente caros. Por ejemplo, existe un tipo de amarillo que deriva del azafrán y es sumamente suntuoso”, completa De Benedictis.

Los materiales también marcan, en alguna medida, cuál es el destino de la pieza. Básicamente están tejidas en lana, pero también hay de algodón, seda y hasta hilos de oro y plata. En alfombras creadas para reyes, por ejemplo, la presencia de los hilos de metales es muy notoria. Sin embargo, muchos artesanos también incluyen detalles de esas hebras en piezas realizadas para ellos mismos. Pero, más allá del destinatario, los materiales eran siempre naturales.

Todos estos detalles cautivaron a los occidentales y, apenas iniciado el intercambio entre Oriente y Occidente, las alfombras comenzaron a viajar hacia Europa acompañadas de las más diversas especias. Este comercio creció en casi todas las zonas donde esta labor es tradición: Irán, Turquía e India, entre otros países.