La moda de los vestidos

La definición de vestido, según la entienden las muchas mujeres elegantes de la época y la transcribe Alfonso Karr es: “Cuanto más descubierta va una mujer, mejor vestida está”. Los grandes ojos delineados no aparecerían solamente en las importantes fiestas y en los carruajes, también se los veía en la larga fila de palcos del hipódromo. Leemos en La Bolsa: “Se verá la variedad con que el cosmopolitismo avasallador ha descompuesto a la mujer argentina, quitándole ese sello audaz y picante que conservaba como preciosa herencia de la sangre española. Las rubias abundan como las morenas. Era raro no ver un par de ojos negros que no estuvieran artificialmente agrandados por el pincel ni mejillas que no desaparecieran bajo una capa de polvos o albayalde”.

En los primeros años del nuevo siglo un viajero alemán llegado a Buenos Aires, el general A. Arent, hace un comentario, donde habla de las mujeres argentinas: “Algo típico que atrae poderosamente la atención es que las damas casi sin excepción se pintan de manera muy llamativa, lo que produce una impresión desconcertante y equívoca. Se atribuye esa costumbre a la herencia de abuelas andaluzas entroncadas con la cultura de los árabes”. ¿Podremos adjudicar la misma herencia como la causante de las grandes exageraciones que significaron para la moda argentina los enormes peinetones, las largas colas de los vestidos y el color punzó que todo lo tiñó con su dramatismo durante la época de Rosas? Es muy probable.

Dos años después del Centenario, en 1912, nació el “rubor” para dar color a las mejillas, que complementaba muy bien con el favorito color rojizo en los peinados, responsable de la manía de teñir los rulos con henné (alheña). Esta moda de colores rojizos en los peinados venía por supuesto de París, aunque había tardado 25 años en imponerse en Buenos Aires. En el N° 54 del Correo del Domingo del año 1885, una crónica titulada “La moda de los cabellos rojos en París” dice: “Se pretende que las cabelleras rubias estén a la moda porque los cabellos de la señora condesa de Pirrefons son de color veneciano, y se dice que el peluquero a la moda ha tomado esta iniciativa”.16 Como vemos, todavía durante esa época y hasta fines de la década del 30, la clase alta y en especial la nobleza imponía las modas. Podemos decir que durante los años que van desde el Centenario hasta principios de la década del 20, se agregaron los lápices de labios a los cosméticos que en tonos naturales permitían “formar un cutis apócrifo” como polvo de arroz, vcloutina y colorcte.

Dijimos que la Primera Guerra Mundial no fue inspiradora de ninguna moda en especial, pero sí hay muy claramente un antes y un después en las audacias de los vestidos de tarde y en los cosméLicos. Desde entonces el maquillaje discreto fue reemplazado por un maquillaje que incluía gran cantidad de nuevos cosméticos. Las mujeres tanto jóvenes como mayores se masajeaban suavemente la cara con cera mercolizada -publicitada ampliamente por Lina Cavalieri, “una de las más famosas bellezas contemporáneas”-, como dice Charlotte Rouvier, la cronista del N° 1433 de Caras y Carc-las: “iTanto deben usar la crema mercolizada las mujeres rubias de cutis pálido que se echa a perder bien pronto porque es muy fino y delgado, como las de cutis moreno que es más grueso, por eso tiende a presentar un aspecto más aceitoso”. Cumpliendo las mismas funciones la conocida “crema lechuga” fue usada durante varias décadas.

Asimismo, el mismo número de Caras y Caretas habla de un nuevo polvo de belleza, “Deaborn”, que se vende en colores blanco, rosado y rachel. No nos resulta casual entonces la aparición del colorido en los polvos faciales cuando nos enteramos de que a partir del fin de la Primera Guerra Mundial y durante la década del 20 se da el auge de los baños de sol y la piel tostada, consecuencia tal vez de la incorporación de los ejercicios físicos y la vida al aire libre en las costumbres. Este nuevo polvo que ya publicita sus gamas de colores se agrega al tradicional “polvo Graseoso Leichner”, usado “por las últimas cuatro generaciones”, que sólo subrayaba su exquisita fragancia, suavidad y adherencia. Después del polvo facial se “sonrosaban el rostro” con Rubinol en polvo, aplicado generosamente en dos círculos colorados sobre las mejillas. Los ojos, de pestañas curvas, estaban enmarcados por cejas depiladas, dibujadas con lápiz y pintadas con insistencia con la sombra negra “Humo de Sándalo”.

Durante la década del 20 no sólo se generaliza el uso del rubor, que había surgido en 1912, sino también del lápiz labial, producido ya industrialmente. En 1926 se usa lápiz labial indeleble “Rouge Baiser”, creado por Badecroix. Para vigilar el aliño de tantos nuevos cosméticos surge la costumbre del retoque en público del arreglo, como empolvarse la nariz o agregar lápiz labial con ayuda de un pequeño espejo. El pequeño espejo reflejaba hacia 1928-29 unos pequeños lunares de terciopelo negro, que se pegaban en el mentón o en las mejillas muy cerca de la nariz. Al mostrar las piernas desde la rodilla por primera vez en la historia, la mujer debe también agregar la depilación en su arreglo personal, para lo que utiliza el porlac puro pulverizado que se “aplica sobre el pelo que se quiere hacer desaparecer”.

Después de una década de uso generalizado de los cosméticos se llega a la previsible conclusión, leída en el Para Tidel 23 de octubre de 1934, de que “una de las cosas que más necesita la piel es el aire, y la moderna tendencia es el uso de cremas alimenticias aplicadas sobre la piel en períodos cortos y concentrados, en vez de dejarlas durante toda la noche”. En el mismo año, en una nota de la revista Vogue británica, se menciona la sorpresa que tenían los maridos al llegar a sus casas y encontrar a sus mujeres con máscaras de belleza en la cara (algunas negras, otras blancas).

En general después de la gran depresión de los años 30, el mundo de la moda tambaleó, comenzando a insinuarse una de las características más notables de la época: la incipiente influencia del mundo del cine en la moda, influencia que se hizo verdaderamente importante en los años 40.