
Ninguna figura egipcia lleva calzado ni suelas, a menos que quieran verse en la estatua antes citada a que se refiere Pococke, bajo cuyos tobillos muestra una anilla angulosa de la cual parte una especie de correa que se introduce entre los dos primeros dedos del pie como para fijar una suela que, sin embargo, no se ve. Esto es cuanto he podido observar sobre el estilo más antiguo de los egipcios. El segundo apartado de la sección segunda de este capítulo, que trata del estilo posterior de los artistas de este pueblo, tiene como objeto de estudio, como en el apartado precedente, en primer lugar, el dibujo del desnudo y, en segundo lugar, la vestimenta te a postura y vestimenta, en una figura de la misma piedra de la Villa Albani.(Esta no tiene su antigua cabeza, ni sus antiguos brazos y piernas.)El rostro de una de las primeras tiene una forma semejante a la griega, salvo en la boca, de trazo ascendente y mentón demasiado corto, dos características de las cabezas egipcias más antiguas. Los ojos, que están vacíos, estaban antaño llenos de otra materia. El rostro de la otra figura se aproxima aún más al estilo griego, pero el todo de la figura está mal diseñado y la proporción está demasiado acortada. Las manos son más delicadas que las de las figuras egipcias más antiguas, pero los pies están formados como los de éstas, sólo que dispuestos algo más hacia afuera. La posición y actitud de la primera y la tercera figuras son como en las más antiguas: los brazos penden verticales y están casi adheridos al cuerpo, con excepción de una abertura perforada en la primera, y por detrás se apoyan, como las figuras antiguas, en una columna rectangular. La segunda tiene los brazos más libres, y con una mano sostiene un cuerno de la abundancia con frutos; ésta tiene la espalda libre, sin columna.
Puede que estas figuras sean obra de maestros egipcios, pero se hicieron bajo el gobierno de los griegos, que introdujeron en Egipto sus dioses y, por tanto, también su arte, al tiempo que ellos adoptan usos egipcios. Pues como en tiempos de Platón, esto es, cuando estaban dominados por los persas, los egipcios hacían estatuas, como atestigua la noticia citada más arriba, los artistas siguieron cultivando bajo los Ptolomeo el arte de sus maestros, cosa que la observación ininterrumpida de sus ritos religiosos hace muy probable. Las figuras de este último estilo se diferencian también en que no tienen jeroglíficos, mientras que éstos se encuentran en la mayoría de las figuras egipcias más antiguas, sea en su basa o en la columna en que se apoyan. Pero el estilo lo constituyen aquí sólo sus peculiaridades, no los jeroglíficos, pues, aunque éstos no se encuentran en las imitaciones de obras egipcias, de las cuales hablaremos en el próximo tercer apartado, existen en cambio auténticas figuras egipcias antiguas sin el menor rastro de estos signos, entre ellas dos obeliscos que se hallan ante la basílica de San Pedro y en Santa Maria Maggiore respectivamente. YY Plinio observa esto en otros dos obeliscos. En los leones de las escalinatas del Campidoglio y en otros dos de granito que se encuentran entre las Antigüedades Reales de Dresde no hay jeroglíficos. Y tampoco los hay en dos figuras de la Galería Barberini, una de las cuales tiene cabeza de gavilán y a la que ya nos hemos referido más arriba. Esta ausencia también se observa en una pequeña figura egipcia de estilo antiguo de la Villa Altieri.
En cuanto a la vestimenta, en las tres estatuas femeninas citadas más arriba se observan dos prendas interiores, una túnica y un manto. Esto no contradice a Heródoto cuando dice que las mujeres llevan un solo vestido, pues probablemente se refería a la túnica o a la prenda exterior colocada encima de ésta. Una de las prendas interiores en estas dos estatuas del Campidoglio tiene pequeños pliegues y llega hasta los dedos de los pies, colgando a los lados de la basa. Esto no puede apreciarse en la tercera estatua, la de la Villa Albani, dado que le faltan las piernas antiguas. Esta prenda interior, que según todos los indicios parece que era de lino, seguramente se sujetaba en las caderas. La otra prenda interior, que parece ser de finísimo lino, era una especie de camisa que cubría el pecho femenino hasta el cuello y tenía mangas cortas que llegaban hasta la mitad del brazo. Estas mangas, señaladas por un borde en relieve y resalto, son el único indicio de prenda interior en las dos primeras estatuas. Los senos parecen estar completamente desnudos: tan fino y transparente aparenta ser el tejido. Pero los senos de la tercera estatua se observan más claramente a través de unos pliegues delicadisimos y casi imperceptibles que, como ya apuntamos más arriba, se extienden suavemente desde los pezones en todas las direcciones.
