
Se trata de dos elementos fundamentales en las fases de investigación y diseño. Ambos son ingredientes clave sin los cuales la moda no existiría. Usarlos de forma imaginativa y con sentido común en relación con la silueta permite crear looks totales y potentes. Por el contrario, si no se manejan bien, igual que cuando se diseña con malas proporciones, el resultado será defectuoso y no funcionará. El color forma parte integral de nuestra vida; todo lo que vemos y con lo que interactuamos tiene color. No sólo nos proporciona una visión objetiva del entorno, sino que además nos afecta emocionalmente. Según algunos estudios psicológicos que han analizado sus efectos, el azul y el verde disminuyen la presión sanguínea y tranquilizan, mientras que el rojo acelera el ritmo cardíaco y da vigor. Algunos colores tienen connotaciones que han evolucionado según distintas convenciones sociales y culturales. El rosa, por ejemplo, se asocia a la dulzura; el gris, al negocio y el mundo empresarial; el beis, a la seguridad y la neutralidad. Durante el proceso de documentación se busca una inspiración inicial de cara a elegir la paleta de colores; los predominantes marcarán el espíritu de la colección. La paleta final surgirá de las pruebas y combinaciones tonales con distintos contrastes e intensidades, realizadas a partir de un primer bloque cromático.
Sea cual sea el método utilizado, es crucial distinguir el color de forma proporcional.
Dos fuentes de inspiración cromática importantes son las agencias de tendencias y las ferias textiles. Ambas editan publicaciones dedicadas al color y organizan seminarios y presentaciones para informar a la industria sobre las últimas tendencias e innovaciones tecnológicas, como los tintes ecológicos. Hay diseñadores que se asocian mentalmente a ciertos colores o paletas; Valentino, por ejemplo, es famoso por el uso del rojo, mientras que Ann Demeulemeester es conocida por su manejo del negro y las gamas oscuras. Un diseñador puede inclinarse por un tono determinado o utilizarlo para provocar una respuesta emocional concreta por parte del consumidor.
Asimismo, es fundamental estar familiarizado con los tejidos y saber cómo aplicar las distintas cualidades de las telas a los diseños. Los tejidos tienen sus propias características estéticas, que pueden resultar inspiradoras por su aspecto, su textura o su comportamiento (tacto, caída, etc.). De hecho algunos diseñadores empiezan la investigación por los tejidos y los consideran lo más importante a la hora de definir el tema o el espíritu de la colección. Otros recopilan información, la analizan sin saber adónde les llevará y, sobre la marcha, la trasladan a los tejidos y los colores. El surtido de tejidos disponible es inmenso. Los hay con distintos acabados, pesos, texturas y propiedades específicas, pensadas para determinadas prendas, segmentos de mercado y temporadas. El tejido debe adecuarse al propósito de la prenda. El GoreTex, por ejemplo, está especialmente diseñado para repeler el agua y mantener el cuerpo fresco y seco gracias a la tecnología de aislamiento con el que se confeccionan prendas y calzado. Por tanto, resulta ideal para la ropa deportiva y de abrigo.
Por regla general, los tejidos más pesados tienden a utilizarse para la confección de prendas de otoño/invierno, y los ligeros, para las de primavera/verano. La lana, por ejemplo, se emplea tradicionalmente en tejidos de otoño/invierno, si bien hay variedades de lana ligera o mezclada con otras materias primas, desarrolladas específicamente para colecciones de primavera/verano. La tela vaquera (o denim), el algodón, el satén (o raso) y los géneros de punto se usan todo el año; algunas fábricas especializadas ofrecen variaciones según la temporada con una apariencia distinta y moderna. Los diseñadores deben saber más o menos cómo se comportará cada tejido. El cuerpo, la textura, la trama y la densidad pueden determinar no sólo la caída de la prenda, sino lo que aún es más importante cómo se adaptará a la silueta. No todos los tejidos son válidos para una misma silueta, ni se pueden forzar; es posible que las características de uno y otro sean incompatibles. El chiffon, por ejemplo, es un tejido muy femenino, suave, vaporoso, ligero y transparente que no serviría para confeccionar un abrigo casual (lo ideal sería la lana, o un algodón revestido de teflón). Los diseñadores tienen libertad creativa para combinar tejidos y colores en prendas y colecciones. Y no todo el mundo tiene dotes naturales para seleccionarlos, pero con la práctica, la experiencia y el análisis autocrítico se llega a saber qué funciona y qué no. Es importante estar al día, por lo que conviene ir a ferias textiles y presentaciones para formarse un criterio y construir una buena base de conocimientos.
