
Tras dejar Saint Martin’s, Williamson comenzó a trabajar para Monsoon, la cadena de tiendas de inspiración étnica, donde permaneció dos años como diseñador freelances, principalmente dedicado a la colección de accesorios. “Después de Saint Martin’s, (Monsoon) representó una liberación increíble. Me dedicaba a mi profesión mientras acumulaba experiencia…Parte de mi trabajo consistía en viajar a la India como mínimo un par de veces al año, que habitualmente se convertían en tres o cuatro. Aprendí muchísimo, primero, a través de mi trabajo para una compañía mayorista (porque, aunque se trate de una cadena de gran distribución, los mismos principios empresariales se aplican a otros modelos de negocio) y, segundo, gracias a los viajes. Los viajes a la India eran una fuente de inspiración, pero también me proporcionaron los primeros contactos con proveedores. Antes de eso, no tenía ni idea de cómo conseguir un tejido.”
Tras dos años trabajando en Monsoon, Williamson se asoció con dos proveedores de la India y comenzó a trabajar en su propia marca. “Al principio, sólo hacía fulares, porque todavía no me atrevía a hacer prendas, pero quería conseguir algo de publicidad, así que abrí una copia de la edición británica del Vogue y escaneé la página editorial. Pensé que ir directamente por la editora podría parecer demasiado ambicioso, así que escogí a una redactora llamada Plum Sykes, porque me gustaba su nombre.” Williamson se ríe de su propia ingenuidad, que resultó ser su principal activo al principio de su carrera. “Le envié una carta con un fular, lo que la impresionó, y me invitó a visitarla en las oficinas de Vogue. Así que cogí una caja entera de fulares y de muestras de tejido, y unos cuantos abalorios y, de repente, tenía a veinte mujeres chillando a mi alrededor y diciéndome que todo aquello les encantaba y que tenía que hacerles unos cuantos vestidos. Ése fue mi primer pedido. Me fui a casa en estado de shock y le comenté a Joseph que tenía que hacer algunas prendas; desde ese momento, Joseph se involucró en el negocio de manera natural.”
Vogue le dijo a Williamson que, si podía confeccionar algunas prendas y vendérselas a alguna boutique, le dedicarían un artículo a página completa. Velosa recuerda: “Matthew llegó a casa diciendo algo así como: ‘¿Ya tengo lo que quería, y ahora qué hago?’. Así que nos sentamos y calculamos cuánto dinero costaría producir las prendas y cuál debería ser su precio si queríamos que el proceso mereciese la pena… Antes de darnos cuenta, ya habíamos creado esta empresa casera”. Siguiendo el consejo de Vogue, la pareja se dirigió a una tienda de Knightsbridge llamada À La Mode donde, a pesar de que Williamson sólo había confeccionado dos vestidos, la compradora le hizo in situ un pedido de varias decenas de piezas Williamson explica: “Estaba abrumado, pero Joseph calculó que, si podíamos entrar con nuestras prendas en À La Mode, podríamos entrar en Brown’s (el templo del estilo, situado en la londinense South Molton Street). Así que fuimos a Brown’s y conseguimos otro pedido de entre cincuenta y cien piezas, lo que nos hizo sentirnos muy emocionados con nosotros mismos y comenzar a pensar en vender en tiendas como Barney’s en Nueva York y Colette en París”. Completamente entusiasmados, Velosa y Williamson se fueron a la India y comenzaron el proceso de producción.
Velosa comenta que esta anécdota es ilustrativa del insaciable apetito por la novedad en el mundo de la moda: “Esto demuestra lo poco que se necesita para infiltrarse en el mercado. Al estar basada en el cambio, la moda siente una atracción inevitable por cualquier novedad. Evidentemente, Plum (Sykes)vio algo en el trabajo de Matthew que le resultó atractivo, pero no creo que exista ningún otro sector que esté tan dispuesto a aceptar este tipo de enfoque como la moda. Por supuesto, a medida que va avanzando, uno se da cuenta de que, a pesar de que existe una cierta tolerancia hacia los nuevos talentos, en realidad la moda es un sector muy conservador, con parámetros definidos de manera casi científica”. En este sentido, el repentino éxito de Williamson tiene una explicación perfectamente lógica, que Velosa define así: “Se denomina ‘compra de confeti’ o ‘prensa de confcti’ y, tanto su eres comprador de Barncy’s como editor de una revista de moda, se aplica el mismo principio: el 80 %o del espacio dc la tienda o cl 80% del espacio editorial se dedica a las grandes marcas y a los principales anunciantes. El 20 % restante es lo que se denomina el ‘confcti’, los nuevos artículos innovadores que se esparcen aquí y allá para hacer que la tienda o la revista parezcan frescas e interesantes”.
Los problemas empiezan cuando uno quiere mantenerse en el candelero durante algún tiempo. Velosa opina que la escena de la moda británica, en particular, es extremadamente veleidosa, y que la última novedad puede convertirse, de un día para otro, en agua pasada. “Más tarde o más temprano te das cuenta de que, como ocurre en cualquier otro sector, la moda está controlada por el dinero. Si tienes dinero, tienes poder editorial, y esto te permite controlar tu presencia en los medios, lo que repercute en la manera en que eres percibido por el consumidor, y esto, a su vez, mantiene vivo el interés de los compradores por tu marca.”
