La unificación mundial de la moda

La integración, o si en cambio cada país tratará de integrarse con su propia identidad, historia y comportamientos culturales. En la actualidad, el sistema de la moda no sólo funciona cada vez más rápido (aceleración) y aumenta continuamente de tamaño (democratización) sino que es cada vez más sincronizado (integración).

A pesar del trasfondo económico que digita y encauza este proceso, hay leyes sociales de la moda que resulta imposible ignorar. Estas leyes sociales se configuran, organizan y adecuan alrededor de dos elementos que, como ya vimos, constituyen la esencia de la moda: el tiempo y el cambio. Los grupos que determinan tendencias y organizan el manejo de las materias primas, conciliando los diferentes intereses, son los que no pueden dejar de considerar los tiempos y las necesidades sociales con vistas a la no saturación de los consumidores.

Uno de los más serios problemas que atentan contra la aceleración cada vez más creciente es el choque con los necesarios y previsibles ciclos de la moda, que se dan aproximadamente cada 20años. También se debe tener en cuenta las diferencias existentes entre aquellos cambios de vestimenta que modifican de manera profunda los hábitos y las costumbres y los habituales recambios de carácter estacional.

Si bien la economía tiene un gran peso en la determinación de las tendencias y esto se demostró cuando aparecieron los ciclos anuales de recambio a través de “temporadas” como primavera-verano, otoño-invierno, que se produjeron al acabar el proceso de revolución industrial (alrededor de 1860), no hay que olvidar que es un recambio artificial. Simples reemplazos que sustituyen a lo anterior, pero sin alterar absolutamente nada esencial. Por ejemplo: después de temporadas con colores fuertes se imponen los colores pastel; la misma variación cíclica anual pasa con el tamaño de los puños y cuellos de las camisas, los diseños y estampados de los géneros, el ancho y volumen de las faldas y la estructura de los vestidos.

Lo elegido queda indicado como “de moda”, lo no elegido pasa a integrar un archivo etiquetado como “pasado de moda”. Cada año en el cíclico recambio se buscan y se recombinan diferentes elementos ya existentes para lanzar nuevas tendencias. El verdadero cambio, aquel que altera profundamente porque puede llegar a modificar costumbres y hábitos, va a ser siempre patrimonio de los creadores de la moda. Estos creadores provocan con sus producciones estéticas verdaderas renovaciones que, a diferencia del automático recambio, ayudan a modificar costumbres y hábitos que se difunden lentamente en todas las capas sociales. Es ahí cuando la moda adquiere estatura y demuestra su absoluta sensibilidad para captar lo que pasa y elaborar lo que todo el mundo está necesitando.

A lo largo de todo el período que abarca desde 1950 en adelante, se produjeron verdaderos cambios de vestimenta que modificaron de manera profunda los hábitos y las costumbres y que sirvieron de base a la democratización impulsando indirectamente la aceleración de la moda: el uso masivo del jean, la minifalda, la ropa deportiva. En 1847 el inmigrante bávaro Levy Strauss tuvo la idea de utilizar la lona que vendía para los toldos de las carretas en la confección de pantalones para mineros y buscadores de oro californianos. Esta lona que se conocía con el nombre de “denim” porque provenía de la ciudad francesa de Nimes donde se la elaboraba desde la Edad Media, había servido a los marineros genoveses para confeccionar sus pantalones. De la deformación de la palabra inglesa genowese (genovés)proviene la palabra jean. Inspirado entonces en los pantalones genoveses, Levy Strauss confeccionó un pantalón resistente, de talle alto, pierna estrecha, botamanga diseñada para usar dentro de la bota, costura doble y remaches que reforzaban los lugares estratégicos. Nació así Levy Strauss & Co. (la marca de ropa más antigua del mundo) que comercializó en California los primeros jeans, con su original “501”; en 1873 fue patentada la doble costura y en 1886 el parche de cuero en la parte trasera del pantalón.

A partir de entonces el jean fue usado ininterrumpidamente por los vaqueros americanos y después de la Segunda Guerra Mundial se convirtió no sólo en un símbolo masivo de la individualidad sino también en un verdadero desafío a la sociedad de consumo. Su invariable presencia burla el clásico recambio que alimenta la economía y encierra algunos aspectos racionales que lo hacen único entre todas las prendas de vestir. Como auténtico símbolo engloba realidades que no se perciben a primera vista. Es en este especial pantalón donde los hombres encuentran la utópica igualdad entre los seres de diferente condición, ya que puede usarse en verano y en invierno, desteñido y deshilachado, acompañando tanto una blusa de seda natural como una camisa de grueso género para el trabajo diario.