Los diseños Biedermeier (1815-1848)

El estilo Biedermeier, cuyo nombre se deriva de una serie de caricaturas aparecidas en un periódico alemán, simboliza el ambiente de intimidad de la Alemania del Sur, en donde tuvo su origen. Sus motivos favoritos son las flores, los abanicos, las liras, los medallones y las hojas de acanto; y las maderas preferidas, el fresno, el cerezo y el nogal nudoso. Las cretonas alegres y los reps fueron los materiales más usados en las tapicerías. Las cortinas de organdí blanco con volantes rizados constituyen un típico detalle Biedermeier. El mobiliario Biedermeier lleva el nombre de “papá Biedermeier”, un jovial y honrado caballero que jamás existió. El estilo Biedermeier nació en los primeros años del siglo XIX de unas historietas ilustradas aparecidas en una revista titulada Fliegende Blätter (“Las hojas voladoras”). Papá Biedermeier, creación de un caricaturista alemán llamado Ludwig Eichrodt, quien también escribió versos cómicos, era un burgués acomodado que tenía una buena opinión de sí mismo y una rígida visión de las demás cosas sobre las cuales no estaba tan bien informado. Del mismo modo que el Tío Sam está considerado como el prototipo de las virtudes americanas y John Bull como el microcosmos del carácter británico, “papá Biedermeier” fue también el prototipo de miles de alemanes del sur y de austríacos. Sin especiales pretensiones de hombre culto, este bien portado caballero simbolizaba la intimidad que ha hecho famoso a este pueblo. El creador de Biedermeier, que se burlaba de su propia criatura y de la época en que vivió, debió sorprenderse tanto como cualquiera al descubrir que su personaje favorito había servido para crear un tipo popular de decoración.

El llamado estilo Biedermeier fue una interpretación ingenua de los diseños Directorio e Imperio con una dosis bastante elevada de decoración campesina alemana. Totalmente carente de afectación, resultaba, por tanto, más gracioso y atractivo que el pesado estilo Imperio al que copiaba. Los muebles Biedermeier eran mucho más adecuados a la forma de vida alemana que las rígidas piezas napoleónicas. Es posible que contribuyera a despertar en los austríacos un interés por los estilos del Imperio francés el hecho de que Napoleón se hubiera casado con la princesa María Luisa, hija del emperador de Austria, y de que su hijo, el enfermizo duque de Reichstadt, viviese durante algún tiempo en el palacio de Schönbrunn, pero, en realidad, parece más verosímil que la causa del éxito del nuevo estilo la constituyera el estado de pobreza de los países de la Europa central y su deseo de que los muebles fueran sencillos y poco costosos. Su bajo precio y su aspecto altamente utilitario determinaron el éxito inmediato del mobiliario Biedermeier entre las familias de la clase media del sur de Alemania, Austria e incluso Inglaterra. El mueble de este estilo resultaba sencillo sin ser severo, cómodo sin ser opresivo y barato. Aunque el período comprendido entre 1815 y 1848 se considera generalmente como la época Biedermeier, los mejores diseños de este estilo se crearon entre los años 1820 y 1830. Una de sus más claras características es el predominio de las curvas. Esto tal vez pueda explicarlo el hecho de que el movimiento “rococó” (la moda de los motivos de rocas y conchas) llegara más tarde [fragmento incompleto en el original: “y las mesas”].

Las paredes de una habitación típicamente Biedermeier tenían que estar empapeladas con papel de colores lisos o de dibujo pequeño y repetido. Los dibujos más grandes se usaban en los bordes, frisos y festones. En las ventanas, cortinas de muselina o gasa blanca con un volante rizado. El suelo, totalmente alfombrado, y en las tapicerías, telas alegres de algodón, reps y mohair en negro o en color, sobre todo en su primera fase.

Ninguna habitación estilo Biedermeier puede considerarse completa si le faltan dos piezas esenciales: el sofá y el secreter. El sofá era invariablemente cómodo, sirviendo así al gusto por el confort de todos los alemanes. (En este aspecto Biedermeier se aparta radicalmente de los modelos de sofá Imperio, que eran todos terriblemente incómodos). En una época en la que todo el mundo escribía sus memorias, el secreter Biedermeier era la pieza de mayor importancia. Podía estar hecho de nogal nudoso, de fresno o de cerezo, con columnas o pilastras negras como adorno. Las sillas adoptaron una variedad de formas, siendo la más popular la que tenía el asiento en forma de lira, de abanico, de medallón o de hoja de acanto (o de otro tipo de follaje). Las patas eran rectas o ligeramente curvadas y en forma de huso. El mohair era un material de tapicería muy popular para las sillas. Se remataba de un modo muy eficaz con filas de tachuelas de vidrio blanco.

Las piezas de madera grandes, tales como roperos, cómodas, alacenas, librerías y secreteres, tenían un diseño sencillo y solían ser de forma rectilínea. Se construían en maderas ligeras y baratas, como, por ejemplo, el arce, el olmo, el nogal y el abedul, y en particular con maderas de árboles frutales: manzano, cerezo y peral. Con la elección de maderas ligeras se conseguían dos cosas: bajar el precio de la pieza y evitar la pesadez de los diseños estilo Imperio. La caoba, como es natural, resultaba demasiado costosa para su empleo en muchas piezas de este estilo, y al ébano, que era una madera importada y, por consiguiente, cara, lo sustituía frecuentemente la pintura negra. Poca talla aparece en las primeras piezas estilo Biedermeier. Y cuando era preciso hacer empleo de la marquetería o la incrustación, se hacía sin ostentación alguna. Las molduras eran sencillas y clásicas. Se empleaban adornos de latón prensado.