Los estilos según las épocas

De acuerdo con las enseñanzas de Simmel, que relacionaba la rapidez en la sucesión de los estilos con las épocas más “nerviosas”, la década posterior a la Primera Guerra Mundial, década de cambios profundos, presentó diferentes estilos de manera tan acelerada que provocaron la retracción de la alta costura. Aunque durante aquellos años no se encuentra el estilo Imperio en su estado puro, hacia 1923 y en plena influencia del estilo egipcio en moda, dos creadores, Jenny y Doucet, presentan vestidos largos de noche con talles altos. Pero es sólo en 1927 cuando tres mujeres, Vionnet, Chanel y Lanvin, vuelven a tomar el timón de la alta costura, señalando una vuelta hacia una mayor femineidad, valiéndose de géneros flotantes inspirados en la antigüedad clásica. En el número 7 de la revista París en América publicada en Buenos Aires en el año 1948 se lee: “Comentan que la nueva línea del modisto francés Robert Piguet es talle alto. Sigue el movimiento general y se inspira en el estilo Directorio. Sus faldas que suben se enganchan en las batas con juegos de pinzas y de recortes, suprimiendo los cinturones”.

En ese año Edith Trézel escribe en la misma revista una nota llamada “Sube el talle y se modera el vuclo”, donde dice: “Algunos creen definir satisfactoriamente este estilo y iqué diversidad de matices! Su interpretación se modifica de acuerdo al talento individual de cada modisto. El talle cambia de lugar, es un hecho, lo que le da una cierta similitud a la mayoría de las colecciones. Esta semejanza se expresa de muchas maneras. Parecería que a veces el talle no se anima a fijarse bajo el pecho y lo disimula recurriendo a un corselete o a las sutilezas del corte. ¿Otras veces, rompiendo con el pasado, marca el pecho a partir del cual nace la amplitud… triunfa la línea recta… será la moda 1925? Hacia el fin de la década del 60, el talle alto vuelve a imponerse, comenzando a insinuarse en los vestidos de lana de tarde, sin embargo, el verdadero estilo Imperio se impone hacia 1970 en los vestidos largos de noche. En el diario La Nación del 13 de octubre de 1972, la crónica del desfile de la temporada primavera verano de Jacques Dorian dice: “Cerro el desfile un traje nupcial de organdí de estilo Imperio, trabajado en voladitos de valencianas, con cinturón de raso rosado”.

No solamente una línea como la Imperio vuelve a imponerse cada veinte años; algunos accesorios, colores, volúmenes y discños corren la misma suerte. Tal es el caso de las plataformas de los zapatos, las hombreras, las faldas cortas, el largo del pelo en los tapados de picles y la revalorización de la cabeza con sombreros y adornos. En cuanto a las plataformas, el único antecedente que existía antes de la década del 40 eran los zapatos usados en ortopedia. Sin embargo, de la medicina se trasladan a la moda alrededor de 194445, impulsadas y promovidas por Carmen Miranda, bailarina cubana no demasiado alta. Comenzaron tímidamente a usarse las suelas en corcho de un centímetro hasta llegar forradas a increíbles alturas, de tal modo que, para caminar, llevaban un corte por la mitad con una especie de bisagra insertada para facilitar el paso. Tales desbordes anunciaban su desaparición hacia finales de la década, para volver a reaparecer cíclicamente 20 años más tarde, encontrándose en pleno apogeo en las temporadas que van desde 1968 a 1974.

Las hombreras, en cambio, aparecieron rectas y chatas en 1946, luego fueron exagerando cada vez más su altura hasta llegar en sus extremos a tener forma de pagoda, deformación que indicaba su próxima desaparición. Paulatinamente fueron bajando de altura hasta hacerse imperceptibles y desaparecer, para llegar a imponerse 20 años después. En 1978 ya eran usadas, aunque no masivamente y, poco a poco, a medida que pasaban las temporadas, fueron ganando altura. En esta nueva vuelta de las hombreras el detalle que ya alerta sobre su próxima desaparición es la deformación redondeada y hacia el costado que presentan en 198687, luego desaparecerán lentamente para reaparecer muy renovadas a fin de siglo. A lo largo de los últimos 60 años se observa una curiosa coincidencia entre el largo de las faldas y el adorno, que también se repite cíclicamente cada 20 años. Cuando las mujeres se descubren las piernas, tienden a cubrirse la cabeza, logrando indudablemente un equilibrio estético, ya que faldas largas y sombreros harían muy pesados los conjuntos y muy poco aptos para la época actual.

En los años 20 las faldas bien cortas, las vinchas con plumas y los casquetes con paillettes se usaban al compás del charleston; eran los años anteriores a la depresión mundial de 1929. En la década del 40, y a pesar del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, la moda igualmente seguía dictando y cumpliendo sus ciclos, de tal forma que hacia 1946 las faldas habían trepado hasta encima de las rodillas, resultando además impensable un conjunto sin el aire de prolijidad que le daban los sombreros usados a todas horas y en todas las ocasiones. En los años 60, juntamente con el fenómeno de las minifaldas, los moños y las vinchas con strass revalorizaban rodetes y peinados. Hasta los hippies, representantes por excelencia de la antimoda, se asomaban el pelo con flores y sombreros.

A comienzos de la década del 80, cuando los desprevenidos creían superada la minifalda para siempre, vuelve a aparecer en el escenario de la moda, pero ya no usada indiscriminadamente por todas las edades sino sólo por las más jóvenes. El regreso de la minifalda influyó en el largo de las faldas, que fue acortándose. Las cabezas se adornan también con diferentes tipos de gorros, vinchas y viseras que conviven con sombreros de estilo norteño o grandes de paja usados con total naturalidad. A pesar de la regularidad de sus ciclos, que actualmente pueden llegar a trabar el proceso de aceleración creciente provocando la retracción de los consumidores, la moda es una materia viva y sensible que registra todos los cambios que ocurren y transforman a la sociedad. Se simplificaría demasiado su universo si ella dependiera únicamente de esperar paciente y obedientemente la llegada de estos ciclos, ya que, con los equipos de técnicos convenientemente avisados, se aplicarían solamente a repetir esquemas con algunas variantes. Se la privaría entonces de la magia, el misterio y la originalidad que conforman su núcleo y dan fuerza a la inspiración de sus creadores.